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Concha

Cada una de las dos piezas de material biogenético formado por calcio y un ligante orgánico, que contienen vivos en su interior a ciertos moluscos acuáticos que son quienes las fabrican.

Las conchas se diferencian de las cáscaras en que las primeras siempre son pares y son articuladas en una compleja charnela, pudiendo abrirse para que los animales se alimenten, se apareen o se muevan.

Concha se dice en Portugués y Castellano y también figura con ese nombre en Latín, aunque en esta lengua era más usada en ambientes urbanos la forma “testa”. Corsos e Italianos usan una forma parecida, casi diminutiva, “conchiglia”, mientras otras lenguas latinas la llaman desde “petxina” a “coaja”, pasando por “coquille” ó “casca”.

Las lenguas germánicas son más homogéneas con formas como “shell, schelp, schale…”, cercanas a los modelos de las lenguas indias, “shela, saila…”

Los sabios han encontrado que los griegos recurrían a la voz “konkhe” (suena a conche) para llamar a las cuencas u oquedades y resuelven que los romanos lo tomaron así para luego mutar a “concha”: Resuelto.

No importa que los griegos las llamaran realmente “kelyfos”, ya que seguramente habrán perdido la esencia, pero la imagen quedó en el Latín.

Esta es una forma de actuar tradicional que renunciando a la inteligencia, ha hecho del dogma uno de los principales modeladores de esta cultura con minúscula.

Pero las cavidades o cuencas oculares, las bóvedas de las catedrales o de ciertas cuevas, solo pueden ser confundidas o servir de referencia para las conchas por personas muy ignorantes. Los bivalvos han formado parte de la dieta de nuestros antepasados desde el Paleolítico y la potencia de los concheros de varias cuevas y abrigos indican que allí se comieron durante milenios.

Hay que pensar que esos grupos darían multitud de utilidades a la infinita variedad de conchas que disponían, algunas de las cuales (como las veneras o vieiras) se han usado hasta la edad moderna para que los peregrinos tomen agua de fuentes y arroyos y las usen como vasos…

Es evidente que si las usaban tendrían nombre y conociendo la precisión de que hacían gala, no debe extrañar que se fijaran en su elemento más destacado, la charnela o bisagra.

Esta función y elemento, se llama “gontz” en Euskera, por lo que al decir “gontz a” y su forma sorda “kontza”, no se hace otra cosa que describir a las cáscaras como algo maravillosamente diseñado, un estuche que guarda la vida dentro.

Las posteriores evoluciones semánticas de “concha”, no tienen porqué hacer olvidar lo agudo de su primera designación.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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