Euskera Geología Toponimia

Luzaga

El río Tajuña drena el Nordeste de Guadalajara y lleva sus aguas hacia el Tajo, donde se unen a las de otros ríos agrestes como el Henares, Guadiela, etc. y el “río grande” se calma temporalmente para cruzar tierras llanas.

Luzaga es un pueblecito que se asienta en la solana de una loma asimétrica que el río Tajuña hubo de horadar transversalmente para mostrarnos sus entrañas rocosas y seguir hacia el Suroeste. Esta loma es muy larga (casi diez kilómetros) para la moderada altura que alcanza y  tiene el aspecto de un gran barco escorado, mostrando una pendiente suave hacia el suroeste y más brusca hacia la orientación de donde viene el Tajuña, que la atraviesa sin titubeos para seguir su curso. Antoni, experto en transcripciones ibéricas me decía que su nombre era celta, porque “lutia, lutecia” significaba “humedales”.

Las peñas que muestra este corte son tabuladas, de potencia notable y algunas sobresalen como viseras, dando lugar a varias “lastras” y “lastrones” en los lugares en que afloran y que eran adecuados como canteras, como lo atestiguan varias “mordidas” en el terreno.

No es difícil detectar el núcleo medieval original del pueblo ni su camino principal hacia Alcolea y Sigüenza, comprobar que no es un entorno fácil de defender, ni adivinar que –lejos de vías de comunicación y de grandes recursos- su pasado ha tenido que ser apacible y relacionado con la agricultura y ganadería, aunque el hecho de que se encontrara aquí el “bronce celtíbero de Luzaga”, ha hecho discurrir a los sabios que quieren asentar aquí la población que se cita en alguno de los Itinerarios Romanos, como “Lutia”, ya que una de las posibles palabras de ese bronce desaparecido (que se cree son poblaciones unidas por algún tratado), se trascribe como “lutiakos”.

Pero en documentos medievales escritos en Castellano se la llega a llamar “Lurzaga”, así que según sea la adscripción de cada autor, se le asigna un origen distinto: Celta, si el “lutiakos” del bronce se dirigiera a sus habitantes, latina, si su nombre (como suele gustar a los latinistas) fuera debido a que algún tal Lucius la fundara o tuviera tierras o quintas o Vasco-Ibérico si fuera Lurzaga el nombre original.

Cualquiera que esté familiarizado con la toponimia vasca tradicional, verá en “Lurzaga” un candidato preferente, tanto por la terminación, como por las consonantes “r, z”, tan “esperadas” en vocablos vascos; sin embargo, un repaso a las bases de datos nos refresca el calentón inicial, porque no hay un solo topónimo en España que contenga los fonemas “lur za”.

Sin embargo, tan precisa es la toponimia, que el simple cambio a “lu zar”, trae 28 candidatos a ser analizados.

Si se continúa con otros golpes de voz, como “…luza…”, comienzan a aparecer nuevos nombres (más de medio ciento tales que Luza, Luzadón, Luzalón, Luzar…), golpes que pasando a “…lusa…”, superan el ciento (Lusa, Balsa de Lusa, Llusa…) y llegando a “…loza…” llegan casi a trescientos.

Otras variantes obtenidas con las alternancias habituales, como “nuza, lucha, lurta…” también ofrecen algunas docenas de nombres, nombres que no se daban con “lurza…”.

Pero si lo que se pretende es la coincidencia máxima (todas las consonantes y las mismas vocales, o al menos equivalentes), la oferta encontrada se limita al propio Luzaga pueblo, a un cordal abrupto que se halla en la misma comarca, a menos de 2,5 km (Cuerda de Luzaga) y un Lizaga en Hernani, Gipúzkoa, con igual morfología de cresta rocosa. (ver imágenes).

Dados estos antecedentes, se opta por eliminar la versión de Lurzaga y considerar que era un error de transcripción medieval y dar por bueno que el nombre actual es correcto y representa la forma vernácula a analizar, aunque admitiendo las dualidad “i>u” y “z>s”, es decir, Lüsaga.

La raíz “lis” está relacionada con los procesos de estirado de superficies para obtener conjuntos planos y anteriormente se usaba tanto para procesos domésticos como el planchado de ropa, como para definir entornos en los que procesos geológicos sedimentarios habían configurado zonas de afloramiento de roca en capas exfoliables, “lis harriak”.

Esta condición es la que se postula para ese entrono de la larga loma en el que las “lastras” son abundantes y afloran canteras potenciales de piedra: “Lis aga”, los afloramientos de piedra plana, muy adecuados para la construcción, no encontrándose en los alrededores entornos propensos a las humedades o encharcamientos que Antoni me sugería.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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