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Hidrónimos

Para quien lleva décadas descubriendo de forma ácrata topónimos repetidos y singulares, conocidos y extraños, anotándolos y desmembrándolos, es decepcionante introducirse en el mundo académico que hace gala en cuanto puede de su carencia de sentido crítico para seguir la luz de los faroles indoeuropeos o arabizantes, que –por algún motivo desconocido-, deslumbran a sus señorías y las llevan a repetir sus desvaríos.

 

Desvaríos, que además en la hidronimia son pobres en número y calidad, limitándose a los grandes ríos (siempre el ejemplo del Danubio y su supuesta raíz “*danu” y tres o cuatro más, “al”, “alm”, “ayer”, “aliere”…

 

Desvaríos que comprendemos porque estos especialistas ignoran lo general, desconociendo que la hidronimia afecta desde el humilde y efímero rocío, hasta las riadas “de 500 años de periodo de retorno”, las grietas que manan, las fuentes que surgen de peñas o en pozos, los pozos mismos en sus infinitas formas (artesianos, relacionados con el acuífero, de escorrentía, de cuenca abierta o cerrada, de deshielo, de gravedad, intermitentes…).

 

Y los arroyos que se secan durante los estiajes, los que se pierden en cuencas endorreicas o salen kilómetros más abajo, los nivales y pluvonivales, los riachuelos y ríos afluentes de otros ríos, los ríos grandes con sus numerosas variedades de corrientes laminares o turbulentas, con sus fondos rocosos, de gravas o arenas, los vados (infinitos y olvidados), las ciénagas, los lagos intermedios y los que tienen entrada y salida, los creados por avalanchas, los lagos someros y –aparentemente- aislados que se secan cada año, los que acumulan sal en sus orillas, las lagunas comunicadas o aisladas, las humildes lamas, las gándaras, las cataratas…

 

Los mares.

 

Todas estas formas de agua eran importantes; más, eran esenciales para nuestros antepasados nómadas que necesitaban agua en un lugar diferente cada día.

 

Pero estos doctores olvidan algo aún más importante, olvidan el potencial del Euskera para encender las velas que nos darán la luz.

 

Siendo menos importante, es de gran ayuda también el entender cómo la superficie de nuestra tierra está siendo alterada desde hace casi diez mil años por la agricultura-primero-, por la minería, las infraestructuras y el urbanismo –después- y como la riquísima dinámica de hace milenios no se halla intacta mas que en cotas superiores a los dos mil metros (apenas una centésima parte del suelo). Hoy en día, la época (ya) geológica que geólogos y geógrafos llamamos Antropoceno, no hay un solo proceso físico natural que se halle intacto.

 

Pensemos que los americanos que llenaron desde hace ciento treinta años el Río Columbia de presas hidroeléctricas y para regadío, han comenzado una valiente cruzada para desmontar aquéllos monstruos porque cien años han sido suficientes para comprender que la integral de daños empezaba a ser mayor que la de beneficios.

Sin esos dos elementos (y medio), pretender explicar los nombres de hidrónimos es vano.

 

En este Blog voy a comenzar a mostrar (de forma casi telegráfica) las numerosas fichas de hidrónimos explicables o en vías de serlo.

 

Sea el primero el que combina las formas “Gall, Gal, Gay”… y su imagen especular “Lag” (o viceversa)

 

Las Merindades de Burgos es una comarca con grandes relieves que resuelven la transición entre la meseta y la costa cantábrica. En ellas abundan los fenómenos hídricos y los cársticos  en particular, pero en el pueblo de Gayangos, aún se pueden ver desde la carretera general una o dos grandes lagunas llamadas “de Bárcena”.

 

Un simple vistazo al mapa nos indica que hubo varias más y las lagunas de Bárcena. Zona en la que hubo muchas mas balsas naturales.

Gracias a que esta zona ha sido muy ganadera, estas masas de agua no han sido sometidas a las pasiones de los labradores que solo han querido tradicionalmente “mas tierra para labrar”. Aún así, están muy menguadas.

 

El nombre del pueblo, se debe –probablemente- a esos ojos de agua: “Gai”, laguna, “angó”, conjunto, racimo.

En el mismo trozo de mapa se observa el topónimo La Alhama, arabización de los prebostes cultos de la zona, sobre un nombre original sin hache ni artículo: “Lama”, una laguna más somera (“Lam a”), cuyas formas curvas aún se notan y que tras ser secada fue mutada para seguir la tradición de manejo de lo público.

 

En las Gayadas, montaña media asturiana, no es difícil escrutar las formas redondeadas de las parcelas de prados o labrantíos, que se corresponden con antiguas lagunas someras de decantación, que las pacientes labores de “acequiado” han conseguido desecar para uso privado. «Gay ada» ó «Gay eda» solo significa «Las Lagunas».

Es importante que el aficionado a la toponimia se “entrene” en el reconocimiento de tamaños, formas, colores, tonos y sombras de la orto fotografía, ya que suele aportar mucha información.

 

 

 

 

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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