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Atizar

Hurgar en las brasas y aportar aire con un ábaco o fuelle para reanimar el fuego.

Ayer, día áspero de Febrero he encendido la chimenea y he estado repasando mentalmente acciones que esta sociedad del butano, del gas-ciudad y de la electricidad ha hecho olvidar.

A media noche el fogón escondía su núcleo ardiente bajo una gruesa capa de ceniza en la que aún se podían leer las vetas redondas de los troncos ya consumidos pero conservando orgullosamente sus formas previas. Atizar con el garabato y abrirse el volcán pidiendo mas leña, ha sido todo uno..

Y me ido al Espasa a ver qué dice de “atizar”.

Como era de esperar, asigna la paternidad al Latín a partir de “titio-titionis” que equivale al tizón del Castellano, no sin antes inventarse la variante “attitiare” del Latín Vulgar para justificar su peregrina explicación que no detalla que el tizón es la parte carbonosa ya parcialmente quemada y apagada y que con el tizón, cisco o picón lo único a hacer era meterlos en el saco para nutrir los braseros que había bajo las “mesas camilla” en cada casa.

Por supuesto, “attitiare” es falso y no hay quien diga de donde sacó el Latín el bello nombre de “titio”.

Nuestros vecinos latinos usan varias formas para referirse al acto de avivar el fuego; catalanes y franceses dicen “atiar” y “attiser” respectivamente, los gallegos “afeccionar”, los italianos, “accendi”, los latinos decían “incentiuis”, los rumanos, “evantai” y los protugueses prefieren el “abanar” (de abanico), en tanto que malteses y corsos lo hacen con “fan”, como los ingleses.

En resumen, hay algunas de las voces muy cercanas al atizo castellano, pero, ¿de donde procede este?.

Un paseo pos las Glosas Emilianenses que conservan las primeras frases escritas en Vascuence, nos muestran “jçioqui diogu”, donde la “j” se lee “i” y la “ç”, “z”, con lo que la primera palabra de esta breve frase, escrita como ahora se usa, diría “izio ki” lo que equivale a algo así como “ardientemente” a partir de “izio” que se usaba como lumbre y “ki”, estado.

Con esto se quiere decir que el fuego aún entonces tenía muchas acepciones (“su”, “izi”, “gar”, “ke ma”…) y que “at izia”, compuesto por “at”, radical verbal de la acción de extraer o sacar y “izia”, lumbre, no era sino la acción de romper la costra y “sacar el fuego”, permitiendo la entrada de aire nuevo a las brasas.

“Atizia” ha subsumido la “i” y se ha dotado de la “r” que lo transforma en verbo castellano, quedando como “atizar”.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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