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La Peña Amaya

Durante mucho tiempo creí que la Peña Amaya del Norte de Burgos se llamaba así porque pensaba que Navarra llegaba hasta ahí, hasta esa fortaleza en que tuvo lugar algún episodio de las luchas entre visigodos y musulmanes que Navarro Villoslada narraba con la princesa navarra Amaya como protagonista.

Pero hace ya años que –repentinamente- se me ocurrió que esa Amaya pudo haber sido Amalla o Amaña, como otros casos de mutación y lucha de esas tres consonantes que con la presión de la erudición, acababa siempre perdiendo la eñe, porque hay algo en los eruditos que les lleva a repudiar la eñe como si temieran que esa letra de pastores pudiera echarles a perder algún planteamiento refinado.

Y siguiendo la huella de las terminaciones “…aia”, “…aya”, “…alla” y “…aña” en infinidad de topónimos, he encontrado refuerzo a mi idea y altas probabilidades de que el significado fuera común, algo relacionado con perfiles rocosos cortados de formas, dimensiones y escenarios excepcionales.

Lo primero es decir que hay varios miles de topónimos en España, que terminan en “…aya”, entre ellos, varias docenas de Amayas, algunas de ellas, Peñas, como una Peña Amaya en Huelva, en el extremo Sur de la Sierra de la Estrella (que no se porqué, pero me da que antes fue de la Estreña). Otras muchas, barrancos, cerros, cortes…

Cerca de Sedano, donde se unen los ríos Rudrón y Antón, hay otra Peña Maya y una más en Salamanca, aunque esta última no sea un gran relieve, sino la cabeza lisa y pétrea de un berrocal granítico (“Bae arr oka” piedra masiva enterrada o “batolito”).

También hay un Pico Maya en Toledo y, ¿será casualidad?, un cantil abrupto y recortado sobre el río Moros en el pueblo segoviano de Anaya, en el que los aficionados al rocódromo tienen uno de los mejores campos de entrenamiento…

Y apenas a una legua de nuestra Peña Amaya central, está la competidora burgalesa con eñe, la Peña Ulaña y en Pancrudo, Teruel, otra eñe de 1.300 metros, la Peña Maña.

La corazonada inicial, la equivalencia de “ll”, “in” y “ñ”, demostraba pronto su validez al encontrar varias Peña Gudilla, Peña Gudina y Peña Gudiña, al menos una de ellas cerca de Aguilar de Campoo, con 1014 metros en Palencia, otra en Salamanca, con 1156 y en Madrid, con 1530.

Como resumen, la Peña Amaya burgalesa que domina la llanura cerealista desde el Norte, fue antes seguramente “Peña Ama ña” (“ama”, madre , “ña” muela, cortado rocoso) algo así como “La madre de las muelas”; ¿puede alguien dudarlo según ve agrandarse su imagen mientras conduce hacia Sotresgudo?.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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