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Begoña

Acaban de descubrir que este topónimo es celta.

Si, celta, de esos celtas que nadie ha probado que sean como nos cuentan los historiadores europeos ( gran familia creada a partir de sus fantasías y de los datos contradictorios de los cronistas romanos), pero que con gran olfato, los académicos “IE” y sus amigos, saben distinguir sus rastros desde lejos. Uno es el siguiente:

Han rebuscado el escrito sobre un suceso en Bizkaia; referencias de un jesuita del siglo XVII, que cita una piedra con grafía de época histórica que reza “Vecunienses” y que el estudioso religioso dijo no haber duda de que se refieren a Begoña y a algún trabajo importante de vialidad que ejecutaron picapedreros de la anteiglesia.

La verdad es que aparte de la Begoña de la cuesta de Mallona en Bilbao, no hay un solo topónimo Begoña en toda Iberia aparte de los barrios de la loma y antiguo paseo de Begoña en Gijón, el de Sevilla y el de Madrid.

Pero familiares hay un montón.

No hay muchas que comiencen igual, porque siglos de academicismo han llenado uves todo lo que les parecía tener relación con vegas o valles, es decir, todo, (quedan 37 con “be” en España contra 2.165 con “uve”) pero hay muchas que tienen semejante la rima, la parte final; las terminadas en oña y uña, que pueden llegar a 700, repartidas muy equilibradamente entre ambas soluciones o-u.

No hay duda alguna de que la terminación “ña” se refiere a cortes casi verticales que se dan casi exclusivamente en áreas calizas e imágenes paradigmáticas en España son la muela de Uña en Guadalajara o la Mesa de Oña en Burgos.

 

En la cercana Francia, caracterizada por sus lomas suaves y redondeadas, está la región de Bourgogne (Borgoña), donde son abundantísimos los relieves casi verticales, característicos de los lugares de “ña”.

El de la imagen no es el más espectacular, pero es un buen ejemplo de muela borgoñesa.

En cuanto al comienzo, la raíz “beg” (con el significado de conspicua, visible…) no es frecuente en toponimia y la radical alteración del entorno de la Basílica de Begoña, construida en la explanada inferior de una serie de “descansillos” que bajando desde el alto de Meazabal (en el cordal que llamamos Artxanda), formaba una especie de grandes escalones que descendían en kilómetro y medio casi cuatrocientos metros impide recrear los relieves, formas y texturas particulares del entorno singular de la actual zona romera.

Si así fuera, si el topónimo estuviera inalterado, su significado sería algo así como “El cantil destacado”

Tampoco se puede descartar que el nombre original fuera algo distinto, tal vez “Beoña”, forma mucho mas frecuente y que hubiera resultado guturalizado a Begoña; en tal caso, su significado sería “El cantil inferior”.

Ninguna de estas explicaciones tiene punto alguno de contradicción, especialmente si se sitúa en el contexto neolítico del vado que existió durante milenios en la localización del actual Puente de San Antón, del cual la pared descarnada de Begoña pudo ser una especie de cartel de localización.

Volviendo a los topónimos parecidos, hay un Begoñeta en Alegía, Gipúzkoa y muchos parientes como Pigoña en Villahoz, Burgos, Fuente Vegona en Asturias, más de una docena de La Vegona repartidas por España y otras cuatro Vegona a secas, varias de ellas en Asturias. Hay un A Vicoña en La Coruña, Picoña y Vecoña en Pontevedra y la última de ellas también en Orense, pero ni una Begoña mas.

También son familiares lugares con “u”, como el Bikuña de Álaba, prácticamente la misma transcripción de Begoña. Ver en la siguiente imagen uno de los rasgos más destacados de este Bikuña.

Pero lugares casi homófonos los hay también en los países cercanos, especialmente Francia, donde la grafía puede ser distinta como en Begon, Begonneix, Cassagnes Begonhes, Causse-Begon, La Begonie, Mont Bego, Puybegon.

Como es natural, como la salsa la elaboraban académicos que ignoraban absolutamente la existencia y potencial del Euskera y seguían la tradición humanística de creerse que los nombres de lugar procedían de “grandes homes”, resolvían el Begonneix y el Begonhés, atribuyéndoselo a un tal Michel Begón (que debería ser el mismo que pasó por Asturias donde hay un lugar en plena montaña, a 1.200 metros, llamado Vegón).

En Marruecos hay Jebel Bou Begane y si se rebusca por la micro toponimia del entorno mediterráneo en zonas de riscos, saldrán nuevos ejemplos suculentos.

En resumen, nombres de esta familia, hay centenares y muchos de ellos están en lugares recónditos que solo eran accesibles a pastores, cazadores o a expedicionarios militares, así que no es fácil adivinar que pudieran hacer por allí los refinados celtas, urbanos por antonomasia y amantes de la bulla, el oro y los tesoros.

Es decir, desconozco en qué se basan los descubridores de la celticidad de Begoña para pregonarla con tanta discreción, pero lo que está claro es que no han dicho que significa tal nombre y en cual de los dialectos celtas se han apoyado.

Espero con ansiedad para corregir mis apuntes.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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