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Correa

Cinta flexible de cuero que suele llevar algún sistema de enganche.

Correa era una voz muy frecuente que los nuevos materiales sintéticos han relegado parcialmente al hacer más familiares los “cinturones” a la vez que la desaparición de los animales de tiro en la agricultura y los transportes ha hecho olvidar las innumerables correas y coyundas que los atalajes precisaban.

La consulta a los medios oficiales prefiere la opción latina, según la cual el nombre de esta cinta de cuero, deriva de “corrigium” un látigo pada domar animales o personas y –a la vez-, la tira de amarrar las sandalias, descartando que proceda del nombre del material (“corium”, cuero) y dejando abierta una posibilidad para el IE a través de una raíz inventada “kom-kon” que se encontraría en sentencias celtas, como en el Irlandés “konriug”, atar… según ellos.

Pero la visita al Irlandés nos dice que atarse algo está mas cerca de “Ceangal mé féin”, aparte de que al “konriug” habría que pasarle por la cirugía para que se pareciera a la correa y a la propia correa, la llaman “iall”.

Una visita a las lenguas vecinas nos confirma que en Iberia, solo gallegos y castellanos la llaman correa, si bien los catalanes andan cerca (”Corretja”), porque los portugueses prefieren la “trela” que a mi me recuerda la tralla de los muleros y ya, todos los demás se alejan mucho excepto los remotoss rumanos que la llaman “curea”.

Los italianos dicen “cinghia”, los franceses, “laisse” y para los latinos era el “lorum”, tan cercano al “louri” de sus admirados griegos.

Conclusión parcial, que el Latín no se ha impuesto en absoluto.

Pero volvamos a lo físico. ¿Qué tiene de especial la correa aparte de su resistencia a la rotura por tracción o desgarro?… ¡Su extrema docilidad!, su flexibilidad que la hace ideal para trenzados, nudos y enlaces.

Es decir, el ablandamiento transversal de su material sin perder nada de su resistencia; una forma de curtido o curado que –seguramente- en la antigüedad se hacía como aún hace cincuenta años lo hacían las mujeres esquimales, mascando el cuero natural, que molturado por los dientes e impregnado de las enzimas de la saliva, adquiría una condición insuperable para usarlo en borceguíes, guantes o correas.

“Korr ea” en Euskera viene a decir “machaqueo o mordisqueo de lo duro”, donde “korr” es la raíz para la dureza y “ea” es la acción de molturar.

Correa era la forma genérica de llamar a los materiales como el cuero, que habían sido curtidos con dos objetivos, su duración y la flexibilidad.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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