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Hidrónimos que no lo parecen: A Medorra

Medorra es un topónimo relativamente abundante en Galicia, aunque ejemplos llegan hasta las mismas puertas de Zamora.

Si consultas a un gallego ilustrado te dirá que A Medorra es un tipo de megalito modesto que abunda en Galiza. Otros te dirán que es un cierto tipo de “medo” (miedo) por ser los lugares tenebrosos y –los mas- te dirán así, como preguntándote, ¿pero eso no es crecer?… y así queda la cosa.

Yo viajaba mucho en autobús en mi época de estudiante y uno de los pasos repetidos era el Puerto de La Mazorra, lugar que escrutaba con detalle y que por fin, décadas después relacioné con la existencia de numerosas lagunitas endorreicas estacionales cuyos fondos fértiles explotados en las últimas centurias como tierras “de pan” muy buenas entre la aspereza de aquel páramo de mil metros. En la imagen de Google Earth, una vista de una de las antiguas lagunas escondida en el altiplano.

La Mazorra y La Medorra (tal como aparece en el último mapa), me sugerían una similitud de proceso.

 

Así que el ciento y pico de Medorras del noroeste me sugirieron historias parecidas y no he descansado hasta analizar una de ellas tomada al azar y que lo expuesto a continuación parece confirmar.

Se trata del Sureste de Orense, un lugar atravesado por la carretera OU 101 en el que en dos retazos de la cartografía actual colocados a continuación se pueden leer nombres como A Lago (repetido), La Goa, A Medorra, A Plana da Medorra y Pazos de San Clodio.
La coincidencia de esos nombres con la constatación de ausencia de construcciones antiguas, palacios ni megalitos, un suelo muy llano y la existencia de dos lugares llamados A Regada y As Regadas en localizaciones que hubieran sido adecuadas para drenar unas supuestas lagunas, han sido argumentos a favor de echar mano del recuerdo de La Mazorra y “recomponer” un pasado que puede haberse dado en muchos lugares según nuestros antepasados iban necesitando tierra de labor y se la requisaban no solo a los montes con sus extenuantes rozas, sino a las lagunas, agotándolas.

Si se compara esta cartografía reciente con la equivalente editada en 1946, pero con datos –probablemente- de una década anterior, se ve que la edificación se limitaba a aldeas. Al Norte, donde ahora dice A Lagoa, figura La Goa, en el centro está la aldeíta de La Medorra (ahora A Medorra) y al Sur, Plana de Medorra.

También al Sur está Pazos (San Clodio)

La intensísima intervención en el terreno en los últimos 40 años, hace muy difícil reconocer indicios que hace un siglo eran fáciles de interpretar, pero aún así, quien tiene hábito de analizar la incidencia de obras civiles, agrarias y urbanísticas y también de formas e infraestructuras de cultivo y pecuarias, distingue con cierta facilidad las tierras con largos procesos geológicos a sus espaldas, de las “cuaternarias” y recientes.

En este caso no cabe duda de que en esa zona hubo una laguna con una longitud máxima cercana a los 7 km. y una superficie de –quizás- 700 has.

El lexema “lam”, que figura en las lamas y láminas, en los lavajos, en La Mancha y en La Manga es la denominación de un tipo de lagunas someras sin un sistema hidrográfico claro, sin una red bien marcada; un modelo de charca que debió de abundar tanto en zonas cacuminales como en fondos de otros modelos de lagos mayores a juzgar por su abundancia en la toponimia con ligeras alteraciones en sus nombres y en lugares en que estos procesos resultan bien reconocibles.

“Idor, edor” indica el proceso de desecación, la pérdida del agua, de manera que “Lam edor” pudo ser la forma en que decenas de generaciones conocían a ciertos lugares en los que la desecación natural de una depresión, era “ayudada” por los colonos, ávidos de tierras fértiles.

De que periodo tardaron los antepasados en dominar las aguas y en ir labrando nuevas tierras a la vez que creaban nuevos asentamientos, sería atrevido hablar, pero es seguro que así como los topónimos aportan una clave cierta, ha de haber infinidad de datos bajo tierra, en cruces y caminos, que valdrían para reconstruir un proceso apasionante.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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