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Golpe

El ramaje semántico ha dado al “golpe” infinidad de acepciones, así que si alguien busca en la “uiquipedia” una explicación en días como hoy, cuando Evo Morales acaba de llegar a Méjico escapando del desorden en Bolivia, las cien primeras imágenes muestran al desdichado “ex” como víctima de un “golpe”.

Así, los británicos que son especialistas en recoger cuanto pueden de sus vecinos, darle un enjuague y venderlo como british, no escatiman en versiones para el golpe: “bang, blow, bit, coup, kick, knock, shock, stike, stroke…”, mientras en Iberia conservamos (Portugués, Gallego y Castellano), el “golpe” a ultranza, forma que los italianos dicen “colpo” y los catalanes “cop” en tanto que los demás romances varían desde “portá” a “coup” ó “levitura” y el Latín se distancia con su “ictus”.

Un poco liados, los sabios desentierran una forma latina que suena a “colafus” y a “collapus” que dicen deriva de “labi”, resbalar y nos dicen que de ahí viene ese golpe tan ibérico.

Mucha casualidad y coincidencia y aún más extrañeza de que conservando el “colapso” en la lengua incluso vulgar, esa voz haya dado lugar a otras tan alejadas como sincronizadas…

Es mucho más sencillo que la voz original fuera “goi pe”, literalmente, “de arriba abajo”, un sinónimo de caída, que se diferencia de otros choques diagonales, horizontales o procedentes de niveles inferiores.

La alteración de la “i” en “l” es muy frecuente y en este caso pasó a dar una voz más compacta y fácil de pronunciar: “golpe”.

El “coup” francés, es fácil de explicar por el uso frecuente de la “ü” y tanto este como el “cop” catalán, por la afición a recortar las voces en estos dos romances.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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