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Atracar, atraco, atracón.

Para los que hemos nacido en Bermeo, la voz “ ¡txo, atrakaizu batela! ” quizá haya sido de las más temprana y repetidamente oídas.

Oída en la vida diaria del puerto y oída como estribillo en las canciones de cualquier fiesta: Los barcos solían permanecer entre boyas y la forma de llegar a ellos era mediante un bote de un solo remo que el grumete (txo) manejaba con destreza increíble y que acercaba a las escaleras o a las ramblas para llevar patrón y marinería al barco.

“Atraka” era clarísimamente la acción de acercar algo flotante a tierra o a otro elemento flotante; atracaban los botes, atracaban los barcos al muelle o atracaban los barcos entre sí (abarloar).

Pero van nuestros sabios y descubren que atracar (arrimar una embarcación a otra o a la costa, según el DRAE) viene del Árabe “tarraqá”, ascender, que al pasar al dialecto Andalusí dio “atraqqa” y de ahí los moros navegantes lo llevaron hasta el Cantábrico –digo yo- donde los pobres marineros cazadores de ballenas no tenían acepción para expresar tal acción repetida cientos de veces cada marea…

¿Qué tiene que ver elevarse, ascender con atracar?… ¡Que lo expliquen!, porque en Árabe, atracar un barco se dice “qafas alaitiham albank” y ascender, “saeid”…, así que lo del dialecto suena chungo.

Tampoco hay nada parecido en la cercana Europa aparte del “atracar” catalán, porque los demás latinos discrepan desde los “doc, doca” a los “bacir, bacino”, al “peirao” gallego, y al “quai” francés y los germánicos –algo menos variables- prefieren el “dock” que se parece al Celta “duga” y las otras opciones no se acercan al “atraka”, así que no es extraño que no habiendo opciones, los sabios desorientados hayan recurrido al moro.

El verbo “atraká” en Euskera, aún permite una disección adicional si se admite que en nuestra propia lengua, la palabra sufrió una metátesis antes de ser adoptada por catalanes y castellanos; se trata de que la forma original fuera “arta ka”, donde “art a” es el espacio entre objetos, la separación entre los elementos de que se trata y “ka” es un sufijo eliminador, decapante, de forma que “artaka” equivale a la acción de eliminar el espacio, de acercarse.

El paso de “artaka” a “atraka”, dota a la voz resultante de una mayor energía, muy adecuada para las circunstancias en que esta voz es necesaria, así que es altamente probable que este fuera el origen de la misma y su estabilidad en Castellano, Catalán y Euskera.

¿Y el atraco de robo?… Solo los catalanes con su “atracament” tienen algo parecido, ya que los demás latinos alternan entre “roba, detournement, asalto, assalto, rapa, rapiña…” y tampoco hay nada cercano entre germánicos, eslavos, bálticos ni en Griego, Turco, Húngaro o Finlandes.

Esto nos vuelve a llevar al Euskera y a una interpretación diferente del –aparentemente igual- sonido; se trata de la composición de “atará”, extraer, sacar, exprimir y la desinencia “akó”, objetivo, intención, de manera que “atará ako” al ser compactado, queda como “atrako” y de ahí, con la adición del sufijo verbificador “ar”, se ha creado el verbo atracar, el que se refiere al asalto, a la acción dinámica –sino violenta- para quitar algo a alguien.

Finalmente tenemos otra modalidad de aparente variante, “atracón” que se refiere a un evento exagerado de ingestión de comida, pero que nada tiene que ver con el atraque de los barcos ni con el atraco de un ladrón. Lo mas verosímil es que proceda de “harto” tras una fuerte metátesis que habría dado “atro” y su aumentativo “atrocón” y el redondeamiento a “atracón”.

Lo oficial para harto es que procede de una modalidad culinaria romana que consistía en rellenar las piezas de caza “fartus” y de ahí se ha pasado a la lengua común como un estado de rechazo de la comida.

Es posible, pero no probable aunque catalanes y gallegos usen “fart, farto”, ya que otros vecinos no lo conocen, prefiriendo “alimentari, marre, stufo, mancat…” e incluso el propio Latín desconocía esa acepción, usando “infirmum”. Si se tiene en cuenta que en Euskera, una de los significados semánticos de “ar” (hoy en día escrito “har”) es la expresión de tomar o coger algo y que el sufijo “to” modula con la idea de reducción o minimización la raíz a la que complementa, se tendría “ar to” con la idea de expresar algo así como “basta de tomar”.

Atraquemos el barco para entregar al atracador que fue pillado atracándose en el buffet.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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