Geografía Toponimia

Tajo

El río más largo de la península y el que capta la segunda cuenca en extensión, nace en el Sistema Ibérico y tiene sus primeros tramos encajados entre grandes cortados calizos que han sido tallados –a medias- entre las acciones geológicas y la paciente erosión de sus aguas, que con la caída de bloques tras cortar sus talones, han formado grandes paredes verticales.

Luego el Tajo se remansa hasta llegar a Toledo y volver –por un momento- a su vocación de nacimiento y ensayar con éxito durante dos kilómetros y medio su capacidad para horadar el granito trazando un gran corte curvo alrededor de la ciudad.

Con el río ya maduro, hay que esperar hasta Monfragüe para ver que sigue con vitalidad y corta la sierra de la Corchuelas “de un tajo” breve. Pero tras abandonar España en Cedillo, el (ya) “Tejo” portugués no vuelve a mostrar aquélla capacidad cortadora, entregando al final de su vida en las llanuras y vega de Santarem (sand-aren), todas las arenas arrancadas en más de mil kilómetros de viaje.

No hay muchas ofertas de ilustrados ni ocurrentes para buscar padrino que llamara así al río, limitándose las propuestas a alguna cosa vaga y sin mucha “gana” y tanto portugueses como españoles se conforman con decir que los romanos le llamaban “Tagus”, el mismo nombre que un caudillo ibero muy respetado (que murió a manos del cartaginés Asdrúbal), pero cuyo nombre también se originaba en el río, con lo que la incertidumbre es la principal condición de este topónimo.

Ante la sequía de datos documentales, siempre queda el recurso a buscar nombres parecidos en el territorio, nombres que en el caso del Tajo, aportan abundante información.

La primera cuestión que queda clara es que la presencia de denominaciones de lugares que exhiben los lexemas “taj, tej”, es tan abundante (varios miles para cada forma), que no se puede dudar que hubo una vocal intermedia entra “a” y “e”, que a lo largo del tiempo, decantó –según lugares y circunstancias- en una u otra de las formas.

Aparte de esta condición, la forma con “a”, muestra abundancia en todas las variantes “taja, taje, taji, tajo, taju”, lo cual demuestra la recurrencia a la forma matriz y que la voz era “muy familiar”.

Si se rebusca entre los miles de nombres citados, abundan los Arroyos, Barrancos, Coladas y Collados. Abundan tanto en ambas formas, “taj y tej”, que en lo que a arroyos se refiere, se encuentran 50 y 53 respectivamente, en barrancos, 48 y 17; en Coladas y Collados, 14 contra 3.

Pero también hay numerosos “El Tajo, El Tejo” y para el primero, son infinitas las precisiones: El tajo agrio, amarillo, banderas, bautista, bermejo, bolón, burraco, de Pompeya, de Ronda (en la foto), del Lunes… hasta casi trescientos tajos calificados…

Sin embargo, la forma latina “tagu”, es rarísima; solo he encontrado Taguas en los montes remotos de Córdoba y Titaguas, un pueblecito en el interior valenciano, junto al Turia y ello tras un repaso de toda España.

Pero sí que hay un río Tejo en España (como en Portugal) y está al pie del Naranco de Bulnes, aportando sus aguas al cares y también hay un lugar que se llama Río Tajo (sin ser río) en Talaván, Cáceres.

Con esto se ha de entender que los romanos escribieron “tagus”, probablemente porque les costaba mucho pronunciar y escribir “taedjo”, que es como pronunciaban los nativos toda esa gama de nombres.

Dicho esto, es momento de revisar raíces importantes como “ta, da”, que está relacionada con los cortes superficiales y con las superficies resultantes.

“Ta” es cada una de las caras de un “dado”, la definición de una tabla (“ta pla”) o la contundencia de una tajada de buena carne (“ta dja ta”). Es el origen de la talla y del taller; “ta” es el acto de cortar algo a favor de una superficie plana y “ta” es el resultado del corte; “ta” era un concepto importante para el hombre paleolítico: El hecho de dominar los materiales.

La parte final, “djó”, aún en uso en el lenguaje común, es la confirmación de un proceso, de una acción. “Djó” es cuando el pelotari pega a la pelota y “ama djo” (amago), golpe de madre, es la ficción, la teatralización de una madre que pega a su hijo, porque todo el mundo sabe que una madre “finge” cuando “sacude” a su hijo desobediente.

Así, nuestro Tajo y el Tejo portugués (y el asturiano) no son sino la confirmación de un río que corta paredes verticales y las trasciende como si nada:

Por eso en España y Portugal hay tantos arroyos, barrancos, coladas y collados con este lexema característico, porque a diferencia de otros países de perfiles aplanados, Iberia es el paradigma de los perfiles abruptos que tanto gustaban a los escritores románticos.

“Taedjo”, corta paredes.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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