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Mustang

Caballo asilvestrado americano en los siglos XVII, XVIII y XIX, ya desaparecido de las praderas.

Aunque para los varones que rondamos los setenta, “Mustang” no es mas que el apellido de un coche “Ford” que era sinónimo de libertad, potencia y ostentación, si se busca en las etimologías inglesas, pronto aparece el reconocimiento de que este nombre con aire y acento británico, procede de la tradición campera española, de la ganadería itinerante, la Mesta.

El caballo desbocado corriendo hacia la izquierda que lucía las calandras de aquéllos coches deportivos se nos hacía imposible para quienes apurábamos un “seiscientos” haciendo “doble embrague” en cada curva.

¡Quien iba a pensar que este pomposo nombre, esta imagen envidiada procedía de las cañadas, cordeles, veredas y descansaderos de la piel de toro y –quizás- antes de otras zonas esteparias!.

¿Cómo?

Los ingleses reconocen que Mustang procede del “mostrenco” que usaban los mejicanos heredado de los conquistadores que llamaban así a lo que en forma cursi o académica se decía “mestrenco”, como queriéndolo relacionar con la “Mesta”, forma de vida (mas que asociación de hombres importantes) que consistía en que grandes y amplios pasillos trazados preferentemente de Norte a Sur cruzaban las llanuras de España, superando ríos y cordilleras para que enormes contingentes de ganado ovino, vacuno, equino y hasta porcino, aprovecharan los productos efímeros del campo y llegaran a cuarteles de invierno y verano, donde “remataban” sus ritmos vitales con las llegadas de recentales o con el descanso y la recuperación de fuerzas.

Una forma absolutamente ecológica de aprovechar recursos, colaborar a la biodiversidad y conservar los paisajes. Una forma añorada de proteger los recursos de todos que los ignorantes tildan de anticuada.

El Castellano ha perdido sus raíces y quiere que “mesta” venga de “Mixta”, en referencia a un grupo heterogéneo de poderosos que se imaginan poniendo leyes y normas para que los labradores no metan sus arados en las cañadas de paso de los animales o –también- imaginándose los animales en alegre mezcla mientras sus pastores se desesperan para segregarlas según marcas…

Es el impuesto que tenemos que pagar por nuestra ignorancia, por dejar el destino del lenguaje en unos académicos sin apenas inteligencia, que se obsesionan por sacarlo todo de un Latín que posee mucha masa, pero poca armonía.

La Mesta no tiene nada de mezcla. Su concepto es muy superior a esta simpleza. Se trata de la protección primitiva, prehistórica contra “la reja”, ese invento que año tras año iba rasgando líneas de monte para transformarlo en cultivo. La protección de las estepas, las garrigas , los montes bajos y altos, para que el ganado pueda transitar alimentándose y cumpliendo su destino ambiental y económico.

“Mes” es la raíz que proyecta protección, favor y “mes ta” no es otra cosa que aquello que está protegido, ya que la desinencia “ta” es el participio verbal del verbo antecesor: Mesta no es otra cosa que eso que ahora queremos recuperar, los “Pasillos Ecológicos” que unan parques, reservas y parajes naturales.

Ya la tenían nuestros antepasados quizás desde hace diez o doce mil años.

En ese entorno, “motz trinká”, la voz que generó el “mostrenco”, no es otra cosa sino la descripción de algo que ha roto su enlace; “motz” es una de las forma del verbo cortar, que se refiere al pedazo que queda con el objeto (igual que en el mosaico (motz), la piecita, la tesela que cortamos para colocar sobre el mortero).

“Trinká” es el acto y efecto de sujetar, atar, impedir su libertad.

En conjunto, “motz trinká” en el ámbito de la Mesta, se refiere a animales –generalmente díscolos y que viajaban atados- y que durante la travesía o en los descansos, conseguían seccionar su amarre y separarse del grupo.

Durante la Mesta histórica española, había normas para que los animales mostrencos marcados que aparecieran en aldeas o poblados, se mantuvieran hasta el paso de vuelta de sus propietarios. Obviamente, en las inmensidades americanas, los caballos mostrencos encontraban grandes oportunidades de reproducirse y perpetuarse.

Así, muchas tribus indias aprendieron a cazar y domar caballos y los Mustang se transformaron en un símbolo viril y efímero.

Mustang, mostrenco, motz trinka.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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