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Francia

Cualquiera que sea la enciclopedia, Wikipedia o diccionario que se mire, hay un acuerdo (¿tácito?) en que el nombre de Francia, France, French o como se quiera, procede de una voz fráncica (una lengua que duró apenas unos siglos) que significaba libertad: “Frank”.

Así se nos explica que tras la invasión de los francos, Francia dejó de llamarse Galia, los francos se romanizaron y a este país se le comenzó a llamar en la edad media, “Pays des Francs”.

Las dudas surgen a montones y el investigador crítico comienza preguntándose si –en verdad- en las lenguas germánicas occidentales “Frank” significaba libertad, porque la forma canónica en Alemán suena “fraihait”, en Holandés, muy parecido, “vraihait”, en Danés, “frihiu”, en Inglés, “fridom”, en Luxenburgués, “fraihit” y en Sueco “frihia” y de la relación germana entre “Frank” y libertad apenas hay una lacónica mención en bibliografía, siendo en cambio el Euskera la lengua que tiene un término “barra an ka”, que equivale a “barrera retirada”, la que pudiera ofrecer una imagen de libertad para el ganado estabulado, imagen que se pudiera haberse hecho extensiva a cierta “libertad” para los humanos.

Conocida es la tendencia a que la “b” seguida de líquida, suela transformarse en “f”, haciendo “franka” de la “branka”, paso a “f” inicial, que si bien no es muy del gusto vasco, no es cierto que no existan casos, siendo los existentes, muy conocidos.

Pero como no se puede negar que esa historia de la Francia-libertad sea un relato bonito, lo daremos por bueno aunque los datos que son innegables, los miles de nombres de lugar que apuntan a otro significado, no se corresponden con esa fórmula bonachona.

Pronto vamos a la Toponimia que suele ser el primer caladero de datos, pero comencemos antes por la forma en que los propios franceses y –luego- sus vecinos, llaman a Francia.

Ellos la llaman “frans”; en Español se dice “Francia”, en Catalán, “fransa”, en Portugués, “frensa”, en Italiano, “francha”, en Rumano, “franta”, en Inglés, “frans”, en Alemán, “frankreigh”, muy parecido a Danés, Luxenburgués, Noruego y Sueco…

En resumen, los germánicos y celtas aplican la “k”, mientras latinos, bálticos y eslavos prefieren la “s” o formas cercanas, si bien todos conservan común el inicio “fran”.

El salto al terreno nos da muy pocas “k” en la propia Francia, apenas el Chateau Frankenbourg y la localidad de Franken. La “q” da algunos casos mas, apenas dos docenas con lugares como varios Franqueville, La Franquie y Villefranque y hay que llegar a la “c”, que a partes iguales con sonido “k” y “s”, para que aparezcan cientos de Franc, Francoise, Franches, Francueil, Villefranche, Castellfranc, Francalmont, Francardo, Francay, Francescas, Francheval, Francheville, Francieres, Francín, Francon, Francs, La Francherie, Lafrancaise, Le Montfranc, Refranche… y varios Saint Franc, Saint Franchy, Saint Francoise y varias Francheville, Villefrancon, etc.

Algo parecido sucede en Portugal, donde se equilibran los nombres del tipo Francelos, Francés, Francilheira, Franciscas (s), con los Franco, Francos, Franca (k)… o en Italia, Cala Francesi, Castelfranci, Francenigo, Francica (s), con Francavilla, Francolino, Martina Franca, Roccafranca (k)…

En España, partiendo una base de datos integral, se anda cerca de los dos mil nombres que contienen el lexema “franc” y sus próximos y se barruntan cosas diferentes a la simplicidad de la idea antropológica “frank = libre”, porque hay un factor principal que desbarata esa línea editorial humanista y es que gran parte de los nombres están relacionados con el medio físico y con lugares especialmente abruptos; acantilados, altos, barrancos, cerros, collados, peñas, riscos, roquedos, sierras…

Tomando “bra” como eje sonoro central, la toponimia española ofrece un gran abanico de variantes consonantes entre las que no falta ninguna de las posibles: “Bra”, “fra”, “pra”, “bla”, “pla”, lo que permite plantear diversas teorías y descartar otras como que los lugares que aparentemente se refieren a franceses, francesas o franciscos, no son tales, sino ámbitos de la anfractuosidad de unas rocas muy visibles, con amplias cuencas visuales y que han llegado a dar nombre a comarcas enteras.

Sirva como aperitivo la áspera cima múltiple llamada Riscos de los Franceses en los Montes de Gredos, centro de España a casi 2500 metros de altura. “Frae antz eiz”, aspecto fracturado, molido, donde “antz “ es el cariz, la pinta y “ei” la presencia de gravas y productos de fractura.

Siguiendo con la salmantina Peña de Francia en la Sierra de Francia y sus 1728 metros, que bien podría ser la versión compacta de “brae antz i a”, donde se estaría calificando como abrupta a toda una serranía o a todo un perímetro, generalización establecida por “i”.

Y en Sacedón, Cuenca, donde otra Peña de Francia con sus 912 metros, más modesta pero con su Cristo en lo más alto, exhibe un tipo de fractura similar.

Hay otras Peña de Francia en La Coruña (dos casos), en Asturias cerca de Gijón y varias “Pena de Francia” en Orense, además de varias Peña del Francés y Peña de Franco, en Palencia, León, Burgos , La Rioja y Granada, así como Collados con igual desinencia, en León, Sevilla, Tarragona, Navarra, Cuenca, Murcia, Almería y Teruel.

Y en Granada, en lo mas alto de Sierra Nevada, a 2.500 metros, los Peñones de San Francisco que nadie entiende porqué tienen esa advocación.

La variedad de nombres compuestos con “franc” es interminable, pero todos comparten la doble idea de cota elevada y aspecto fracturado. Para terminar, el teso de Marifranca en Cáceres, donde nacen varios arroyos.

Dando un saltito hacia atrás, a la Semántica, veamos que nos aporta la voz autóctona “brecha”, que solo los catalanes dicen igual (“bretxa”), mientras los franceses dicen “fossé” y los ingleses han copiado parcialmente cuando dicen “breach” para referirse a algún incumplimiento, aunque sus valedores dicen que es una variante de “break” de origen IE, que quieren emparentarla con el latino “frangere”.

Pero la cuestión es que cuando alguien habla de brechas, las imágenes que surgen del subconsciente son como “La Brecha de Roland” en los Pirineos o como las “Brechas de Falla”, grandes discontinuidades de la corteza terrestre que presentan unas claras superficies de ruptura con material triturado y si quien analiza el proceso está familiarizado con el Euskera, no tardará en rescatar el lexema “atx, atxa”, peña, de la voz integral, dejando la parte inicial, “brae”, desafiante, altanero, bravío, con la sospecha de que se refiere a una forma rotunda, producto de un gran esfuerzo tectónico y es que “brae ach a” es el paradigma de la rotura de un material que es rígido y estalla cuando la tensión es insoportable.

Ahí, en ese entorno concreto puede estar la clave de muchos de los Francos, Francas, Francés, Franceses, Franciscos, Francho, Francolí, Francosa… pero no está de más recurrir a nombres de lugares “muy franceses” como la Bretaña que nuestra cultura humanística y latinocéntrica se empeña en decirnos que el origen de tal nombre está en que en Latín significa Tierra de Britones, plantando una y otra vez el axioma de que los habitantes de un momento histórico han dado el nombre a un territorio, lo cual niega que antes de la sedentarización, el terreno pudo haber recibido el nombre por alguna característica diferencial.

Es decir, la cultura clásica parte de que es el humanismo basado en las urbes (en las “civis”) quien ha creado toda la trama de esta civilización y que antes, si hubo algo fue ínfimo o no dejó huella. Sin embargo, la toponimia aporta multitud de indicios de que eso no fue así.

Digamos que hay pocas costas con roquedos tan continuos y bravíamente tallados como la de Bretaña: “Brae ta ña”, donde “brae” es la imagen brava, altanera, “ta” son los abundantes cortes y “ña” es la verticalidad, el aspecto de muelas. Imagen bretona apacible en una madrugada sin viento de moles talladas por el tiempo sobre las rocas ígneas ubicuas en todo el macizo armoricano.

Y en la misma Bretaña, Brest, donde los acantilados de la entrada a su puerto parecen haber unido las dos características (bravura y estrechez) “Brae est” para que quienes lleguen por mar recuerden que es imposible entrar “a las malas”.

Como resumen, en España hay abundante toponimia con el sonido “franc” que en general se refiere no a nuestros vecinos galos, sino a las formas descarnadas de las fracturas de los roquedos; en Francia, en cambio hay muy poca como corresponde a un país suave y ondulado, con pocas (y periféricas) masas rocosas, dudándose de que su nombre proceda de los Francos, sino mas bien de los accesos rocosos (Pirineos, Alpes, Ardenas, Bretaña) por tierra y mar a un país suavemente ondulado, “mamelonne”, como definen los franceses a su dulce tierra.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

5 Comments

  • Hola Javier

    Maldito el dia en que nos falten tus análisis 🙁

    Llevaba tiempo estudiando ese morfema FRA ya que mi abuelita, que en gloria este, llevaba Frances de apellido.

    Pudiese ser que la forma siguiente fuese la primitiva?: PARtagat. PAR > BAR > BRA > FRA

    Ver simas del Partagat en la sierra Aitana, donde se pueden ver fracturas/fallas de manual. Se que es un caso aislado, pero aquí no se pueden adjuntar listas….

    Saludos
    Cuidate mucho

    Felipe

    • Conozco la Sierra de Aitana porque anduve con el impacto ambiental de una línea eléctrica para La Marina y recuerdo algunas grandes fracturas o simas naturales, una de ellas aprovechada como gran nevero. Bra, Fra, Pra y sus «inversas» son frecuentes.

      • Desde mi escaso conocimiento, los desconpongo asi:
        -Aitana AI TA AN A, la roca de tipo AI cortada y plana
        -Partagat PAR (PRA) TA GAT (GAR? o GA AT? o GA AK?), los cortes grandes y bravos (en plural)

        La verdad Javier que con las herramientas que nos habeis brindado tu y Jon, es imposible que uno se aburra. Solo es cosa de poco tiempo que de verdad empecemos a extraer informacion esencial para recomponer este gran puzzle (mas de la que vosotros ya habeis extraido, me refiero a una manera generalizada e industrial jajajaj)

        Un fuerte abrazo
        Gratitud eterna

        • Seguro que si, Felipe; creo que hay personas que tienen un don especial para pillar «leyes» fonéticas y el conocer raíces es una gran ayuda. Yo creo que aún pueden quedar más de 3 ó 400 por descubrir y que están incrustadas en los «romances» y el Euskera principalmente.

  • Buenas. Poderosa y atinada entrada: es BRA /FRA una de esas raíces fuertes que se encuentran en muchos sitios.

    En la salida de Soria hacia Burgos coronando la emblemática dehesa de Valonsadero está el no menos representativo Pico Frentes cuya imagen podría ser una de las que ilustra este artículo. (Especialmente del lado de la carretera Sagunto-Burgos donde se ve la rota cara del la roca corrida que corona el conjunto y recorre toda la sierra de Cabrejas – ¿quizá Ca Brae Dja Aitx?

    La combinación (Bra-Aga) podría explicar la infinitud de «bragas» que hay diseminadas por el territorio. En Guadalajara, en el paraje llamado los Altos de Barahona de Paredes de Sigüenza encontramos «las Bragas» al lado del Viviente, que es una elevación con dos protuberancias (quizá proveniente de Bi Bur(u) Entz, con aspecto de dos cabezas).

    Y que decir de Fraga… hasta la RAE dice que fraga alude al aspecto fracturado, aunque una vez más se queda e el latín, de manera que la parte «aga» no aparece. En cualquier caso, hay tela para cortar porque fragas con cantos quebrados hay para aburrir.

    Gracias Xabier, aplicas la lógica del medio físico y los procesos humanos en un ejercicio de empatía histórica, observación y perseverancia que te destaca

    Salud por doquier!

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