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Córdoba

Acabo de pasar unos días en Córdoba y durante la cena de la última noche compartí mesa con un cordobés muy culto que conoce muchas “Ciudades Patrimonio” – la propia con detalle-  y que al preguntarle por la etimología de su ciudad, me dijo no estar seguro, pero que parecía que la colonia o ciudad romana que se sabe construyó en la época imperial, tomo el nombre del lugar de la construcción; la parte inicial era similar al “kart” de Cartago y sonaba a semita y que la coda “uba” era menos segura, siendo del estilo de los finales de Salduba, Onuba…, quizás fenicia.

Tal como me gusta hacer, antes de nada me di un recorrido por nuestra geografía para ver si la Córdoba del Guadalquivir tenía parientes o no y si que los tiene (casi dos cientos).

Hay varios “accidentes” denominados Córdoba: Barrancos, Cabañas, Cabezos, Cerros, Llanos, Lomas, “Paré”, Piedras, Rambla, Sierra… y están muy repartidos, la propia provincia de Córdoba, , Granada, Almería, Murcia, Málaga, Cádiz, Albacete, Badajoz, Zamora, Jaén, Cuenca, Palencia, Navarra, Burgos, Asturias…

Hay varios “La Córdoba” y “Las Córdobas” y hay numerosas variantes como Cordobeles, Cordobilla, Cordovilla, Cordovero, Cordovín, La Cordobana, La Cordobesa…

También hay ciento y medio de lugares que terminan en “…doba” y “…dova”, contra solo tres que lo hacen en “…duba” y “…duva”.

¿Hay con estos datos una primera lectura?

¡Sí!, que los postulados que se encuentran en la bibliografía y los de mi compañero de cena parecen no tener recorrido, ser solamente productos de la “cultura oficial” elaborada a partir de cuatro citas de cronistas romanos y un gran pasteleo patriótico de los eruditos del siglo XIX para montar una historia enlazada a las grandes líneas épicas clásicas.

No es convincente la idea de una voz semita que mutara de “kart” a “kord” de forma sincronizada y en lugares tan lejanos a los que es impensable que los comerciantes fenicios (muy reacios a alejarse de sus barcos) llegaran.

La cuestión es que en los países vecinos también aparecen nombres como Cordouan, Cordes, Cordey, Cordeux, La Corde, La Cordelle… en Francia o como Cordellán, Cordovado ó Cordevole… en Italia y Cordovana y Cordoeiza en Portugal, además de infinidad de Cordeles, Cordelles, Cordellas, Corderos y Corderas en España.

Una visita rápida a varias decenas de estos lugares, confirma la existencia de una condición física casi universal en todos ellos; se trata de macizos con la presencia de múltiples cárcavas de erosión, a veces muy profundas y creando “abanicos” y otras veces, zonas más llanas en las que crestas de rocas aflorantes forman una especie de “abrigos” que en ocasiones se limitan a unas pocas rocas o “paredes testigo”.

Como las que se ven las siguientes imágenes, “Cabezo Córdoba” en Las Bardenas, La Córdoba cerca de Roa, Paré de Córdoba en Asturias (Picos) y Piedras Córdoba, en Jaén.

La preeminencia de formas agudas alargadas se vuelve a dar en las líneas de cumbres de sistemas con morfología de erosión joven, dando lugar a los sistemas de “cordeles”, vías pecuarias de menor categoría que las cañadas, pero que eran tan recurridas como las vegas, porque desde su red se alcanzaban todos los lugares con la ventaja de un dominio visual previo.

De hecho, estas divisorias de aguas, verdaderas “limatesas”, han sido durante milenios y hasta que el caprichoso sistema feudal comenzó a repartir las tierras con trazos improvisados, la forma más coherente de definir los distintos territorios y sus fronteras y es mi opinión que si el mundo ha de caminar hacia sistemas sostenibles, habrá de volver a ellas.

Pero llegando al tema, una aproximación del investigador independiente a la Córdoba principal, obliga a pasar de largo la vega y terraza sin rasgos llamativos en que se edifica la ciudad, para mirar hacia el Norte entre los ríos Guadalmellato y Guadiato, donde se asienta la Sierra de Córdoba, paradigma de erosión joven sin una dirección predominante que a lo largo de tres leguas muestra un modelado caótico lleno de barrancos ó “kortas” como en el cuadrado amarillo que –tomado al azar- se representa en el mapa de aproximación de la portada y se puede ver con suficiente detalle morfológico en el siguiente trozo de mapa.

Es posible que se haya utilizado la coda “obá” con la idea de transmitir que esa formación es un modelo ideal de concentración de “cortas” según “kord obá”, ya que en la mayor parte de los topónimos de esta serie (cerca de 200), la voz principal aparece siempre acompañada de artículos u otros complementos y solo la ciudad andaluza aparece escueta, sin adornos.

 

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

4 Comments

  • Ya nos había parecido qué Córdoba estaba un poco lejos de dónde llegaban los fenicios y nunca entendíamos para que habían ido río arriba hasta allí. Ya lo tenemos claro y una vez más vemos la chapuza cultista y orientalizante que cada vez creemos menos referida a estos y otros temas gracias una vez más

    • Jesús y Marianne: Gran parte de lo que digo en mis explicaciones, tiene que ver con mi vocación marinera, abortada porque aita se negó tajantemente a que sus hijos fueran marinos; «a la mar -nos dijo- ni de pasajeros de primera».

      No es fácil que quien no ha navegado se imagine que desazón sienten los marineros al ajejarse de su barco…

      Gracias a vosotros.

  • Hola. Me encantan sus artículos. Viendo los mapas de éste, hay tres coincidencias: El Porrio, en el de Las Bardenas.
    Los Purriellos, en el de Pare de Córdoba
    Y las Porradas, en el de Córdoba, capital
    A los sabios tipo Covarrubias siempre los tenemos que admirar, porque hacían lo que podían.
    Atentamente

    • Empiezo por el final, Maria Ángeles; Covarrubias es un referente básico para mi, como lo es San Isidoro; sus méritos, aparte de un esfuerzo continuado, han debido de ser una gran curiosidad y una encomiable capacidad de animar a la gente a aportarles materiales.

      De no ser por lo que ellos y otros muchos nos han dejado, no veríamos más allá de nuestro jardín.

      Yo me quejo a menudo por el papel infame de cientos de «mandos intermedios» que infestan entes, institutos, emisoras y editoriales impidiendo como perros guardianes que gentes lúcidas (como fue mi padre), puedan llegar a contar sus descubrimientos a otros que como tu y otros más, son capaces de mantener la luz encendida.

      En cuanto a coincidencias, hay muchas cuando miras miles de nombres. Si te gusta ese tema, te recomiendo leer a Alberto Porlan en Los nombres de Europa.

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