Toponimia

Bilbao, el origen de su nombre

Figura 5. Recreación del vado “atendido” de Bilb bau.

La primera referencia escrita que se tiene de Bilbao, es la del pergamino de su fundación en 1.300; allí aparece como “Bilvao”; se trata de una población urbana y en el diploma se detalla un entorno rural y un ámbito de ría que le pertenecería. Ver Anexo 1.

El sonido “Bilvao” se ha conservado en estos setecientos años muy fiel no solo en los entornos cercanos (España, Francia, Euskadi…) sino en todo el mundo, aunque las grafías hayan cambiado (Bilbao) y las modas –cursis primero- quieran forzar el “au-ao” y las aldeanas-después- traten de deshacer el diptongo “aoo” para dar al nombre un aspecto más local o para diferenciarlo de cualquier semejanza con el participio “ado” del Castellano, desinencia con la cual –de vez en cuando- alguien suelta “Bilbado”.

Quienes asistan a foros sobre toponimia en Internet, verán que los motivados participantes buscan la pista siempre entre los escasos documentos escritos de dos maneras carentes de creatividad, una, si hubiera referencia directa que diga algo respecto del nombre (generalmente antropónimos), se da ya como cierto y se acaba la discusión y si no la hubiera, se recurre a las cuatro citas que hay de supuestos hábitos fonológicos “celtas”, “celtíberos”, “godos” o incluso “árabes” para ver si suena la flauta (como al burro de la fábula de Iriarte), “por casualidad”.

Los pocos participantes que recurren al potencial del Euskera o a la revisión exhaustiva de toponimia y micro toponimia, suelen hacerlo con timidez extrema, como si faltándoles la pieza exacta para el mosaico, la obra estuviera condenada a no ser acabada, por lo que es raro que acaben siendo los últimos en hablar.

En los siguientes párrafos se va a tratar con base en el ejemplo de Bilbao, de aportar una forma diferente de hacer el análisis de cualquier topónimo del Suroeste europeo e incluso del Norte de África, en este método, aparte de la lógica revisión documental histórica y la comparación con lenguas cercanas vivas o muertas, se trata de hacer lo siguiente:

  1. Revisar los morfemas y lexemas euskéricos disponibles y “cercanos” al sonido analizado.
  2. Revisar los Nomenclátores disponibles buscando nombres con partes parecidas.
  3. Buscar topónimos parecidos en las bases de datos del Instituto Nacional Geográfico o de las bases nacionales correspondientes (generalmente Francia, Italia y Portugal).
  4. Analizar los aspectos morfológicos, litológicos, hidrográficos, de comunicaciones, etc. del entorno de cada topónimo seleccionado.
  5. Registrar los datos en matrices para resaltar sus rasgos.

Por supuesto, este procedimiento aparte de exigir unos volúmenes documentales enormes, precisa de un trabajo “no guiado” y pone al investigador –en ocasiones- ante complicadas decisiones muy distintas del aserto ante las cómodas referencias bibliográficas que no comprometen a nada. Antes de nada, hágase una mención a algunas de las explicaciones que se encuentran para “Bilbao” en esos foros de la red:

  1. “Bellum vadum”, (Vado bello) basándose en lo que escribió un holandés del siglo XVI en un cuadro.
  2. “Bil-vado”, vado rodeado de montañas (del vasco Bil, redondo, circundar… y el castellano vado).
  3. “Mil-ba”, bajo la escarpa (del vasco Amil, barranco y ba, debajo).
  4. “Bilbe-ato”, división de parcelas.
  5. “(B)ilu (b)o, lugar de heno.
  6. “Filvanus”, de Filvio.

La verdad es que las versiones que apuntan hacia el vado son más abundantes, pero no faltan ni la antroponimia ni la celta ni la hipervasca.
Mis ideas son mucho más pacíficas y parten de cuatro o cinco premisas que –no obstante poder ser superadas-, casi siempre se cumplen:

  1. A diferencia de lo que dicen los lingüistas y otras partes interesadas, los nombres de lugar cambian poquísimo; es pura fantasía que Pamplona, por ejemplo, haya cambiado así: Pompejopolis, Pampeiopolis, Pampelo, Pampelona, Pampilona, Pampalona, Pampelone, Pampeluna, Pampelune, Pampilo, Pamplon, Pamplona, Pompelo o Pompilone… o que Zaragoza proceda Cæsar Augusta… hay decenas de Zaragozas en España.
  2. La toponimia es una disciplina rigurosa que se estableció y condensó durante larguísimos milenios en los que los grupos humanos eran esencialmente móviles, nómadas que podían recorrer miles de kilómetros en unos años y compartían lenguas muy parecidas que les permitían moverse con la seguridad de saber donde estaban. Por ese motivo, los nombres ni eran pocos (sino legión), no eran banales ni derivados del engreimiento de un tipo famoso y de la insistencia de sus incondicionales, sino que se basaban en aspectos físicos o funcionales notables del sitio. La toponimia no es algo creado en la época de los Imperios (es decir, no es de ayer, sino de anteayer), por lo que no es adecuado el empleo de “valores recientes” para su interpretación.
  3. Aparte de algún topónimo “circa urbano” correspondiente a algún cigarral, carmen o jardín, que pudiera conservar el nombre de su dueño o dueña, no existen apenas topónimos de corte antroponímico; ni siquiera los hagiónimos son tantos sino que los supuestos santos son solo una parte de los que se toman por tales. Ver lista.
  4. Es raro, muy raro que un topónimo sea único. Los más frecuentes en España (Miguel, Martín, La Rinconada, Iglesia, Osa…), se repitan cientos de veces y otros menos abundantes, también suelen disponer de idénticos acá o allá y de otros muchos cercanos, de la misma genética.
  5. Una gran parte de los topónimos españoles no son de genética castellana, gallega, catalana, árabe o latina (mucho menos fenicia, griega o celta), sino simplemente prerromana y por lo tanto “atacable” mediante el Proto Euskera.

En el caso de Bilbao, se ha comenzado por comprobar si existen o no otros Bilbaos en España.

La respuesta es netamente afirmativa; hay Bilbao y Los Bilbaos aunque no sean ciudades sino modestos lugares; los hay en Ciudad Real (cerca de Miguel Esteban, en Puertollano y en Pedro Muñoz), en Cádiz uno, en Sevilla dos, en Almería uno, total, ocho Bilbaos que corresponden a predios o zonas –generalmente húmedas- como arroyos, lagunas, pozos, caminos, caseríos…

Esta relativa abundancia (desconocida por todos los tertulianos), apunta a que el nombre de nuestra capital no habría sido puesto por los Caristios (familia de la que solo hay conjeturas y que se considera “asentada” en la zona vizcaína doscientos años antes de Cristo), sino por unos antecesores suyos muy muy anteriores; quizás los mismos que bautizaron los sitios de Almería, Cádiz o Sevilla.

Aunque no es el objeto de este ensayo, la presencia de una misma toponimia en zonas tan lejanas como Sevilla y Bilbao, hacen tambalearse a hipótesis como las que limitan el ámbito de deambulación del Euskera a los límites Vasco-Aquitanos basándose en una docena de nombres en tumbas…

Siguiendo con la genética similar, hay nombres como Bilbato, Bilau, Billau (BI), Bilbera (VI), Binboko (NA), Vilbis (TE), Silbo (M), Gilbo y Villabaco (P), Bilela (BA), Balbeau (O), Silvado (A), Cabezalbao (BU), Porto Albao (OR), Punta Balbao (LO), Sacalbao (AV), Torralbao (Z)… también hay muchos con “El Bao”, “Bao”, “El Vao”, “Vao” y diversas construcciones rematadas en “bao”, desde Río de… hasta Puentebao. Hay topónimos que empiezan por “Vilv” (9), los hay con “Vilm”, “Milm”, “Milv”, “Birb” ó “Virv”, pero este morfema no aparece nunca en medio de la palabra ni al final, lo cual quiere decir que las piezas que usaban aquellos antepasados para crear sus “palabras con sentido”, no eran arbitrarias, sino muy pensadas… y que eran relativamente comunes y recurridas.

También es de destacar que de las posibles derivas sonoras de consonantes y vocales, los más abundantes son precisamente los que se escriben con “Bilb” (9) y los que son escritos con “Vilv” (otros 9), lo que indica claramente que ha persistido con más fuerza la fonología original que las derivadas.

Llegado aquí conviene analizar aquello que tuviera de interesante, de distinguido el entorno de lo que se considera “el centro de Bilbao”.

Para eso hay que olvidarse de Abando, de Deusto o de Atxuri y pensar (mas o menos) en cómo sería hace seis u ocho mil años lo que ahora acoge al “casco viejo”.

Sería una explanada, una especie de terraza de casi veinte hectáreas elevada dos o tres metros sobre el cauce del Nervión, con una ligera pendiente hacia el Norte y dotada –al menos- con dos fuentes naturales, una que hasta la edad moderna se llamaba “de los Chorros de San Miguel”, que manaba donde ahora está la Fuente del Perro y otra que salía de la roca en lo que ahora es la Plaza de los Santos Juanes. Ver recreación en la Figura 1.

La falda de Artxanda y la playa de El Arenal

Figura 1. La falda de Artxanda y la playa de El Arenal

Si se añade a esto que toda la explanada estaba rodeada de vegas fluviales menos en el punto donde se construyó la iglesia de San Antón, donde afloraba una roca (y se adivinaba otra algo más allá del centro del cauce), que estaba protegida de los vientos fríos del Nordeste por la cuesta y corte de Santutxu y Begoña y además formaba parte de la red de itinerarios habituales (como luego se razona), habrá que concluir que era una especie de paraíso para asentar los vivacs entre viajes y para relacionarse las tribus que allí acamparan.

Para una reconstrucción diacrónica –aunque fugaz- no basta con eso; hay que pensar en cómo ha variado el nivel del mar desde la última glaciación hasta ahora, una de las épocas “más movidas” en este sentido.

Aunque es vano pretender un seguimiento detallado porque a la oscilación de nivel medio del mar hay que restarle efectos como el de la emersión de nuestra línea de costa por el empuje de la placa bretona, hay un cierto acuerdo entre investigadores (Boucart, Cearreta…) en que en el golfo cantábrico el agua “ha ido subiendo” desde 8.000 años a.C., a partir de unos 12 metros por debajo del nivel actual hasta 1 metro hace 800 e incluso superarlo un poco, hace unos 1.500 años. Figura 2.

Figura 2. Esquema de la evolución del nivel del mar.

Figura 2. Esquema de la evolución del nivel del mar.

La zona era muy atractiva en esa época por lo que es muy probable que  “Bilbao” tuviera ya un nombre entonces (quizás el mismo de ahora) como empezaron a tenerlo en el suroeste europeo la mayoría de los puntos relevantes por sus condiciones.

Con el agua una decena de metros por debajo de la cota actual, la línea de costa se extendería como una cinta muy plana de casi un kilómetro al pie de los acantilados actuales y formaría un corredor estupendo por el que de río a río se podría penetrar hacia el interior, hacia la alta meseta, por unas riberas más transitables que los interfluvios. Figura 3.

Figura 3. Plentzia, La Galea y el Abra vistos desde el Norte

Figura 3. Plentzia, La Galea y el Abra vistos desde el Norte

En esas condiciones, el Nerbión frente a lo que desde hace siglos es san Antón, sería un río, un verdadero río y no la cola de un estuario, por lo que es obligado abstraerse y “reconstruir” cómo sería ese entorno.

No habría mareas y la corriente del río, siempre hacia el mar, mantendría las riberas libres de limos, con la roca aflorando en la parte baja del cauce y una vegetación bien establecida en las márgenes, consistente en alisos, sauces, fresnos y sus correspondientes cortejos de saúco, mimbreras, espinos, negrillos y muchas otras matas y herbáceas, según fuera la composición y orientación de cada punto.

En esa época, la cota de la superficie del mar, mucho más baja, no ayudaría a que las eventuales avenidas del río arrasaran “la terraza”, como sabemos que ha sucedido desde el final de la época medieval (ver Anexo 2), cuando la lengua de mar impedía un desagüe franco y rápido, tanto mayor cuanto más alta fuera la marea y más baja la presión atmosférica.

Si se analiza el cauce del Nerbión desde la incorporación del Ibaizabal (Figura 4), es patente la presencia apretada de tres meandros encajados muy apretados, los de Basauri, Etxebarri y Bolueta, elementos de “frenado” de la corriente, tras los cuales el río se desahoga antes de entregarse al mar.

Figura 4. Meandros encajados del Nerbión- Ibaizábal antes de Bilbao.

Figura 4. Meandros encajados del Nerbión- Ibaizábal antes de Bilbao.

Estas condiciones de “post-meandro”, son muy adecuadas para la localización de “vados”, porque fuera de las crecidas, cuando las aguas son moderadas o bajas, llegan “calmadas” y sin carga sólida. Esto es especialmente cierto, cuando además la litología ayuda al ofrecer tramos de fondo del cauce en los que la roca aflorante  presenta condiciones de lisura, estabilidad y solidez notables.

Ambas condiciones se daban en el extremo de “la terraza” en el que en la Edad Media se edificó la iglesia de San Antón, una roca aflorante en la margen derecha, otra menor pasado el centro del cauce y una superficie dura sobre la que –seguro- que se cruzó el río durante milenios a pié, con caballerías y con ganados, hasta que las nuevas modas de las carretas y de la necesidad de que las mercaderías no se mojaran, promovió la construcción del puente que se hizo escudo de Bilbao. En la Figura 5 se recrea la situación de las rocas que denunciaban la zona estable, así como unos jalones que se solían colocar aguas-abajo del carrejo del vado y que a veces llevaban unas lianas para dar confianza a los que iban a cruzar la corriente.

Figura 5. Recreación del vado “atendido” de Bilb bau.

Figura 5. Recreación del vado “atendido” de Bilb bau.

Apenas se dispone de información sobre cómo se gestionaban los vados, pero es lógico pensar que habría personas que por tener dificultades para la trashumancia o porque tuvieran vocación sedentaria y de dar servicio a otras personas, se quedarían en vados, fuentes, desfiladeros, etc. para informar a los nómadas de los riesgos o las medidas que convenía tomar.

Muchos de los vados dieron lugar posteriormente a puentes, ya que la fisiografía y condiciones de hidrografía y litología, solían ser igualmente adecuadas para las nuevas construcciones. El primer puente del que hay referencias en Bilbao, se construyó ligeramente aguas abajo de la iglesia. Se sabe que tenía dos ojos, mucho mayor el de la derecha y que su peralte muy notable, estuvo condicionado por la localización de las afloraciones de roca. En la Figura 6 se muestra una sección de lo que pudo ser el perfil del primer puente, obra modelo de aprovechamiento combinado de las condiciones del terreno y de las posibilidades de la piedra arenisca.

Es muy probable que el puente tuviera sobre su estribo derecho una sólida construcción, quizás una puerta para el cobro de los “pontazgos” por parte de sus constructores y que esa puerta diera después lugar a la iglesia de san Antón.

Figura 6. Esquema desde aguas-arriba del primer puente de San Antón.

Figura 6. Esquema desde aguas-arriba del primer puente de San Antón.

Desde el punto de vista hidrológico, el puente medieval original era muy esbelto y diseñado para “dejar pasar la corriente”. La esbeltez venía condicionada por la combinación de localización de los estribos y de las razones matemáticas para edificar la cimbra sobre la que montar el arco anti funicular que es el elemento resistente primario. Su diseño “pasivo” con respecto a la energía, nos dice que su promotor y constructores sabían muy bien que era preferible una obra menos masiva y que en caso de colapso pudiera reconstruirse con cierta rapidez.

El puente fue arrasado por las aguas y reconstruido con un patrón parecido varias veces en cuatro siglos (ver Anexo), pasando de su forma inicial de un ojo grande y otro pequeño, a uno grande y dos pequeños y finalmente a dos grandes.

Cuando ya a finales del XIX el tamaño y densidad de tráfico de los carruajes excedían la capacidad del viejo modelo, la decisión de hacer un nuevo puente; (el actual) consideró oportuno sacarlo unos cincuenta metros hacia aguas arriba y su diseño (Figura 7) cambió radicalmente; se hizo un puente bajo (para el paso fácil de carros y coches), sólido, de manera que posibles grandes avenidas solo pudieran llevarse sus pretiles y más ancho para que pudieran cruzarse los carruajes.

Figura 7. Puente de San Antón viejo en pie y el nuevo en ejecución.

Figura 7. Puente de San Antón viejo en pie y el nuevo en ejecución.

Este nuevo puente siguió apoyándose en el afloramiento rocoso, en el dique pétreo que cose en esa zona ambas márgenes, pero su rasante resultó varios metros inferior a la original.

En la foto de 1897 puede apreciarse la severa reducción de capacidad de circulación de agua de la nueva versión y cualquiera familiarizado con la dinámica fluvial puede calcular el resalto hidráulico que esta obra generaría aguas arriba. No hace falta ser experto en construcción o arte para constatar cómo el mundo moderno retrocede en ambas disciplinas mientras vende ese retroceso como un avance y una mejora de la calidad de vida.

Es muy probable que el hecho de que se conjugaran unas condiciones morfológicas con otras hidrográficas y con las litológicas en una zona tan especial, hiciera de ese punto, de esa terraza un lugar muy recurrido como vado, es decir, como un punto muy adecuado para cruzar el río Nerbión aguas abajo del vado anterior que se debía localizar en Etxébarri, una legua aguas arriba.

Aunque la práctica actual relaciona la voz castellana “vado” con la latina “vadum”, la explicación no tiene otra consistencia que la existencia documental de esta última forma en documentos romanos con mucha anterioridad respecto a la forma castellana, que no se documenta (un derivado) hasta 1438. Ese tipo de aseveraciones no aguantan análisis apoyados en la lingüística del Euskera arcaico, que plantea una solución muy diferente: Los morfemas “bæ” (bajo) y “u” (agua), sugieren una evolución desde “bæ-ü” (aguas bajas, en Euskera) hacia “bædu” y “vadum”, es decir, la voz latina procede de la vasca mucho más antigua.

Los caprichos del tiempo en los lenguajes modifican algunas voces, especialmente si los objetos a que se refieren pierden vigencia o dejan de usarse, de manera que hoy en día la voz eúskara para denominar al vado varía entre “ibi”, “ubi” y “urbe”, todas de genética similar (aunque inversa) a “bæ-ü”.

Es conveniente recordar que la evolución del nombre del agua en Euskera a lo largo de milenios, ha sido –como en muchos otros elementos y procesos-, un camino de la esencia a la complejidad; así, su primera acepción fue “i” y así figura en los elementos y fenómenos esenciales hídricos; el proceso vocálico posterior dio “ü”, luego con las modas indoeuropeas se aportó la consonante “r” para obtener “ür”, se consolidó la “u”, olvidándose la vocal inicial “i”, hasta dar “ur” y finalmente se le añadió el artículo para llegar a la forma actual “ura”, que siendo de uso general y conocida por todos, es inútil para cualquier análisis científico “pre documental”.

Esto quiere decir que es muy probable que dos de las explicaciones del principio se acerquen al significado real, es decir, el final, la cola de “Bilbau”, “bau” parece confirmar la existencia de un vado lo suficientemente estable como para haber quedado fosilizado en su topónimo.

La primera parte, el inicio del nombre, parece que tampoco está alterada y lo parece, porque el número de topónimos con el mismo o muy parecido comienzo es relativamente alto como ya se ha dicho al principio. Esto apoya la tesis de que la fonología se pueda dar por buena y haya que elegir una de estas dos opciones con significado conocido:

  1. Que se trate de “Bil”, que como adjetivo indica circularidad y como verbo, captación, recolección.
  2. Que sea “Bilb”, donde la “b” final se ha soldado con la de “bau”, con el significado de “entramar, enlazar, asentar, construir, mantener…”.

Con la primera, el significado podía ser “El vado curvo” y con la segunda, “El vado mantenido”, es decir, una obra civil sencilla pero precursora de lo que luego vendría.

Preferencias personales aparte, que pueden inclinarse hacia la segunda opción por lo que tiene de sugestiva, de posible intervención primigenia del hombre en el medio para “mejorar” una condición natural, aún sería posible el recurrir a procedimientos de prospección para saber qué hay bajo el suelo, bajo sillares y soleras en el trazado que antes ocupaba el puente.

Como corolario, reconocer que la toponimia “masiva” y el recurso al Euskera primitivo son opciones tanto o más válidas que las tradicionales, esto es, el mero recurso a documentos de unos cuantos siglos de edad y la búsqueda en ellos de voces, para presentar hipótesis y para avanzar en la comprensión de la forma de vida y los valores de un pasado del que no hay documentos.

Anexo 1: Transcripción de la Carta Puebla de Bilbao.

En el nombre de dios et de la virgen bien aventurada Sancta María. Sepan por esta carta quantos la vieren e oieren como yo Diego Lopez de Faro, señor de Vizcaia en uno con mio fijo don Lope Diaz et con plazer de todos los vizcaynos hago en Bilvao de parte de Begoña nuevamente población e villa que dicen el puerto de Bilvao.

Et do ffranco a vos los pobladores deste lugar que seades francos et libres et quitos para siempre iamas vos et los que de vos vernan de todos pechos et de todas vereas tanbien de ffonssaderas et de emiendas et de oturas e de manerias como de todas las otras cosas. Et que ayades cumplidamente el ffuero de Logroño et que vos mantengades por el noblemente et bien en justicia et en derecho assi en homeçiellos et en caloñas et en todos bonos husos et bonas costumbres como el ffuero de Logroño manda.

Et que ayades vros alcalle et jurados et prevostre et escrivanos publicos et ssayon vros vezinos et no otro ninguno por quien cumplades de derecho a todo ome que vos lo quiera demandar con alçada que pueda tomar la parte que sse agraviare para ante los alcalls et omes bonos de bermeo et dende affuera para ante mi.
Et otorgo vos que ayades por terminos desde como toma el puntal de ffondon de çorroça do se yuntan amas las aguas ribera del agua arriba que viene de ualmaseda ffasta el arroyo que uiene por ssomo del campo de çornoça que en derecho de percheta. Et dende do pega el arroyo dacordoyaga. Et dende assi como va el cerro a arriba ffasta el sel de eguiluz et a ffagassarri et a olaluçeta et a buyana de ssuso, asi como viene por çima de la ssierra. Et al uado de echauarri. Et dende de como ua el camino de echauarri ffasta çima la ssierra de ganguren, et dende ffastal puntal de ffondon de deustu en derecho de luchana, asi como auedes parados los terminos e amojonados con tales los de çamudio et de alffoz duriue. Con todas las anchuras et egidos et montes et aguas et logares que en los dichos terminos ha. En tal guisa que podades labrar e plantar et ensanchar et fazer todas ganançias et mejorias, tanbien de ruedas et de molinos como de todas las otras cosas. Et comprar et vender ffrancamente heredades et todo lo vro como omes ffrancos et libres deven fazer en la cualquiera que mas vra pro ssera.

Et do e otorgo vos que ayades por vros vezinos los mios labradores que yo he dentro destos terminos sobredichos a vra vezindad francos et libress et quitos ansi como vos los sedes en tal manera que el monesterio de begoña no pierda nada de sus terrenos. Et de los diezmos et de los otros derechos que a el pertenecen que aya la meatad santa maria de begoña e la otra meatad de ssantiago de Bilvao. Et do el mio monte de ollargan en guarda del mio prevoste deste lugar quel guarde assi como guarda el mio prevoste de Bermeo et monde de galdiz con caloña de cinco vacas et de vaca preñada et del buey. Et que non dedes portadgo ni treytadgo nj emjendas en njnguno de mjos lugares. Et otrossi vos otorgo que en el vro puerto de portugalete nj en la barra nj en toda la canal que non aya precio de nave nj de bagel que vengan o ssalgan del lugar cargados con sus mercaduras et mostrando recabdo que vienen a esta villa de Bilbao o van della, et pagando las costumbres et los derechos del sseñor que no ssean retenjdos nj embargados por razon de precio.

Et do vos mas que ayades por mercado cada ssepmana el Martes, con los cotos et caloñas que se contienen en el vro ffuero.

Et otorgo vos la egllia qla ayades de husa avezjndar para los fijos de vros vezinos assi como es la de Bermeo. Et retengo el tercio de los diezmos desta egllia cumplidamente para mj.

Et todas estas cosas et franquezas que sobredichas son, do et otorgo por mj et por los mjos que despues de mj vernan, a vos los pobladores del puerto de Bilvao et a los que ffueren vros vezinos que después de uos vernan que lo haiades bien et complidamente et vos sean bien guardadas para siempre jamas:

Et juro a dios et a sancta maria et mi alma de vos goardar et mantener bien et lealmente en todos vros fueros et derechos que sobredichos son, et de vos non los menguar, nin hir contra ellos en ninguna cosa et defiendo firmemente que ninguno nos sea osado de vos embargar nin menguar nin contrariar por ninguna razon estos fueros et mercedes que vos yo fago: et cualquier que lo ficiere o contra ello passare haia la ira de dios et de sancta maria et la mia inida con la maldeciente de Judas Escariote el traidor dentro en los infiernos para siempre jamas: et desto vos mandé esta carta sellada con mio sello de plomo dada en Valladolid á 15 de junio hera de 1338 años.15 de junio de 1300

Anexo2: Relación “aguaduchus” excepcionales acaecidos en Bilbao

  • 1403, entran las aguas en el casco viejo.
  • 1418, derriba el puente de San Antón y se lleva la ferrería Artunduaga.
  • 1428, arrastra la Rentería.
  • 1453, derriba el ojo menor de San Antón.
  • 1593, se lleva molinos y los ojos menores de San Antón.
  • 1651, se lleva parte del puente de San Antón.
  • 1709, llega el agua al puente de San Francisco.
  • 1801, llega el agua al puente de San Francisco.
  • 1832, causa grandes estragos.
  • 1858, Inunda el casco viejo.
  • 1869, gran aguaducho.
  • 1874, crecida que lanza gabarras contra las pilas del puente del arenal.
  • 1983, crecida calificada como “de los 500 años”.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

1 Comment

  • Sigue escribiendo Xabi . Me he enganchado a tu prosa tan viva y coloquial que , aunque tarde, he descubierto algunas de las cuestiones de las que me venia preguntando años atrás.

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