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Matalebreras.

Ricardo, seguidor de los análisis toponímicos en Eukele.com, me pide opinión sobre este pueblo soriano que pertenece a una comarca que envía sus aguas hacia el Ebro en lugar de hacerlo al Duero, como el resto de las tierras altas.

Matalebreras no tiene a primera vista rasgos geográficos especiales…

Se encuentra al Este del pequeño macizo del Alto de La Modorra cuya prolongación hacia el Sureste es la Sierra del Madero, justo donde aprovecha la carretera da Tarazona para pasar entre ambas masas montañosas y el castigado monte de carrascas deja paso a los labrantíos.

En Matalebreras (como en casi todas partes) la agricultura secular ha hecho desaparecer los indicios de menor escala, conviviendo formas parcelarias antiguas de bordes irregulares, con tierras concentradas, poligonales, que han corregido las formas caprichosas de varios arroyos para hacerlos acequias de drenaje y que son indicadoras de que la población ha menguado al ritmo en que las máquinas se han adueñado del campo.

Pero el río que llaman Valtabarro, el mayor de la zona, se ha resistido a que estiren su cauce, cediendo solo a las dragalinas, cuando ya el Río Manzano le roba el nombre que pronto será Añamaza hasta dar sus aguas al Alhama, al Ebro y al Mediterráneo.

No hay en Matalebreras rasgos llamativos del relieve aunque aproximemos la mirada, ni –aparentemente- fenómenos geológicos o hidrológicos que sobresalgan de la línea del horizonte o del suelo. Quizás el Puerto del Madero con el Risco del Manzano… Tal vez una poza que se adivina al Noroeste del pueblo y que en épocas anteriores pudo llegar a tener diez hectáreas…

Puede que a alguien le llame la atención la alta concentración local de nombres que comienzan por “Mad, Med, Mod…”, como Madero, Modorra, Barranco de La Mata, Mata de Arriba, Mata de Abajo…, cuestión que se trata más adelante, pero poco más, porque no es gran cosa pero merece la pena profundizar.

Además, Matalebreras no está sola; hay al menos otros tres lugares llamado Matalebrera, uno en Guardo, en una terraza del río Carrión, otro más en Tierra de Campos en Palencia y un tercero en Burgos. También hay una decena de “La Lebrera” y un par de “Lebrera”, así como varias “Llebrera” en la zona catalana, nombres que a primera vista parecen sugerir abundancia de liebres…

Pero es raro que las liebres puedan dar nombre a un territorio pequeño porque estos y otros animales cuasi-sedentarios, pueden gustar o no de una zona, pero nunca pueden ser abundantes en un entorno limitado, porque siguen fielmente la ley de Justus Liebig y cuando alcanzan cierta densidad se desencadena un proceso interno o externo que las hace volver a la mera presencia.

Por otra parte, siendo miles los nombres de lugar que comienzan por “Mata…” e incluso docenas, los que lo hacen por “Matal…”, como Matalencina, Matalengua, Matalenguas, Mataleón, Mataleona, Mataliebre, Mataliebres (media docena), Mataliendre…, se va estableciendo la certeza de que tras nombres aparentemente absurdos, hay un mensaje que queremos descifrar.

Aparte de esa forma sorda, también abunda la modalidad en “Madal…”, con cientos de “A Madalena, As Madalenas, Madalena como cerro, valle, monte, pico e incluso sierra, que nada tienen que ver con santa maría Magdalena aunque la Iglesia se haya apropiado de la herencia cultural y en algunas haya construido ermitas.

En cantidad parecida aparecen lugares con “Mazal…”, como Mazaleón, Mazalvete, Mazalera, El Mazal, Mazalar, Mazalinos, etc. y en proporción aún mayor, con “r”, como “Mazar…” (Almazara, Almazarán, Mazarro, Mazariegos, Mazariel, etc.)

Mucho más escasa, la forma en “Masal…”, tanto que solo ha aparecido un lugar llamado “Masalegre”, pero que obviamente no se refiere a alegría y que confirma que “matal…” no es algo aislado ni caprichoso, teniendo el presentimiento que las formas con “d, z, s,” pudieran estar relacionadas con viñedos, pero no así las de “t”, concretamente “mata, mate, mato…”, que los latinistas quieren relacionar con las esterillas de juncos –por esa manía que tienen de quererlo ver todo como subproducto de una civilización urbana-, con lo sencillo que es pensar que antes que las esterillas fueran las modestas matas de esparto, de tomillo o de romero, que tapizando zonas áridas, ofrecían unos pastos sabrosos durante un par de meses al año.

Así, el “Mato Grosso” que los portugueses encontraron en Brasil, la “catinga” de los indios, pudo tener amplias representaciones (menos espinosas) en la meseta española en la forma “mata”, que ocasionalmente eran visitadas por los ganados trashumantes y pudo quedar enquistada en la toponimia, si bien en los diccionarios perdió la acepción de entorno, para quedar solo como planta unitaria.

Si eso fuera así, muchas franjas de transición entre las faldas de los montes y las tierras profundas, arables, serían las “Mata…” de hoy en día.

En ese caso la parte inicial de Matalebreras, indicaría que estamos en un cinturón de pastos y la abundancia de topónimos en “Mad, Med, Mod,…” analizados mediante “SIG”, podría confirmar esa teoría.

La parte final, “…lebreras”, obliga a pensar en nuestro ágil lepórido aunque la razón y el análisis geográfico nos digan que no puede ser, que la mayor parte de las “lebrera y lebreras” que se encuentran por cientos, están en picos rocosos, en barrancos pelados o en lugares que los gallegos llaman “pedra” ó “pedra” y en el resto de la España occidental llaman “peñas” como en esta imagen de “Peñalebrera” en Salamanca, lapiaz arcaico que los arados cada vez más potentes rascan cada año como si quisieran hacer desaparecer cualquier vestigio de roca: Lugares no aptos para liebres.

Este “lebrer…” aparece con frecuencia como “legrer…” o incluso como “negrer…” en una huida de los nombres vernáculos –sin sentido- a voces que signifiquen algo o quizás al revés, una vuelta a lo que fue al principio. Ver imagen de Pico Negrera en Guriezo, Cantabria, donde la roca caliza blanca desmenuzada es incompatible con el color negro que parece anunciar

Se tienen indicios para decir que “leg ar, leg aer” es una de las formas de llamar a las gleras de material fino, a los lugares en que se acumula un sistema árido de tamaño centimétrico o menor. Es el “legar” actual del Euskera que también se encuentra en las barras de ríos y en playas.

Según esa posibilidad, “…lebreras” pudiera ser la evolución de “leg aer az”, algo así como “peña de gravilla”, en referencia a los baldíos del Risco del Manzano (en la foto aérea adjunta) , las pedreras que dominan la vista desde el pueblo hacia el oeste.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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