Toponimia

Salamanca

Salamanca, la principal, la que estrecha el paso del Tormes desde el Norte, subida en sus colinas, es un lugar con nombre muy antiguo.

Mucho más viejo que ese “Helmántica” que tanto gusta a los apasionados del Griego; tanto que lo han hecho colocar en el foro más importante de estos tiempos, en el “Estadio Helmántico”. Debe ser que el pueblo adora a los “grandes” y sus invenciones, porque revisada toda la toponimia española, no hay un solo nombre que contenga los primeros fonemas de esa expresión griega; ¡ni uno!.

Aunque parezca ridículo así han funcionado siempre las cosas y así funcionarán en un mundo donde la histeria y la ficción domeñan a la humilde realidad: A la gente le gustan las fantasías y por eso, los gestores de la cultura se la entregan dosificada y envuelta en papeles de regalo; así cuaja, se asienta y se hace común, se hace familiar, suena y se adopta como real.

Y ellos se quedan tan anchos, porque una vez cuajado el mito, en el disco duro siempre queda una señal.

¡Menos mal que la información “ahí fuera”, en el terreno es magnífica y sin manipulaciones y nos hace posible rebobinar algunas de estos “abortos culturales” que tanto gustan a la erudición, así que se tratará de buscar algo más coherente que esa “salida de pata de banco”.

Descartada esa “Helmántica”, busquemos si hay o no nombres idénticos o muy parecidos y luego probemos con Salamanca y con la forma de descomponer este nombre según varias opciones, porque el tema no parece sencillo.

Hay al menos una docena de Salamancas en España y un par de La Salamanca, pero también hay Salamanco, Salamando, Salamanquina (al menos dos), Salanónica… y otros Salamino, Salamingorri, Talamanca, Salafranca….En Francia hay Salamonie, Salabes… y en Portugal Salamonde, siendo muy abundantes las formas “salam, salama, salamah…” en Túnez y Marruecos, formas que nada tienen que ver con la paz, sino que son topónimos preárabes.

En España, hay numerosas Zalamas, Zalameas, Zaramancón…. Y otros topónimos que muestran cierta parentela en las formas “chalam…, xalam…”

Hay Salamanca como complemento de vado, vallejo, refugio, peñas, hoya, hoyo, cordel, cerro… y en Mallorca, un Can Salamanca, lo que hace difícil fijar un determinante físico para el nombre.

Tampoco son escasos los lugares (más de un ciento) que terminan igual, es decir, en “…amanca”, que suelen ser hidrónimos.

Me ha gustado especialmente el “Lucio de La Manca”, casi en Doñana y los galachos de La Salanca y La Alfranca, en zonas pantanosas de Figueras y del Llobregat. Luego veremos porqué. Ahora, ver los mapas.

Tras este recorrido, es oportuno aplicar algunas alteraciones “habituales” al nombre canónico.

La primera sugerencia es la de alterar la consonante inicial a los giros habituales: “Tala…, Zala…, Hala…”, manteniendo la cola igual, ya que con todos ellos se encuentran variados topónimos.

Otra opción es la de diseccionar según varias modalidades: “Sala man (k) a”, “Sala man ka”, “Sa laman (k) a”, “Sa alam  an ka”, “Sala (m) angá”, “Sala mangá”, pero siempre es obligado estudiar la cartografía actual y contrastarla con la que pudo haber hace milenios.

Cualquier estudio que se ojee sobre Salamanca, centra todo su esfuerzo en la ciudad, sus tres cerros con sus castros (San Vicente, Los Caídos y San Cristóbal), sus defensas y sus edificaciones, apenas deteniéndose en la geografía “íntima”, la de sus arroyos, lagunas y fuentes, pero menos aún en el entorno próximo, que es con frecuencia el que determina la denominación de un lugar.

Analizando la zona periférica, es evidente que el Tormes nunca pasó al Norte de los cerros de Salamanca, pero tampoco muy hacia el Sur; sin embargo es evidente que toda la llanura de deposición que llega hasta Babilafuente y en la que se construyó el aeropuerto de Matacán, ha sido variable durante el cuaternario y provocada con certeza por la acumulación de aluviones por el remanso producido por el estrechamiento y el vado natural que había donde se construyó el Puente Romano.

La zona es ideal para configurar un vado permanente y seguro, que no es fácil de volver a encontrar hasta llegar a Ledesma aguas abajo o a Alba aguas arriba, alrededor de treinta kilómetros –o una jornada de mulas- en cada caso. Vado, cerros y una extensa llanura de labor, que si bien inicialmente fueron lugar de paso de ganados y caravanas, luego tuvieron los elementos necesarios para crear una ciudad autónoma. En la foto se puede observar el Puente Romano (donde anteriormente estuvo el vado), durante una rara crecida del Tormes, probablemente porque la Central de Santa Teresa estaba turbinando y simultáneamente vertiendo por el aliviadero.

En resumen, los cerros de Salamanca dominaban el único paso seguro del Tormes en sesenta kilómetros, lo cual hubo de ser un factor determinante cuando el mundo se volvió bélico por el crecimiento de los imperios

Visto el conjunto de información disponible y considerando la alta indefinición de cualquier propuesta, porque las opciones de disección son múltiples, se postula que el nombre original fue más próximo a “Tala man (k)a”, que a “Salamanca” y que está relacionado con el potencial de vigilancia del Sur y sus amenazas.

La explicación parte de “talá”, observatorio y “man”, dominante, prioritario, siendo la “k” un apósito intervocálico para enlazar con el artículo “a”.

La sonorización es muy frecuente y no sería imposible que de “Talamanka”, “ la atalaya importante”, se hubiera pasado a “Salamanca”, que ahora no sabemos interpretar.

No obstante, este ejercicio queda abierto, porque hay opciones muy interesantes relacionadas con los hidrónimos citados arriba con las formas “anca, la manca”, que han de seguir estudiándose, porque el nombre de Salamanca también podría ser mucho mas antiguo y referirse a la época en que la zona del aeropuerto era una laguna aún sin colmatar.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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