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Góndola

Embarcación larga y de fondo plano, manejada con uno o dos remos y usada profusamente con fines comerciales y logísticos en la antigua Venecia y que a partir del romanticismo y del ocaso comercial, se destinó al turismo.

Curioso que los propios habitantes del Véneto ignoren la procedencia de este sonoro nombre…

Los más fanáticos, que quieren que su nombre sea grecolatino, juran que procede de “kondura” y lo explican con leyes fonéticas…

Dicen que significa “de rabo corto”, pero, ¿dónde tiene la góndola el rabo corto?… ¿Es posible que la simple cercanía en la fonología entre un nombre y una sentencia provoque fiebre en estos tipos y cientos, miles de publicaciones repitan una bobada?.

¡Hay algún oscuro motivo que nos lleva a renunciar de la inteligencia y hacer caso a los sacerdotes…!

La góndola recibió las “exageradas formas” de su obra muerta muy recientemente y como una expresión artística de la capacidad de sus carpinteros, pero la obra viva, se mantiene fiel a su modelo primigenio de éxito en la navegación en aguas muy someras: La góndola es como una gran artesa choricera a la que se va estrechando la base a la vez que se suben las bandas para cerrarse en sus “capellos” de popa y proa.

Pero en esencia, la góndola era un barco de tres piezas, la base sin quilla y las dos bandas que se unían a la primera para cerrarse delante y detrás.
Algo así como las “ala” areneras que se usaban en casi todos los ríos vascos, especialmente en el Deba y Oria, pero muy estilizadas y haciendo gala de esa capacidad técnica y amor al lujo de los venecianos.

“Gontz”, es en el dialecto Bizkaíno, la expresión de lo que en geometría se llama “diedro”, la bisagra, el plegamiento de un plano para adquirir rigidez, de forma que “gontz-olá”, significa la unión de dos o más tablas “en uve”.
La evolución a góndola no exige grandes esfuerzos intelectuales, como no lo exigiría otra voz hermana (consola), que casi desaparecida hace tres décadas, los ordenadores portátiles rescataron del olvido, pero que inicialmente no era sino un par de tablas unidas por el borde, un pesebre que en los conventos servía para dejar comida para que los monjes o los pobres, “picaran” entre horas.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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