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Lupanar

Lupanar, burdel

 

Hay muchos datos que apuntan a que la civilización romana ya en la época clásica se hallaba muy alejada de la comprensión de los fenómenos naturales; es decir, ya eran ciudadanos especializados que habían cambiado la forma anterior de entender el funcionamiento de la Naturaleza, por una especialización que les hizo tan ricos y poderosos como ridículos al intentar reproducir patrones o tener que contratar augures para leer lo que el vuelo de los pájaros significaba.

 

Hace unos días me consultaban con asombro, que –quizás- uno de los nombres romanos de los prostíbulos, “los lupanares”, pudieran no venir como siempre se ha dicho, de las lobas (“lupa”) sino de la forma canónica de llamar a la vulva en Vasco, “alú”  y de una formación consecuente, “alú paná” que viene a ser algo así como “tortitas a los coños”, que hubiera perdido la vocal inicial.

 

Imagen de un lupanar de Pompeia

 

La duda la había despertado el no poder comprender porqué se ponía el modelo femenino de la loba en ese entorno y con esa función, si en la naturaleza las cosas no funcionaban así, en tanto que entre los perros ciudadanos la cosa era mas frecuente y debieran haber ocupado estos cánidos el papel otorgado a las lobas como lo hacen los británicos cuando dicen “son of a bitch”.

 

Probablemente los romanos tomaron también eso de otros y ni siquiera tenían conciencia de su error.

 

Porque los analistas eruditos, siguiendo lo que escribieron los clásicos, coligen que “lupanar lupanaris” era una metáfora que remitía a las lobas, a su comportamiento y al cubil en que se desenvolvían, rechazando cualquier otra explicación.

 

No hay gran variedad de nombres en esa actividad y casi todos los países europeos participan de “lupanar y burdel” con ligeras variantes lo que según los fanáticos del Latín, indica que esta lengua es la madre y –según otros-, que los latinos fueron de los últimos en tomar los préstamos y los que peor los explican, no teniendo argumentos para decir porqué los vecinos no tomaron el “lustri lustrum” latino o porqué ellos no usaron la “puta” que otros e incluso el Esperanto la han adoptado.

 

Del lupanar, casi todos los autores quieren que proceda de lobos y lobas, pero el Euskera introduce un inicio de duda, porque es esta lengua, “lubaná” es un espacio vallado, reservado, cerrado, que antiguamente era –simplemente-atrincherado, seguramente para que el toro seleccionado pudiera montar a las vacas elegidas sin fatigarse mucho. Lo que hoy en día se llama “la Parada”, un lugar donde los ganaderos llevan sus hembras para conseguir sangre nueva.

 

 

 

¿Quién puede asegurar que el modelo de hembras receptivas confinadas por los ganaderos para conseguir un éxito seguro no pudo ser milenios después el que los soldados y funcionarios romanos reprodujeron en Roma o Pompeya?.

 

Con el burdel pasa algo parecido; nuestros latinistas irredentos no pueden imaginarse algo no latino y dicen que han encontrado en el Provenzal algo así como “bordel” tomado del Fráncico “bord”, tabla y en vez de “tirar” de los diccionarios vascos que aportan para “borda”, más de veinte acepciones, todas ellas relacionadas con edificaciones temporales con usos mixtos, personas y ganado, una voz que está en las gentes sencillas y en las cultas, en representaciones pastoriles y en canciones y versos… Se quedan en la Provenza.

 

Y no solo eso, porque hay territorios vascos en donde existe el adjetivo “burdelá”, tan claro como recurrido, que significa sucio, cochino, dejado…

 

Tanto una como la otra explicación son plausibles, la primera, porque es condición casi inexcusable de los burdeles la de estar ocultos a vistas y accesos y otra, la de la suciedad intrínseca que proyectan al imaginarnos actividades alegales y escondidas, oscuridad y ausencia de controles de las autoridades.

 

Las cuestiones de etimología y sus grandes errores, trascienden fácilmente las fronteras porque quienes las practican, toman ideas de otras fuentes con una propensión notable a creerse lo que dicen cuando son cercanas a las corrientes oficiales; así, los británicos (y los germánicos en general), llevan el mismo paso que los latinos y para su forma más compartida de llamar al burdel, “brothel”, solo se pelean al disputar si proviene del “bordell” tras el “bordel” o tabla, o de la alteración de “worthless”, sin valor, ambas irrelevantes, porque no entran en el fondo ni saben que en en el muy conservador Castellano, la voz no tiene “o”, sino “u”, igual que el adjetivo vasco.

 

Lupanar y burdel se quedan sin conclusión, pero con la sensación de que se ha avanzado algo hacia una explicación coherente y no basada en mitos y fantasías

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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