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Río Carrión

Río Carrión

 

Una visita de cuatro días a la Palencia del Románico me ha movido a buscar qué puede haber de coherencia en la certeza con que una guía turística nos decía que ese río antes se llamaba Nubis.

Carrión suena a ibérico profundo, en tanto que Nubis parece una declinación romana y ya se sabe la debilidad que tiene el pueblo medianamente culto por “ser descendiente de Roma”. Lo cierto es que esa doble designación solo se aplica en el entorno de Carrión de los Condes, donde hay un “Mirador del río Nubis”. La guía insistía en que el nombre primitivo era Nubis y que lo de Carrión se debe a Plinio que lo llamó así por los abundantes acarreos de sus orillas.

Si uno se da un paseo por las riberas de este río en su tramo medio (hacia Carrión de los Condes), observa inmediatamente dos cosas; una, que el cauce no puede ser más tortuoso, que es una continuidad infinita de meandros casi cerrados; otra, que los acarreos que se depositan son más abundantes que en los ríos cercanos. Imágenes I y II.

I

II

Estas dos circunstancias te llevan a pensar si la cita de Plinio será cierta, porque -en verdad- el río es como un gran pasillo de gravas, arenas y limos y si será verdad que la opinión de un hombre pueda llegar a bautizar todo un fenómeno físico.

 

El recurso a la leyenda es lo único que he podido conseguir, pero tal leyenda parece muy afianzada. Otra cosa es la búsqueda en los registros toponímicos, donde no se ha podido dar con un solo “Nubis” en España, donde también son escasísimos los nombres de lugar que contienen todo menos la “s” final de ese Nubis: Arroyo de la Nubiesa, Cuesta Nubiesu, Laguna, Playa, Salinas de Janubio, Los Manubios y Unanubieta; media docena nada mas.

 

Sin embargo, “Carrión” con acento y sin él, se cuenta por cientos. Hay Arroyo Carrió, Arroyo Carrión, Arroyo de Carrecarrión, Arroyo de Carrión, Arroyo de Carrión de Acá y Arroyo de Carrión de Allá, Arroyo de Justicarrión, Arroyo del Carrión, docena y media de Carrión “a secas” y evidentemente, el río Carrión.

 

Hay Arroyo de Carriondo, Carrionda, Carriosona y de la Carriona, hay varios barrancos de los Carriones y los Carrioncillos y hasta un Río do Carrio.

 

Para comenzar hay que admitir que el sonido medular “carrio” es autóctono y probablemente está muy poco alterado, si bien sus complementos son muy variados y apuntan a aspectos muy diferentes.

 

De todos esos topónimos, el Río Carrión es el que mas terreno drena y el que puede dar información más interesante a partir de los fenómenos que desarrolla. De hecho, resumiendo los afluentes del Duero por la derecha a Arlanzón, Vena y Urbel, que van al Arlanza antes de dar al Pisuerga, el propio Carrión y el Esla, nutrido por Órbigo, Porma, Tera, Cea…, es el Carrión el que nace en la zona más agreste, las gleras de Fuentes Carrionas, lugar áspero y generador de los primeros arrastres de las montañas hacia la cubeta del Duero, arrastres que han creado la llana “Tierra de Campos”, lugar modificado por milenios de trabajo, donde inmensas olmedas arrancadas y miles de kilómetros de drenajes han transformado los antiguos sotos impenetrables en uno de los graneros más notables de Europa.

 

La etimología oficiosa en España, asimila el nombre “Carrión” a la carroña, es decir a cuerpos de animales muertos y no aconsejables como alimento, pero esta proximidad fonológica, carrión-carroña, solo es aplicable a la toponimia en algunos lugares concretos que se usaban como muladares y no tiene argumentos para ser aplicada a entornos tan amplios y variados como los que llevan “carrión” en su composición.

 

Se ha realizado un recorrido rápido por los nacederos de los principales afluentes del Duero por la derecha, observándose que desde el apacible nacimiento del Arlanza en la Fuente Sanza  de Quintanar  de la Sierra (1) hasta las diversas fuentes que pugnan por ser las madres del Esla en Valdosín (5), pasando por la cueva del cobre (4) –donde nace el Pisuerga- y el Arlanzón en el Pico de San Millán (2) o el Urbel en Huérmeces (3), son las Fuentes Carrionas (6), con mucha ventaja, las que alumbran sus aguas en un paraje más joven y propenso a la erosión.

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Dado que la raíz euskérika íntimamente relacionada con el arrastre, con el movimiento de materiales, es “karr”, es posible que la forma primitiva “karr i oi”, donde la “i” hace de pluralizador o generalizador y la desinencia “oi” indica frecuencia, preponderancia, hábito y normalidad, viniera a decir algo así como “el arrastrador”.

 

Muy conocida la tendencia a que el diptongo “oi” al final, de en “on” (botoi-botón, arratoi-ratón, bastoi-bastón, lehoi-león, abioi-avión, etc.), parece ser que llegó a ser una moda persistente, de manera que de miles de nombres  de lugar que terminaban en “oi”, solo quedan unos pocos cientos: Alcoi, Badoi, Caboi, Denoi, Erroi, Eskisaroi, Filloi, Patoi, Garakoi, Godoi, Iranoi, Goi, Jubalcoi, Kilimoi, Liboi, Madroi, Negusaroi, Otadoi, Papoi, Raxoi, Saboi, Teloi, Umakoi, Vilaboi, Xiloi, Zuaztoi…, cuando los terminados en “on-ón”, llegan a 30.000.

 

Las leyes que rigen la evolución de los nombres son muchas y para avanzar algo en el desciframiento de la Toponimia, no hay mas remedio que tenerlas en cuenta.

 

De “Nubis” no se ha conseguido nada, así que queda pendiente para otra ocasión en tanto es obligado pensar que los exploradores que daban información a Plinio y otros cronistas, lo hacían bien, porque al menos en este caso, la explicación coincide con el comportamiento del río. Otra cosa es pretender que desde Roma se pusiera nombre a la geografía: Los nombres ya estaban allí.

 

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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