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Paloma

La paloma es –quizás- el ave de tamaño medio más familiar hoy en día, en especial las Palomas Bravías que han encontrado en casas, castillos e iglesias y en la cercanía de las poblaciones humanas, un soporte parecido al de sus cantiles añorados y una fuente de alimento inagotable.

Pero la cercanía de las palomas bravías y libias a los asentamientos humanos es tan antigua como estos y la agricultura que los sustentaba, así que ha sido desde siempre un ave conocida y aprovechada, por lo que no debiera de extrañar que el nombre genérico describa alguna peculiaridad de esta potente ave.

Tal nombre genérico es muy variado según la lengua o rama de lenguas que se analice; así, las germánicas –muy uniformes- la designan como “dova, dove, dauf, due, dui, dúfur, dauf, taube…”, las eslavas, “holubice, holub, gulub, golubica, golub…”, las célticas, “chol, calman…”, las de allende el Indo tienen varios nombres distintos, el Húngaro “galamb” que recuerda los “colom, colomba, colombe, columba…” de varias lenguas llamadas latinas y que ha sido seleccionado por los científicos para designar al género y también preferido por los inventores del Esperanto, y su “kolomba”, etc.

Entre toda esta variedad destaca casi en solitario la “paloma” del Castellano, que carece de similares, a no ser que se eche mano de la “pëllumb” albanesa o el “balandis” lituano.

Para salir del atolladero, nuestros fervorosos latinistas quieren que la paloma genérica venga de una forma casi desconocida en latín, la montaraz migratoria y popularmente desconocida paloma torcaz “palumbes”, la más agreste de todas y la menos conocida, buscando una relación con la raíz indoeuropea inventada, “pel” que debería significar “gris” al hacer referencia al color dominante de la librea de las palomas.

Pero palomas “hailas” grises, azuladas, canelas, blancas y de muchas combinaciones, además, los antiguos no se fijaban en rasgos secundarios, sino en los que de verdad distinguían a seres y elementos. Ellos necesitaban que los nombres tuvieran coherencia y resultaran comprensibles y fáciles de recordar.

¿Puede alguien creer que llamar “gris” a las palomas aporta algo?.

Porque, ¿qué es lo que distingue de verdad a la paloma desde cientos de metros?… ¡No es su color gris, blanco o canela, sino su volar potente y la capacidad que tiene para ascender en vuelo vertical!, característica solo desarrollada por los colibríes americanos y por algunos patos raros de ver y solo en las primeras aletadas.

Este vuelo es exhibido con frecuencia por los machos para llamar la atención de las hembras, no solo con la espectacularidad visual del mismo, sino con el sonido potente como un motor, que hacen las alas al chocar entre sí de forma inverosímil al culminar su carrera superior una decena de veces por segundo.

 

La paloma, de cabeza menuda

pero pecho potente, tiene más musculatura específica que cualquier otra ave, siendo el caso que los halcones no las alcanzan en vuelo y solo consiguen derribarlas en picados impresionantes que les permiten velocidades superiores a las de la víctima.

Nuestros antepasados han presenciado –sin duda- exhibiciones de palomas y han oído a millas de distancia sus “palmas” de llamada, por lo que no ha de extrañar que el nombre castellano se haya mantenido inalterado durante milenios hasta el punto de que sus hablantes no vean relación entre el nombre genérico del ave y las potentes palmadas de las caras externas de sus alas.

Otrosí hay que decir del Euskera, donde aparte de las formas “correctas” actuales, “usó, urzó, urxó, zurita…”, hay lugares donde se usa también “palóma” aunque despierte la sonrisa de los “euskaldun-berris”, prestos a creer que quienes no han estudiado destrozan el idioma.

Pues no es así; es muy probable que su nombre original fuera “pal o má”, es decir, la que da grandes palmadas, donde “pal” es la referencia a choque de elementos planos, “o” se refiere a la magnitud destacada y “má” es el sufijo de generación.

La “palumbes” latina, la pieza migratoria y esquiva de vuelo alto, rápido y silencioso soñada por los cazadores montaraces con cimbel, paleta y red es la que ha tomado el nombre de las genéricas, las que se veían “despegar” y exhibir su potencia cerca de casa.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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