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Los nombres del cerdo

Solo unas horas después de haber colgado la versión 1 de este ensayo, ya había corregido algunos detalles y añadido un par de acepciones más, pero la pereza que conlleva cualquier cirugía y sobre todo, en invierno me ha hecho esperar como barruntando que faltaba algo. Así ha sido, porque Emilio desde un Madrid acosado por los elementos me advertía que el verdadero sonido del nombre del cerdo en Chino, es algo así como “txú” y el “churó” que yo había citado se correspondía con la “carne de cerdo”, algo así como entre el “pig” y el “pork” británicos.

Por mi cuenta, ya tenía añadido al borrador matriz un comentario sobre otro nombre, “gorrino” que también citaba Emilio y que lo dejo en el lugar en que lo puse.

Reempezamos; el cerdo doméstico en sus numerosas variedades raciales despierta tanto la admiración como el rechazo de grupos culturales organizados, acrisolando sus numerosos nombres tanta variedad como ignorancia hay sobre sus procedencias, así que los disparates vestidos de complejas explicaciones en que se mezclan citas históricas con verdadera histeria son la tónica sobre la que se devanan mitos y certezas.

 

Puede que haya algo de verdad en que los chinos fueron los primeros en transformar sistemáticamente jóvenes jabalíes en orondos cerditos puesto que casi todas las fuentes documentales y genéticas apuntan hacia el Este, si bien hay otros muchos puntos en que también hay indicios de contactos esporádicos entre hombres y estos “suidos”, por ejemplo, en la cueva turolense del Charco Amargo… o en un precioso mosaico recuperado hace poco en Túnez…

El cazador de Teruel ponía en fuga a una hermosa marrana asaeteada o acosada con la azagaya, (quizás descendiente de otras que se pintaron entre bisontes en Santillana)… en tanto que el campesino de Bizerta parecía llevar la comida a su excitado jabalí que corría emocionado hacia el  pesebre.

El caso es que las primeras morfologías bien diferenciadas, cuerpo más redondeado y largo, patas cortas, rabo enroscado, carencia de cerdas cubriendo todo el cuerpo…, radican en imágenes chinas aunque su nombre “txú” ya no suene tan distante al género “sus” que se trata más adelante.

La cuestión es que entre los nombres familiares en esta zona europea, aparte de esa ligera semejanza, ninguno se parece a otras versiones orientales: Cerdo, puerco, cochino, marrano, guarro, pig, swin y sus variantes, para las etimologías de los cuales, los expertos no andan muy acertados.

La forma más abundante es la que aseguran que gira sobre el “porcus” latino que la resuelven diciendo que hubo un “pork-os” indo europeo que dio en la forma latina y de ella salieron los “porc, pork” y demás variantes, explicando que la versión española responde a la ley fonológica que de “o”, hace “ue”.

Lo cierto es lo contrario; esa ley se ha definido a partir del axioma de que el Latín es la base, cuando en realidad es el final de las series evolutivas. En este caso, una de las formas primitivas era “phu erk a” que en Euskera y dándole forma literaria, viene a decir “el de pedo flojo”, a partir de “phu”, ventosidad, “erk” flojera, tendencia, debilidad… “a” que la moda de los géneros diversificó a “o”, puerca-puerco y que en los países sajones se representa gráficamente con el “farting pig” de la figura.

 

La incomprensible pasión de la Iglesia desde los primeros siglos y de la Ciencia del Renacimiento por el Latín, incluso por el “nuevo Latín” recreado por los ilustrados, ha distraído gran parte de la labor investigadora de muchas disciplinas, potenciando referentes poco usados como el “sus” que dio lugar a finales del siglo XVIII a la “familia suidae”, basada en nombres germánicos como “swin” para el jabalí, que ni siquiera los gúrus germánicos saben de donde viene y acaban sugiriendo que está relacionado con “sow”, sembrar, sin acertar a decir porqué.

Nadie lo sabe, aunque hay una fundada sospecha de que es un nombre irónico, antitético, casi cínico, basado en una frase del Euskera que indica “limpio, curioso” y que se basa en “txu ein”, donde “txu” lleva la idea de ordenado, aseado y “ein, in” es el agente que lo consigue, un tropo nada raro, que de vez en cuando llama con una idea inversa a las cosas para destacar su característica. En la imagen, cerdo pringado sacudiéndose el fiemo.

Variantes de ese “txu in” se hallan en casi todas las lenguas germánicas y en varias eslavas donde la “tx” ha mutado a “s” y la “u” a “v”, para dar “svi in”.

Para otro de sus nombres, “cochino”, los sabios oficiales no llegan a otra solución que decir que es una “voz expresiva”, relacionada con la onomatopeya “coch-coch” que dicen que es como suena en la pocilga o que se ha copiado del Francés “cochon”, aunque los hipersabios que no pueden medrar sin el Latín, se van al microscopio para ver en la cochinilla (“cutio-cutionis”) el Eureka de su ignorancia explicando la relación entre la orondez del cochino y la esfericidad de este insecto…

Es difícil saber si lo que afecta e estos tipos es oligofrenia simple o un grado avanzado de obsesión cultural que desplaza al conocimiento… ¿Tanto les cuesta darse un garbeo por el Euskera y comprobar que “kuts” es la suciedad, y “kuts eino”, el ensuciador, el que lo mancha todo?…

En cuanto al marrano… Se van al judío y a donde haga falta en vez de preguntar a cualquier niño de Ikastola (la escuela vasca), que significa “marra ena”, algo tan sencillo como “el rayado, el que tiene rayas”: El rayón, la cría de jabalí precursora de los cerditos redondos, herencia regresiva que –a veces- presentan algunos cochinos recién nacidos y que luego se disipa.

Y se van al Toledo del siglo XV o a la Córdoba del XIV, donde en el Árabe Andalusí, dicen que “muharram” es lo prohibido y como moros ni judíos comen galufo (“halluf”) públicamente, de muharram a marrano no hay apenas diferencia y lo dan por bueno.

Así se hacen las enciclopedias y así avanza el Drae.

Guarro es un adjetivo corriente del Castellano, pero antes de serlo, fue un sustantivo más para llamar al cerdo, que no se origina en la onomatopeya “guarr…guarr…” que dicen otros sabios que jamás se han acercado a una pocilga ser cómo suena el fondo de la cochiquera… “Gu arr” es la metátesis de “Ugar”, roña, costra, cascarria… y “ugardo”, adjetivo muy usado en Euskera es el tío propenso a la suciedad, que está a gusto con las manos y la ropa sucia: “ugarro-guarro”.

 

Y por similitud, el cerdo.

 

Entre los domésticos, ya solo queda por analizar el cerdo, nombre esencial como pocos, porque se refiere a la esencia, “zer” en Euskera, que completada con “tu-du”, la acción, lo palpable, “zer du”, nos lo define como el generador del sabor, del gusto, el que vale lo que pesa… y –sin embargo- los sabios, más perdidos que una avutarda en la niebla, rascan a la seta y a la cerda (pelo que viene del cerdo, no a la inversa) o al al “cerdo-cerdonis” latino (el muerto de hambre equivalente al pichicoman de la posguerra) o al “kerdos” griego, comadreja, zorro… todo por no reconocer que en ese “zer” vasco está la sustancia y que el propio “zerri, txerri” del Euskera actual, es la llamita que ha creado el cerdo que para ellos -que solo dan por bueno lo que ha aparecido publicado- es una voz “reciente”.

 

Pichicoman es la “traducción bilbaína” y despectiva de los beach combers británicos del siglo XIX menesterosos que rastrillaban las playas a la búsqueda de monedas o medallas que pudieran haber perdido las burguesas bañistas.

Queda el gorrino que algunos proponen como contracción de “guarrino”, pero que por referirse casi siempre a lechones, me inclino más a pensar que es por su tono sonrosado, rojizo; “gorri” en Euskera, que en las primeras semanas de vida es muy llamativo.

Ya entre los extranjeros, hay dos curiosos, el “pig” británico que ni ellos aciertan a colocar en la lista de orígenes y que posiblemente está relacionado con el “pish-pishu”, denso, macizo y otra es el nombre italiano y maltés, “mai’ale, majjale” que sus propios sabios (tan despistados como los nuestros) despachan con una latinada imposible de tragar para los que usamos el sentido común; dicen que tal nombre es debido a Maia, la madre mortal del dios Mercurio, porque los cerdos se sacrificaban en un altar dedicado a ella.

¿Puede alguien que recurre al sentido común refrendar que el cerdo no haya tenido nombre en Italia hasta que los romanos tomaron prestado a Hermes y a su madre para sacrificar a los cerdos en su honor?. Mi impresión es que “majjale”, casi “matxale” está más cerca de significar mofletudo (la expresión en Euskera de esta característica), que sacrificado en el altar, no en vano los mofletes abultados son indicio de que el cerdo mofletudo y sonrosado promete un buen rendimiento.

El cerdo querido y odiado está en lo más alto de lo conseguido por los humanos mediante la paciente selección de los más destacados especímenes. Lo único malo, el metano con aldehídos que sale de su culo. Habría que revisar tantos diccionarios…

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

3 Comments

  • Salud Javier!
    Gusto de leerte de nuevo.
    Me he reído un montón leyendo este texto.
    Me puedes aclarar de donde viene la palabra ZAHURDA?
    Tengo entendido que una raíz euskérica para el cerdo es URD.
    Lo que nos dá: ZA=TXA, URD=CERDO, A=LA, la casa o lugar del cerdo.
    Estoy en lo cierto?
    Muchas gracias y zalú.

    • Lo tenía escrito y se me ha ido. Trato de repetirlo, Zahurda es una voz poco usada, casi nunca he encontrado alguien que la conociera. Los que la conocen y saben Euskera la relacionan como tu con «urde», pero urde es el tocino y cuando se usa para el cerdo, lo es como metonimia. Creo más bien que está relacionada con «zaburrá», desperdicio, cosas menudas no aprovechables, en referencia a lo que se junta en la pocilga.
      Lo oficial es decir que viene del Alemán (que no es cierto) o del Latín saburra, baba y costra bucal en medicina y arena de lastre en marinería, ambas procedentes de «zahorra», «za», pisado aplastado y «orrea», pasta, mezcolanza, porque la zahorra se aplica para hacer caminos (nombre técnico actual, MacAdam) y la usaron los romanos en sus calzadas, que no eran de losas, sino de zahorra.
      Saludos

  • Salud.
    En mis pueblos de referencia: Écija, Marchena, etc., si se conoce.
    Y en mi familia (gente de campo y ganao) por supuesto, y con ese sentido de pocilga o cochinera. Pronunciandose con la hache aspirada, claro.
    Alguien me contó que la comarca de las Urdes tiene ese nombre precisamente por la gran cantidad de cerdos que la poblaban.
    No sé si viene al caso.
    Muchas gracias y Zalú.

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