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Arpillera

Tejido tosco elaborado con mechas torzales de yute con el que se hacían casi todos los sacos del mundo hasta hace cincuenta años.
La arpillera (“serararpilheira” en Portugal) que se dice igual que en Castellano en Gallego y Catalán, pero de forma muy diferente en todas las lenguas cercanas o –progresivamente- distantes, la escribía con hache Sebastián de Covarrubias en uno de los primeros documentos donde se explica su esencia (ver imagen), pero los buscadores de tesoros la citan como “sarpillera” siglo y medio antes.

El caso es que la manía persistente de querer pasar todo por el Latín, lleva a los rucios especialistas a querer que esa tela basta de yute que los franceses llaman “toil de jute” y los italianos “tela rurida” (tela áspera), haya llegado a la península ibérica y solo a ella desde la “scirpea, scirpicûlus”, cesta de mimbre en el idioma que dicen “del Lazio”.

No se qué pueden ver de parecido entre una cesta de mimbre y un paño de arpillera, pero ellos la meten en la prensa y la editan en cientos, miles de referencias que llegan en goteo a infinidad de consultas… a personas que son mal informadas, que son torticeramente invitadas a dar un paso equivocado.

Ya sabemos que no les importa la dificultad para explicar pasos y evoluciones ni les importuna lo absurdo de sus postulados porque se creen sobre la tabla de surf y en lo alto de una ola larga que no ve la rompiente cerca. ¡Pero lo está!.

No es verosímil que en cuatro idiomas de un territorio se haya tomado una voz latina que significa algo concreto, para designar a otra cosa y que en unos siglos las cuatro versiones hayan evolucionado igual para ser irreconocibles respecto de la original…
¡Estas cosas no pasan!.

La negación a hurgar en el Euskera, el prurito que les da meterse en algo de lo que no tienen ni idea, les lleva a negar la mayor, a ignorarlo.

Y muchas veces ahí está la explicación, porque en la lengua vasca, “arpel” es un adjetivo muy preciso, que hace mención al descuido, a la falta de interés por un buen acabado, por el remate de la artesanía.

“Arpel”, rmatado con “era”, es decir, la modalidad o tipología, da “arpel era”, la “rurida” de los italianos o la tosca, basta, ruda de cualquiera que quiera entenderlo.

Arpillera no viene de cestos de mimbre ni de una evolución en ocho pasos desde un “latín vulgar” que nunca existió como nos lo pintan, sino de la pura definición de lo que es: “labor tosca”.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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