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Galicia. Parte 2.

No se ha olvidado en esa lista de galicias, la verdadera Galia que decían los romanos –inicialmente- toda la tierra baja que comprendía la desembocadura del río Ródano, “Larrun” (La Rhone); un amplísimo territorio que más de dos mil años después de su visita por Anibal sigue mostrando los rasgos antiguos de una zona costera y lacustre por excelencia que hacía imposible en ciertas épocas la comunicación entre Italia y Francia por la costa. Su conquista debió costar tanto al imperio que el nombre de Galia se confundió con “país de los galos” para llamar así a toda Francia, confusión que llegó al símbolo de un gallo que es imposible de explicar por los gabachos.

Pero volviendo a Galicia, es necesario comenzar partiendo de la geología, el “Escudo Galaico”, el batolito granítico antiquísimo que comprende toda la región actual y parte de su extensión hacia Asturias, Castilla y Portugal, un macizo herciniano que desgastado por el tiempo y los meteoros y fracturado por la tectónica en infinidad de “horst”, fallas y hundimientos, ofrece un sinfín de montañas redondeadas de rasgos suaves sin una dirección predominante de plegamiento con tantas llanuras y valles aislados cuya dimensión y variedad se entiende mejor al penetrar en una toponimia tan densa que en ciertos lugares se llega a diez y más nombres por kilómetro cuadrado.

Este territorio, con una pluviosidad elevada y temperaturas templadas, facilitó durante cientos de milenios la meteorización de granitos, esquistos y gneis, cuyas fracciones fueron rellenando las cubetas y depresiones menores con las arenas de cuarzo más resistentes, con limos y caolines que la la riquísima vegetación completaba con la abundante materia orgánica generada.

El resultado, un gran país con suelos fértiles y húmedos, con valles desconexos, un lugar apartado de los caminos más recurridos, dulce para vivir de la agricultura y ganadería sin necesidad de otros desplazamientos periódicos que los que demandara la curiosidad o las ganas de conocer mundo y a la vez, un territorio difícil de invadir y sojuzgar.

Ya en mi primer viaje por Galicia hubo topónimos que me llamaron la atención por su repetición: Chao (más de 900), chan (más de 1600), gándara (unas 360), iglesia (sola, sin advocación, una decena), igrexa (sola, también sin advocación, más de 400), lagoa (casi 500), lama (más de 1200, lameira (120), pazo (más de 700), paul (unos 30)…

Aparte de esos nombres que comencé a incluir entre otros hidrónimos elementales, con la investigación fueron apareciendo otros como Galiña, Galiñeiro, Galiñeira, que solos o unidos a elementos como Pedra, Ilote, Fonte, Serra…, mostraban un cierto paralelismo con otros topónimos de la península como sus homónimos Gallina, Gallinero o Gallinera, pero que también mostraban querencia a localizarse en valles y hondonadas y ocasionalmente en cimas o zonas cacuminales, que sin ser necesariamente extensas, solían mostrar indicios de antiguos aguazales y pozas.

Análisis exhaustivos y de detalle de cartografía y nomenclátores ayudan a captar tendencias que se repiten en todo el territorio y que vienen a ser a la Toponimia como los fósiles lo son al análisis geológico, muestras que exhiben una normalidad impecable, que se encuentran en ciertos contextos y que bien se agrupan de manera reincidente, bien se muestran solas según dimensiones o entornos.

Estas agrupaciones son como los acordes de música, datos secuenciados que transmiten una información que aún no se es capaz de desvelar totalmente, pero de la que se han obtenido algunos indicios; por ejemplo, en la pequeña tesela adjunta de apenas un kilómetro cuadrado, consistente en tierras de labor con parcelas pequeñísimas, aparecen topónimos como “As Lamas”, “ A Lavandeira”, “A Insua”, “A Balsa”, “Poza Galiñeira”.

Es Obvio que ahí ya no hay lamas (charcas estacionales) ni lavandeiras (zona de barrizal) ni restos de isla alguna, ni balsa (charca permanente o casi permanente), ni poza gallinera alguna, sino tierras de labor, pero cualquier experto en colonización agraria podría detallar como ha sido el proceso secular (¿secular…, ¡milenario!?) de la conquista de las tierras endorreicas y aluviales por colonos que comienzan siendo pastores “que labran un poco más cada año” y con el tiempo cambian la faz de la tierra hasta el punto de que solo los nombres de los lugares pueden dar fe de lo que una vez hubo allí antes de que los expertos analicen la estructura y morfología de los horizontes del suelo, la hidrografía, la fotografía infrarroja o las formas de las “macro parcelas”.

Este ejercicio se puede repetir en miles de lugares de las cuatro provincias gallegas en las que la frondosidad de las “carballeiras” –antes- y la horrible maraña de las plantaciones industriales de eucaliptos –hoy-, impiden ver la parte mineral y formal de suelos y subsuelos, pero en ninguna de las cuales es difícil hacer incursiones.

En la siguiente tesela –que corresponde a la aldea de A Fontefría- en un altozano con una pequeña depresión en su cumbre, se pueden escrutar al menos tres topónimos relacionados con el agua y una textura inconfundible.

La textura corresponde con el color claro de parcelas cultivadas en un anillo en torno a la aldea, que antaño fuera el fondo de una laguna.

Abajo, a la derecha, se lee “Vilaseco”, posiblemente el primer punto habitado cuando se inició el drenaje del lago desaparecido que se denuncia “Lagoa”, arriba a la izquierda.

Fontefría desplazó a Vilaseco, seguramente, porque la fuente de Lavadeiro resultaba más cómoda. Finalmente, “O Galiñeiro”, arriba, obviamente no es un gallinero, sino el lugar por donde se desaguó la laguna y que seguramente mantuvo varias charcas o lagunas en escalera durante larguísimos periodos, una estructura que en lugares más amplios solía dar lugar al topónimo “Xardín y su neoforma, “Jardín”.

Y es que la Toponimia es un registro arqueológico de primera magnitud, porque conserva con gran firmeza nombres que expresaban algo, mucho tiempo después de que ese rasgo desapareciera. En Galicia, uno de los rasgos principales ha sido la existencia de cientos, miles de lagos, lagunas, charcas, pozas y pantanos, generalmente de pequeña dimensión y asequibles a su agotamiento forzado a diferencia de los trampales, paúles, ciénagas y “tierras podridas” que en las cuencas de Duero, Ebro, Tajo y Guadiana, son extensos y de difícil drenaje.

En Galicia hay miles de ejemplos de actuaciones de drenaje muy pequeñas, posiblemente de iniciativa vecinal y de unas pocas hectáreas de dimensión y otras –como la de Antela- que desecaron las 4.000 hectáreas de las posiblemente 10.000 que la mayor laguna reciente de España llegó a tener en tierras de Xinzo de Limia, que fue intervenida en la posguerra por iniciativa estatal, pero que a finales de la era terciaria pudo llegar a tener las 10.000 citadas y una forma similar a la señalada en azul en la imagen de portada, con un contrafuerte central orientado de NE a SO, lo que le habría dado el nombre de “Andela-Antela”, es decir, la que rodea y en cuyo punto meridional se establecería Xinzo con el tiempo,

La colmatación durante el cuaternario habría rellenado la parte meridional, llegando hasta el mismo siglo XX la parte septentrional bastante bien conservada.

Hoy apenas queda una charca de 400 metros como testigo de aquel fenómeno, cerca de la cual las autoridades han clavado “a Pedra Alta”, hito que no sabían donde colocar.

Además de los dos ejemplos citados de la primera modalidad que se dan en lugares mas o menos llanos y sin una pendiente muy marcada, otros se dan en las cercanías de los álveos de grandes ríos, por ejemplo, el antiguo “cauce expandido” del río Tambre cerca de Arufe, donde no falta la correspondiente “Insua”, ni “A Lagoa”, “O Pazo” ni “O Galiñeiro, apreciándose en los tonos más claros de la cartografía la expansión del río en su parte centrífuga, que los pacientes campesinos consiguieron vaciar de agua y explotarla durante milenios.

El Pazo que frecuentemente aparece en estos lugares remotos, no es –obviamente- siempre un palacio rural, sino la versión gallega de los infinitos palacios que se repiten en las zonas de encharcamiento de ríos ibéricos, pero que no llegan a formar lagos o lagunas.

Así, si en el territorio gallego se detectan del orden de 700 lugares que llevan la palabra “Pazo”, tan solo hay una docena que llevan “Palacio”. De estos últimos la mitad corresponde a casas señoriales o ruinas de las mismas (como el Palacio del condes de Lemos, cerca de Monforte), pero otros, como la zona que en las afueras de Padrón se encuentra cerca de la bifurcación del río Sar antes de entregarse a la ría, no se refieren a casonas como el precioso palacio de Quito que se halla en el centro del pueblo, sino a un antiguo aguazal, ya dominado y cuadriculado, pero que aún conserva marismas, como se aprecia en el mapa adjunto.

O la zona denominada Pazo en el río Loio, cerca de Vilamaior, donde la fotografía aérea denuncia claramente la forma redondeada de las parcelas agrarias, que no pueden disimular que fueron un meandro de ese río que los colonos forzaron a correr por un cauce estrecho.

En cuanto a las grandes actuaciones, solo se va a mencionar la desecación de la Lagoa de Antela en Xinzo de Limia, un objetivo que los nativos ya pretendían antes de la llegada de los romanos, que estos con su sorprendente capacidad de organización acometieron con una obra gigantesca, pero que no fue hasta consolidarse el franquismo, cuando se ejecutó de forma radical para obtener 4.000 hectáreas de tierras fértiles de cultivo.

Aunque medio siglo de laboreo ha difuminado muchas señales que durante milenios de uso ocasional (algunos años secos, algunas épocas concretas…) eran como un libro abierto, entre estas tierras ahora cuadriculadas, además de muchos nombres de lugar nuevos, siguen conservándose docenas de otros ya familiares de estos lugares húmedos: A Lama (numerosos), A Manga, A Condesa, A Madorra, As Madorras, A Lavandeira, As Galegas, As Galiñas, Regueiro da Lama, Campo de Lamas, Praza de Lamas, Lama, Lama Boa, Lama Chá, Lagoa, As Lagoas, Os Lameiros, A Gándara, As Gándaras…

Llegado a este punto es el momento de plantear que no solo esta Galicia nuestra sino otras europeas o del Asia Menos que se refieren a grandes territorios, deben su nombre a la memoria de su geografía plagada de lagos, lagunas y otras numerosas formas de reservorios de aguas lénticas que –posiblemente- en el inicio del Holoceno y por cuestiones climáticas eran más propensas a formarse y que luego fueron colmatándose no solo por los arrastres naturales, sino porque se sabe que los humanos comenzaron a usar intensamente el fuego hace unos 9.000 años para mejorar los pastos de sus rebaños y atraer piezas de caza y este agente fue clave en una erosión-deposición “no natural”.

“Gal” era el nombre genérico de los embalsamientos de agua (el propio “bal” de las balsas, es un equivalente de “gal”), su multiplicidad se establecía con la “i” y se recalcaba con la “tzi” final, que articulada resultaba “Galizia”, prácticamente inalterada significaba “Los lagos innumerables”

“Galia”, con una superficie enorme de agua, tenía un número muy inferior de lagos, de ahí que su plural no sea repetido, significando simplemente, Los lagos.

No hay galos ni gallos en los nombres de estas regiones, sino un mensaje claro del pasado, como otros muchos que quedan por descubrir.

 

[1] Los gallos, gallinas y gallineros son topónimos frecuentísimos en la toponimia ibérica, todos ellos emparentados con fenómenos lacustres, no con aves gallináceas.

[2] A Condesa, La Condesa, La Contesa, son topónimos frecuentes en España, que no se refieren a una egregia dama, sino a un lago que existió “Lakon desá”.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

9 Comments

  • Querido Jabier, tras esta monumental entrada doble tan llena de aguas, te propongo que lances tu hipótesis sobre el nombre de la comarca valenciana cuya capital es Xàtiva: La Costera. Desde que te conozco he empezado a sospechar que el nombre no tiene nada que ver con una cuesta, pero me faltan conocimientos geológicos para perfilar mis ideas: ¿laku-est-era?

    • Hola Omar, ando con Badajoz, pero en cuanto lo vea nítido me paso a La Costera. No sería extraño lo que dices, porque hay numerosos lugares como La Cocina, La Costera, Lakunza, La Cuadra, etc. que podrían esconder un pasado «pasado por agua».

      A ver si mi nieta hace un hueco en su larga lista de famosos que esperan a Radio Luna para llamarte…

      Un abrazo.

  • Últimamente nos preguntábamos dónde andabas porque no veíamos ningún escrito tuyo. Ahora vemos que has estado trabajando en ese magnífico estudio qué has realizado sobre el tema Galia Galicia y derivados. No sé cuándo pero tenemos que complementarlo con un análisis histórico y arqueológico de este tema
    Gracias y un saludo

    • Hola pareja de investigadores de la cacharrería. No andáis descaminados, pero mi castigo y relajo -a la vez- es el trabajo físico en el caserío. Ahora es época de labores de cultivo, pero como el invierno no fue adecuado para las de alzar, se me ha amontonado todo. Además de sembrar patata, estamos de lleno con los semilleros, abriendo nuevas tierras al cultivo (perseguimos la autosuficiencia excepto café-azúcar, leche y aceite), así que cuando llego al ordenador… respiro.

  • Todavía me acuerdo de aquellos tiempos en que tenía una huerta y realizaba cultivos asociados con objeto de obtener el mayor rendimiento con el menor espacio trabajado ya sabes este tipo de cosas absurdas que a veces tenemos los economistas. La diferencia de edad entre nosotros se nota precisamente en eso tú todavía tienes fuerza para labrar sembrar y binar la huerta a mí no me quedan más que para hacer algunas bodas y cortar de vez en cuando la hierba. De todas formas en algún sitio todavía tienen que estar los resultados del ciclo de 4 años de cultivos asociados y planificado para no repetir nunca en la misma tierra un cultivo. Con decirte que este año que ha habido buena cosecha de manzanas no he tenido ganas ni tan siquiera de hacer la sidra. Oye lo de Galicia es para quitarse el sombrero. Un abrazo

    • Te reirás de mis contradicciones. Tengo un viejo tractor Pasquali que le quité el motor de arranque para ajustarlo y no me quedó como quería, asi que lo arranco a cuerda, de manera que por las mañanas soy capaz de vencer la compresión y salir a trabajar, pero en cuanto llevo unas horas de pie, ya no puedo con él; doy un silbido a Merche y viene rauda; ya sabe que tiene que tirarme un poco del codo para arrancarlo… así, entre los dos podemos.
      Hoy le he preparado dos calles de alcachofas que ha plantado de esquejes.
      La fuerza mengua, pero no así la lengua.
      Un abrazo.

  • Saludos.
    Muy bueno, como siempre.
    El otro día envié esto al correo, gracias:

    Buena tarde.
    Estimado Javier, un amigo quiere vender un libro a través de Amazon.
    Está teniendo problemas en ello.
    Supone que es por el formato (PDF).
    Usted se sirvió de alguna guía?
    Cuál es el formato idóneo?
    Muchas gracias.

    • Hola Huan, triste la semana en Andalucía, no?. Nosotros apenas sufrimos el encierro porque vivimos en un caserío y estamos todo el día fuera… como los antiguos.

      Vi esa nota, pero no la entendí. Yo mismo apenas tengo experiencia en comprar libros, porque hubo un cambio en los impresores, que ahora son KDP; que pruebe poniendo esa sigla y luego el título del libro. También puede entrar en «xeitoediciones». Efectivamente, los libros no son pdf sino Kindle.

      Gracias por tu opinión y gestiones.

      Javier

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