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Fuenteungrillo

Hay en el pueblo vallisoletano de Villalba de los Alcores dos o tres topónimos curiosos que la intensa agricultura de siglos no ha conseguido borrar ni ha intervenido de forma contundente para “acercar” los nombres arcaicos a otros contemporáneos que tuvieran un significado “más lógico”.

Eso pasa a menudo porque el pueblo es menos voluble que la acción de secretarios, notarios y clérigos cultos que se empeñan en corregir cuanto encuentran a su paso, convencidos de que la plebe no tiene ni idea y ellos –en cambio- son portadores de la verdad y el avance.

Así se explica que nadie del pueblo haya permitido cambiar el nombre de la Fuenteungrillo ni de le cercana pieza de labor de La Cocina, nombres de lugar y testigos destacados de un pasado que se van a tratar de explicar desde lo que aporta el Euskera, la lengua vasca que se habló en esos lares antes de que la castellana tuviera su fuerza y extensión actual y, posiblemente convivieron juntas durante milenios mientras una se iba diluyendo y la otra consolidando.

Aunque en la toponimia española hay varias docenas de grillos (Alto del Grillo, Arroyo de los Grillos, Barranco del Grillo, Bodón del Grillo, Cabezo del Grillo, Casa de los Grillos, El Grillo, Fuente del Grillo (hasta tres lugares), Los Grillos, Solana del Grillo y hasta Villanueva del Grillo), solo hay dos lugares donde parece llevar el artículo indeterminado “un”. Uno es nuestra Fuente Ungrillo, que parece dar a entender que era la fuente de un grillo, “menos conocido” y otro es “Ungrillo” a secas, un lugar del Cerrato junto a un arroyo insignificante. Ambos relacionados con el agua.

Esta primavera espero ir a ver la restauración del poblado medieval y Yacimiento BIC que Villanueva ha preparado, pero previamente invito a los amantes de la geografía a disfrutar de lo que los mapas y la fotogrametría aérea nos aportan y a combinarlo con lo que puedan sugerirnos las raíces lingüísticas arcaicas restauradas y sacadas al aire, así, como ese yacimiento que hace cuarenta años estaba oculto bajo la maleza.

Imagino que todo el mundo compartirá la idea de que grillos hay en casi todas partes y que a menos que el grillo fuera excepcional, este animal no tiene entidad como para pasar a la eternidad insertado en un nombre de lugar, así que ensayemos otras posibilidades de una fonología parecida.

Sea “ung ür ilo”, donde el primer lexema se corresponde con la significación de “evidente, patente, claro…”, “ür” es el agua líquida e “ilo” se usa para calificar a volúmenes insignificantes de algo, por ejemplo la yesca, el polvo, etc.

En conjunto “ungürilo”, suena muy parecido a “ungrillo” y es mucho más fácil de recordar para un Castellano ya cuajado, así que la citada fuente parece que era apenas un hilillo de agua, concretamente “el evidente hilillo de agua”.

Hilo que debió ser suficiente para que personas y animales del poblado medieval saciaran su sed y amasaran el pan hasta que los nuevos tiempos vaciaron de gentes los campos –poco a poco- desde las tierras más humildes a las más fértiles y profundas, para llenar las ciudades de gentes menos libres que antes, pero con más comodidad.

Un vistazo a la vereda de la parte izquierda del mapa, aunque esté interrumpida (o rebajada de categoría tras cruzar el vado) por el arroyo del Valle de las Fuentes, nos dice que antaño este arroyo se debía de cruzar “aguas abajo” del laguito que aún se aprecia.

Si subimos arroyo-arriba, a algo más de un kilómetro se encuentra otro laguito “de cola” junto a las ruinas del poblado y entre ambos hay una finca serpenteante de perímetro con formas curvas, que los geógrafos enseguida reconocemos como procedentes de desecación de zonas húmedas.

Estas ocho hectáreas de tierra fértil, fueron hasta que se canalizó y drenó la zona, el fondo de un laguito que posiblemente tenía un periodo de estiaje muy corto y sus bordes estaban cubiertos de frondosa vegetación de ribera hasta que ese drenaje, la roza, desfonde y quema de restos, facilitó el acceso a la reja para cultivar sus ricos aluviones.

¿Queda algo más del laguito que esas formas curvas y sugerentes?… ¡Si!, el nombre de la finca inmediata, La Cocina, no puede relacionarse con un lugar cubierto para guisos o repostería; posiblemente su nombre original sería “Lako txi (n)a”, donde “lako” es una de las formas genéricas, un hidrónimo muy corriente para llamar a las aguas lénticas, a lagunas de formación sobre cauces y con persistencia mayor que “lamas”, “lavajos” y otras charcas…

“Txi” es uno de los diminutivos más recurridos y la “a” final es articular, siendo corriente que se incluya una consonante velar como la “n” para mejorar la dicción de dos vocales seguidas, así, “Lakotxina” equivale a decir “el laguito”.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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