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De angulas y ángeles

Las angulas atlánticas que hace sesenta años solo comían algunos pescadores ocasionales y sus familias en la costa cantábrica, hoy casi desaparecidas se pagan a 250 € el kilo y solo las comen maniáticos o excéntricos, porque los antiguos pescadores, limitadas sus capturas a unas cantidades que ya no podrán completar, las venden en cuanto llegan al asfalto.

“Angula”, es un nombre euskériko para estos alevines de “aingira” que también se llaman “txitxardin”, práctica dual que Castellano y Catalán han asumido llamándolas “angula-anguila” y que otras lenguas latinas asumen como “meixón-anguía” (Gallego), “ceca-anguilla” (Italiano), “anguilette-anguille” (Francés), así como Árabe, donde los adultos se llaman “aljarith” y las crías “alzawi”. No se tiene constancia de que otros idiomas diferencien el nombre, posiblemente porque los alevines eran despreciados como alimento.

Los vascos se han caracterizado en cuestiones de comida, por hacer de materiales miserables, marginales, de productos que otras culturas más ricas despreciaban, platos célebres y grandes figuras de la cocina. Esto ha sucedido con los babosos caracoles, los percebes, los callos, el seco bacalao, las angulas, las cocochas y otras muchas elaboraciones desconocidas u olvidadas por haber desaparecido o haberse ilegalizado las formas de vida que las generaban (recuerdo concretamente los “apurrek” de merluza o el arroz con pajaritos)…

La angula lleva en su nombre la explicación que los sabios quieren que proceda del Latín “anguilla”, voz que se refiere a los adultos y que no explica nada, en tanto que la disección desde el Euskera, ofrece la reiteración de su insignificancia puesto que “ang-angú” es la expresión de algo vacío, ligero, sin masa y “aulá” define algo débil, enclenque, despreciable, siendo en conjunto, “anguula” y su forma concreta “angula” una definición perfecta de lo que son esos animalitos que no he pescado ni comido desde 1977 y que apenas llegan a una décima de gramo de peso, pero emulan al inalcanzable azafrán en lo de la carestía.

¿Y los ángeles qué tienen que ver con las angulas?… Quizás nada, pero la explicación desde el Griego como “angelos”, mensajero, me ha parecido siempre forzada, porque si bien hay ángeles que se pintan como recaderos del Señor, hay muchos más que son solo cortesanos, acompañantes , cuidadores o guerreros, teniendo todos ellos solo una cosa en común, su cualidad de etéreos, de seres ligeros que aparecen de improviso y se van de igual manera…

Así, la forma euskérika, “angeru”, compuesta por el mismo “ang” de las angulas que nos traía la idea de vaciedad, de ligereza y por la raíz verbal “eru”, relacionada con el trasiego, con el potencial de ir y venir sin apenas ser percibidos, ligan perfectamente para haber llegado a través del frecuente lambadismo a la forma “angelu”.

Las coincidencias son bellas y a veces tienen sentido.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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