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Huelga y Huelgas, Huelva, Huerva, Huerta, Huerga, Huesca…

Entre las numerosas “familias” de topónimos que se pueden encontrar ampliamente distribuidas por España, destaca la que recoge el sonido “uelga” y sus variantes que ya hace siglos se dotó de una hache inicial y que en esa forma la citaba Covarrubias como el célebre “monesterio de religiosas bernardas de Burgos”, pero como origen de verbo, aún no era conocida como la rotura del cumplimiento de alguna actividad o deber, principalmente el de trabajar, sino solamente como “placer, regocijo, junta en el campo…” que Sebastián hacía derivar de una forma antigua, “folgar” derivada a su vez del Latín “follis”, fuelle y relacionada con “respirar”.

La tradición de forzar incluso las evidencias para que el Latín sea origen del edificio de otras lenguas no es nueva y estas marrullerías que se iniciaron hace mil quinientos años, redoblaron su frecuencia en el Renacimiento hasta hacerse insoportables durante la Ilustración que fue un periodo descarado de marginación de lo que no aparentaba ser potente.

Así, cualquiera que sepa que el “follis” latino, más que un fuelle (“flabellum”) era una bolsa de cuero o piel como la del anuncio adjunto, tiene el deber de sospechar que nos mienten, especialmente si se revisa la forma “holgar” del Castellano antiguo y se contrasta con la actual “olga”¹ del Vasco, jugar, solazarse, disfrutar, verbo que aparte del Castellano, solo se da en Catalán mientras todas las demás lenguas latinas e incluso alguna germánica, usan, bien las formas “inattiu, inattivo, inactiv…” o la más parecida al “otior” latino, “ocioso”, así que lo del fuelle no es mas que una burda acción de hipercultura con el objetivo insano de reforzar el ámbito de poder de obispos, catedráticos, maestros y gentes con ambición de poder por encima del interés en la verdad que debiera ser su objetivo.

Algunos diccionarios antiguos, incluyen dos acepciones de carácter agrario para la huelga, una se refiere a las tierras no labradas, que descansan y otra, para las tierras muy fértiles, acepciones que el mundo moderno ha olvidado, pero la segunda de las cuales, encaja perfectamente en la explicación que aquí se da, pero que los fanáticos de lo extraño, los que no quieren o no saben ver la creatividad ibera, la han recuperado de las listas olvidadas y nos juran que es de origen celta “ôlga”.

Tornando al terreno y tras una detallada revisión de las formas citadas en el encabezamiento y sus múltiples variantes según aparezcan en singular o plural, con o sin artículo, con una u otra ortografía, etc., la abundancia relativa se reparte favoreciendo notablemente a Huelga (420), que se toma como matriz1, para luego ir rebajando la presencia según Huerga (220), Huelva 38, Huerva, 29 (aunque no haya un solo lugar con este nombre desnudo aparte del Río Huerva), Huelma 17, Huesca (5), llamando la atención que la ortografía haya desterrado absolutamente las formas con “b”, de las que solo queda el Pico Huerbu y el arroyo de igual nombre que nace en él, cerca de Pola de Laviana, en Asturias y también quede algún testigo con “j”, como Bijuesca, prueba escasa para pensar en la “h” por aspiración de la “u”.

Tampoco sería de extrañar que algún lector se preguntara si no habrá casos como el Río Cuervo y otros -casi mil cuervos – , que tengan la misma cuna relacionada con fenómenos en que interviene el agua.

El caso es que siguiendo la tradición de ir tras el poder, el sector culto de nuestra sociedad ha colaborado a que algunas de las escasas “huelgas” que disponen de caserones, castillos (Mengíbar), iglesias, ermitas (San Miguel del Arroyo) o estén cerca de topónimos como “palacios”, se hayan relacionado con lugares donde los poderosos “holgaban” y quizás de ahí haya venido también la imposición de la hache.

Hache que es cosmética, porque como se verá, la práctica totalidad de estos nombres, están relacionados con dos conceptos, uno físico, el agua “u” y otro que tiene que ver con la frecuencia con que las aguas afectan al entorno, bien como “elk” que se asocia a la idea de conjunto, ramillete, bien “elg-erg”, raíz con significado de “debilidad por…”, “tendencia a…”, esto es, gran parte de esos lugares consisten en “zonas de expansión estacional” de los ríos; también zonas muy anastomosadas, llenas de venas que dificultan la concreción de un cauce principal; zonas de baja energía del río, donde se depositan los sedimentos que crean ese entorno fértil que los antepasados distinguieron desde hace milenios y donde comenzaron los primeros ensayos de agricultura tras pesadas labores de desbroce y drenaje.

“Las Huelgas” en aparente plural hay casi un ciento; las más célebres las de Burgos, hay que ir a una cartografía de hace cien años para ver con claridad señalado en rojo, el brazo de tierras de aluvión de doscientas hectáreas que el Arlanzón dejaba a su izquierda, brazo en el que en 1920 solo se aprecian las construcciones del Monasterio y el Hospital Militar, hoy, tan completamente ocupadas por edificaciones, que nadie adivinaría su pasado fluvial.

Yo conocí hace cincuenta años, fértiles huertos a un paso de las tierras de secano que comenzaban en la línea del ferrocarril, huertos muy célebres de ese Barrio de las Huelgas de Burgos, donde ahora solo hay colonias de chalets adosados.

Se pueden ver docenas sino cientos de ejemplos de huelgas engarzadas en los ríos aunque las mayores de ellas ya han sido muy alteradas por la agricultura y –últimamente- por la actividad urbanística y por las grandes obras civiles; no obstante, como hay tal variedad: Río y Regato de las Huelgas, prado, monte, laguna, fuentes, cerro, arroyo de las Huelgas, hay Cuatro y hay Cinco Huelgas y hay Huelgas del Zorro… el nombre merece un estudio más profundo y extenso, que recalcaría que Las Huelgas, a secas o La Huelga, casi siempre está en lugares húmedos, vegas de ríos en zonas llanas, lugares donde hay pozos y norias, recodos y antiguos cauces, lagunas…

No obstante, unos pocos ejemplos ya son contundentes.

Cerca de Barbate, donde el río de este nombre se une al Celemín, hay un lugar que llaman “Antigua Laguna de Rehuelga”; hoy desecada a regadío, hace mucho que se perdió la memoria de cómo era esa laguna, el recado puede estar en que su nombre correcto no es “Rehuelga”, sino “Larrehuelga”, nombre original al que la ortodoxia le ha quitado la “la” del comienzo creyendo que era un artículo, cuando no lo era.

“Larre uelga” sí es un nombre posible con un significado claro, “Los prados del aguazal”.

En el río Boedo, cerca de Osorno está el predio llamado Huelgarredonda, una zona húmeda con indicios de moverse lentamente río abajo, con una forma sensible de círculo de unos doscientos cincuenta metros.

En un corto tramo del río Pirón en Segovia, se suceden la Huelga Larga y la Huelga del Bodón, ambas fieles a las configuraciones del aparente adjetivo y nombre de ambas.

Hace unos años, disfruté de unos días de inmersión naturalística en un Centro de Recuperación de aves en Almenara de Tormes, donde el río se expande en numerosas lagunas; la granja de la orilla de enfrente se llamaba Aldehuela de la Huelga y el arroyo que la recorría, Arroyo de la Huelga.

Con ese mismo nombre de “Arroyo de la Huelga”, se pueden encontrar hasta 31 arroyos más.

También hay Huelgas atípicas, sin río; Cerca de Herrera de Pisuerga está una de ellas: El Cerro de la Huelga, elemento que –como tal montículo- cualquiera esperaría que fuera un lugar seco; sin embargo, en un entorno realmente seco, el predio concreto del Cerro de la Huelga, muestra en su centro el verdor increíble de la siguiente foto.

En un recodo del Guadalquivir cerca de Pedro Abad, hay otro Cerro de las Huelgas. Este, lleva el nombre señalando al pequeño afluente enlodado que llaman Arroyo Tamujoso que llega al río principal a sus pies donde deja una fértil cola de tierras.

Pero aparte de la abundante “Huelga” que aparece cientos de veces en distintos nombres de lugar sencillos o compuestos, hay nombres emparentados como Huerva, de los que hay una treintena… Por cierto, yo conocí el Huerva de refilón en la Zaragoza de los sesenta, cuando ya pasaban cuarenta años desde que la ciudad se engullera al río Huerva, pero en el mapa adjunto de los años veinte, se ve cómo este río que fue más importante que el propio Ebro para la ciudad, la rondaba por lo que luego sería la Avenida de María Molina.

En cuanto a arroyos, hay hasta catorce Arroyo de la Huelga y tres Arroyo de las Huelgas. Dos Arroyo la Huelga y un Arroyo las Huelgas. Sería interesante revisarlos todos.

La actividad humana transforma la superficie de la tierra, pero a veces son los nombres los elementos más persistentes que dejan constancia de una historia. Cerca de Martos en Jaén, está la Balsa de la Huelga Madre. Hoy es una balsa cuadrada de apariencia artificial y media hectárea cuadrada rodeada de cuadrículas de olivos, pero alguna vez fue un encharcamiento persistente del perezoso Arroyo del Salado que aún se manifiesta aportando agua subálvea al nuevo depósito que se llama como se llamó el humedal.

La propia “huerta”, a la que la oficialidad le niega su primacía a favor de “huerto” porque esta voz se parece más al “hortus” latino (jardín) que aseguran procede del “hortos” griego con significado de empalizada o cercado, es más probable que tenga su origen en “u ert a, u-ertz a”, que literalmente significa “borde del agua”, barra o playa de aluvión, lugar donde es evidente que se aplicaron los primeros ensayos de agricultura combinada con el pastoreo y la caza, antes que en una empalizada, elemento costosísimo de ejecutar antaño y que aparecería tardíamente y solo cuando los asentamientos ya eran una realidad.

En cuanto a Huelva, voz muy escasa en su grupo, tampoco hay duda de que su significado habla de aguazales; no hay más que acercarse a la confluencia de Tinto y Odiel, no cabiendo duda alguna de que esa zona se ha llamado así antes incluso de que el nivel del mar llegara a las cotas actuales, porque los volúmenes de sedimentos continentales eran suficientes para crear esas marismas llenas de brazos, ojos, esteros y monjas.

Otra cosa es saber si Rufo Festo Aviano llegó a estar en Huelva y de donde sacaría el nombre de Onuba, secuencia fonética ausente en la toponimia ibérica, que solo figura en neologismos donde la hostelería o la arqueología han implantado sus carteles… y en monedas falsas como la de la imagen.

[1] Variante de “oi ga”, esto es, sin rutina, libre de obligación.

[2] Tradicionalmente se toma como forma original aquella que duplica en número o está cerca de hacerlo a la siguiente versión más abundante.

 

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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