Geografía Toponimia

Daroca

A todos nos suena la Daroca del Jiloca, en Zaragoza, aunque pocos han pernoctado en ella al comienzo del otoño y han degustado sus riquísimas borrajas. Pero hay otras Darocas en España; una en La Rioja, otra en Teruel…, así como varios cabezos, barrancos, etc. llamados Daroca o Aroca.

Además, hay multitud de otros topónimos  de la misma familia en los que la “erre” no es doble (como se empeñan muchos colegas para sacarle el origen rústico que desean), sino que se articulan según “aroca, arosa, aroja…” e incluso “aroxa”.

Esto quiere decir que el nombre no es extraño, sino vernáculo y que en Daroca no hay “ocas” como pretenden algunos etimologistas, ni todas las darocas son lugares cálidos, porque algunas están en cotas elevadas o con exposiciones hacia el Norte.

Además, siguiendo ese criterio, Écija se debería llamar Daroca.

Exageraciones aparte, hay coherencia en la música de este topónimo, hay coherencia pero no es evidente; está difuminada.

Para descubrir los indicios hay que tener algunas informaciones físicas más allá de los registros termométricos.

Por ejemplo, hay que haber paseado de noche por la calle mayor de la Daroca maña y haber oído relatar (sentado en la fuente de veintitantos caños) a un anciano, que según los antepasados, esa calle era una auténtica rambla que era barrida cada varios lustros por una tromba de agua… y que hace ya mucho, se hizo un túnel de medio kilómetro para “sacar” la mayor parte de las aguas bravas al Jiloca sin que pasaran por la calle arruinando edificios y dejando cientos de toneladas de bolos y barro.

Hay que oírlo, porque a casi nadie se le enseña esta obra magna, heroica, que está “allende la muralla”.

Algo similar sucede en la Daroca de La Rioja, que mirando al Norte y situada a un lado del Río Daroca, también conocido como El Colorado, es un ejemplo clarísimo de la parte superior de una barranca, la zona de arranque de materiales de la típica “rambla mediterránea” de la que se muestra un tramo tanto en el mapa en que se ve el pueblo, como en el de detalle de la zona de desgarro y una foto del fondo de la barranca u “oka”.

Los materiales más gruesos son los primeros en depositarse cuando se suaviza la pendiente y esto es lo que sucede en el entorno de la población, cuestión que es evidente para cualquiera que se fije en los materiales rodados con que se conforman  cauces, neveros y terraplenes.

Arriba se citaba la denominación de “oka, oke” para un cierto tipo de depresión, de hendimiento o abarrancamiento, aunque hay que advertir que hay varias raíces con formas muy cercanas (“og, ok, oga, oka, oke…”) que es necesario discriminar mejor, porque abarcan conceptos, a veces no cercanos.

De cualquier manera, es muy frecuente la coincidencia de formas de modelado de erosión repetitivas –como la que se muestra en la siguiente imagen-, en las que es altamente probable que la forma repetida de los sucesivos abarrancamientos, haya sido la responsable del nombre “Okaeta” en Navarra, con el significado de “Las hendiduras”

Por otra parte, aunque en Euskera son muy escasas las raíces que comienzan con “d”, hay algunas como “dar, der”, que puede estar basada en la conjugación del verbo “ero”, llevar y que suele aparecer en toponimia relacionada con procesos de arrastres y acarreos y que en el caso de las darocas, parece confirmar las condiciones físicas de las ramblas en las que se edificaron ambos pueblos.

“Dar oka” significa netamente, “hendidura de arrastre”, en referencia a la acción erosiva- depositiva que se producía en el lecho del río, según cuales fueran los caudales de cada avenida.

La Daroca maña resolvió el problema, edificando a ambos lados pero alejándose de la zona de peligro, pero cuando la técnica avanzó y un ingeniero ofreció una solución con la cual se podrían construir las mejores casas del pueblo en la zona recuperada, se pusieron medios y voluntad y se hizo el túnel. ¿Quién puede imaginar que esta apacible calle fuera antaño una rambla torrencial?

Hoy nadie se acuerda de la temible rambla.

En La Rioja, la solución fue diferente; se construyó solo a un lado de la rambla, pero cada año, miles de excursionistas suben a “El Colorao” y bajan el cauce del río Daroca, disfrutando de las formas con que trabajó el terreno.

No hay nada celta en Daroca.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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