Euskera Geografía Geología Prehistoria Toponimia

Alda, anda.

En los análisis de Toponimia ibérica realizados sobre cientos o miles de lugares y que hago considerando no únicamente sílabas con sus habituales tendencias a mutar, fundirse o dividirse, sino “cuerpos de voz” que se repiten1, sucede a menudo que se llega a disponer de varias traducciones coherentes con la fisiografía u otras condiciones morfológicas destacadas o de composición del entorno, pero surgen otras que usando los mismos nombres para llamar a lugares con menos personalidad, carecen de cualquier posible relación entre nombre y lugar y surge necesariamente la idea de que hayan sido trasladados ahí en época más reciente (fase agraria) y con cierta dosis de humor; es decir que replican memorias de otra época y otra escala

No obstante estos fallos, para el investigador ha de valer mucho más un caso de coherencia en los que la esencia del lugar coincide con la traducción, que varios neutros o sin aparente relación.

“Ald” es una raíz Euskérika que interviene en dos clases de topologías, una, la que indica desnivel (cuesta) y otra, la que señala partes simétricas (lados) de una masa, siendo “alda” su forma articulada y “aldo”, la forma activa que ha dado el “lado” del Castellano, Gallego y Portugués y el “latus” (flanco) del Latín, siendo más lejana la posible relación con el “lâtus” latino con significado de ancho, como expresión de expandido hacia los lados.

La primera cuesta (rampa o pendiente), tiene otras muchas acepciones con idea, estructura y sonoridad bien distinta (erraiera, erripa, esponda, igar, ika, ikar, malda, malkar, pendoitz, pika…), pero tanto en el lenguaje popular como en la toponimia, las más abundantes son las derivadas de “ald” y también las que contienen “and” en posiciones finales, localización que indica mayor antigüedad que en las que comienzan con esa raíz.

Así, las formas Aldarreta, Aldasolo, Aldatz, Aldauz, todas en el País Vasco o Navarra, no pueden extrañar a nadie en cuanto indican ámbitos con pendientes destacadas, pero si el lugar se trata de La Sima d’Aldaia2, masa rocosa caliza cuajada de barrancos frente a Barx, en Valencia (donde a principios de los años noventa estuve realizando un inventario ambiental), habrá que reconocer que el nombre se ha conservado varios milenios, los que hace que el Euskera en su forma regional no se habla allí.

Sin embargo, ¡oh contradicción!, otro Aldaia, población de la comarca de l´Horta cerca de Valencia capital, no puede estar en un lugar más llano…

Con “alda” como terminación, el repertorio es mayor y se repiten docenas de veces nombres conocidos como Giralda (49), Esmeralda (17), Gualda (30), Guirnalda (4), Miralda (3)… y sobre todo, Malda (70), forma popular actual de llamar a las laderas pendientes, nombres, todos ellos que carecen de relación con lo que parecen predecir, siendo casi siempre lugares con pendientes sobresalientes.

El pueblecito de Garralda en Navarra en un escalón del Irati, es un ejemplo claro de fidelidad de la transcripción: Cuesta rasgada, de “garr alda”, donde “garr” son los surcos de arrastres, formas que son patentes en la sierra que protege al pueblo por el Norte, fuertemente acanalada por la erosión.

El Cerro de La Giralda en Granada, es uno de los casi cincuenta lugares que llevan ese apelativo, nombre que los eruditos se pelean3 por descifrar creyendo que es exclusivo de la Giralda más famosa, la torre sevillana que no es árabe ni romana, sino ibérica y que –seguramente- se edificó para hacer de faro sobre un promontorio que sobresalía junto al cauce principal del dédalo de brazos que abastecían y drenaban la extensa laguna que hasta hace dos milenios hubo allí, emulando al Cerro del mismo nombre en Granada, que se muestra en la siguiente imagen.

No hay en la etimología de “giralda” nada de giro, sino de cuesta superlativa en la forma “zirá”, cuña, a la que se añade “aldá”, pendiente, aunque también pueden darse otros casos, como en un lugar cerca de Orduña (Bizkaia), donde la forma original era “xir alda”, la cuesta de los manantiales, como se ve en el plano topográfico siguiente.

La Roca de Canalda, posible variante de “gan alda” cerca de Solsona, tiene la mayor pendiente, casi negativa (en sombra en la foto), en lo alto, “gan”, encima, alto.

También es singular el pueblo de Gualda en la Alcarria, asentado en el centro de una rampa formada por un doble acantilado que cortan dos afluentes del Tajo y que termina en la parte alta con una especie de proa de barco: “Gue alda”, el límite de la cuesta. El lugar se llamó así antes de edificar el pueblo.

Sin embargo, de nuevo contradicción, hay un lugar llamado Gualda en una zona muy antropizada para regadío y totalmente lisa de la Plana de Urgell.

Esmeraldas… también hay como una docena, pero no son piedras preciosas, sino ásperas y pedregosas rampas como la de la foto, en lo más alto de Gredos u otras que hay en Alzira, Teruel o Mojácar.

“Anda” es una variante de “alda” que es más abundante cuando se encaja al final (más de 200) que al principio (cerca de 100), pero con el mismo significado, de la que solo se muestra el caso de Peñaranda de Duero, donde la cuesta que se percibe hacia el Noroeste de la población, donde se asienta el castillo, se confirma con el topónimo castellano, “La Costona”. La otra Peñaranda compuesta, la de Bracamonte, dista media legua de la cuesta y las Peñaranda a secas de Guadalajara y Murcia, están en plena cuesta pedregosa.

Hay varios “aranda”, uno Aranda de Moncayo en Zaragoza, con cuestas muy pedregosas, otro cerca de Sahagún, que es apenas un resalte pedregoso que separa dos parcelas, Aranda de Duero, donde antes de levantarse puente y pueblo (donde antes había un vado), Aranda era y es una terraza fluvial unos cientos de metros aguas-arriba, elevada unos 8 metros.

En el Norte de Sevilla, Aranda es una ladera surcada y detrítica, en Córdoba, es una pendiente áspera, en Málaga, Sierra de Tolox, es un pico y su áspera ladera norte, en Illueca, Zaragoza es otra pendiente áspera…

Estos apuntes necesitan aún mucho “afine” porque pequeños cambios en el análisis pueden determinar significados distintos a contrastar a escalas de detalle; por ejemplo, “arr anda” puede referirse a “cuesta pedregosa”, en tanto que “ara anda”, indicaría “cuesta del llano”; un ejercicio que ha de llevar a rebajar los grados de libertad y acercarse a la explicación más lógica.

1 Como “anda”, “bela”, “cita”, “deja”, “endo”, “falo”, “gane”, “gita”, “mino”, “pisa”, chacho”, etc.
2 Lo más parecido en Árabe, Al Dayez, se refiere a un pasajero.
3 Hay numerosas versiones a cual más disparatada; una dice que la figura giratoria de la cúspide (Giraldillo) dio nombre al edificio, otra que una tal Juana apelada “La Giralda”, subió hasta lo más alta siendo anciana, otros que “jiro” es fuego en vasco-ibero y que por haber un faro quedó ese nombre…

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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