Toponimia

Talavera de La Reina

El ser jubilado tiene algunas ventajas, como los viajes del Imserso.

Gracias a uno de los cuales, pude dedicar cuatro días de la primavera de 2017 a la Talavera toledana por la que había pasado mil veces y dormido dos, pero ni siquiera había paseado por los jardines de Nuestra Señora del Prado; siempre iba de paso hacia Extremadura o Ávila… menos una vez que en la propia Talavera se hubo de resolver un problema surgido entre palomas que se cebaban en un almacén de cereales y luego se iban a dormir (o a perchear, como decimos los ornitólogos) a una subestación eléctrica.

Y ahí, en el Prado, no en las palomas estaba una de las claves.

Talavera no es un nombre raro; aparte de una decena de Talavera “a secas”, hay barrancos, casas, cerro, montaña, casar, punta… de Talavera y también están la Talavera de La Reina, Talavera La Real, Talaván en forma simple o como barranco, arroyo, charca… Talaverano, hay al menos diez, Talave; hay un Pont d’en Talavera en el Francolí, Talavante, Las Talaveras y Los Talaveras (como dicen ahora los políticos memos), hay Talavazona, Talaveira en Galicia, Talaveras… casi un ciento si contamos las Talaveruelas… como “La de la vega”.

Todas las talaveras y sus derivados están en vegas, en zonas bajas, como ya su precursora “verá-berá”, sugiere, pero vayamos paso a paso.

Talavera de la Reina, tiene talavera y Reina… ¿o será larreina?.

Cualquiera que haya cogido la propaganda turística, sabrá que a la archiconocida Talavera de Toledo, a la de las torres Albarranas y a la del puente de ladrillo movido por las aguas se le añadió el apellido de “La Reina” porque en el siglo XIV, el rey Alfonso XI, regaló esta ciudad a su esposa María que venía de Portugal a hacer Las Españas.

Pero asómbrense los turistas, porque también hay explicación “real” para la Talavera de Badajoz, ya que según los historiadores, la muerte circunstancial en esa población de la hermana de Carlos V, reina de Portugal y Francia, hizo que en adelante se llamara así.

Debe de haber algún problema neuronal en nuestros cerebros cuando estamos dispuestos a creer bobadas semejantes, porque en todas partes (hasta en Bermeo teníamos un puente que decían ser “Erreñezubi” porque lo había cruzado la reina católica…).

Los sucesos efímeros son irrelevantes, no dejan huella.

“La Reina”, “Larreina” y otra docena de variantes homófonas, se encuentran por cientos en la toponimia española y francesa y no se refieren a regentas, sino a pastizales de mil características, variedad modal que los agrónomos o botánicos de hoy en día no podrían imaginar.

En un repaso superficial, he encontrado La Reina, voz sola y aislada, en nada menos que 38 casos y La Reineta, en dos.

La Reina, como complemento de acequia, alto, arroyo, azarbe, balsa, baños, borda, cabecita, cabeza, caló, campos, cañada, carril, casa, casas, casería, casilla, castellón, castrillo, cercado, cerco, collado, corral, corrales, cortijo, cuesta, cumbre, gamonal, el Serrat, Font, fortí, fuente, fuso, galería, hoya, la mala, la pilita, la rein, laurel, lavadero, llanarés, llame, lo de, loma, los espejos, mas, masía, matas, mina, mirador, molí, molino, monte, moral, nava, navallo, obaga, palacio, pasillo, paso, pedriza, pista, pozo, prado, puebla, puente, puerto, Puig, punta, rancho, senda, Serrat, siero, silleta, soto, subidero, talavera, teso, tierras, torre, tossa, vado, val, valle, vega, velilla, venta, Villanueva, villares… se encuentra en todos estos lugares y en más, ya que puede aparecer como “larrei…” y de otras maneras.

Alguien me dirá que es posible que alguna reina se asomara a un mirador o tuviera unas tierras, pero que se fuera a una acequia, a una galería o a un laurel, me parece disparatado.

También hay lugares graciosos, como uno en la bahía de Cádiz llamado “Meadero de La Reina”; es decir, donde la reina iba a mear.

Volviendo a Talavera, quien conozca esa zona del Tajo, sabe que el río Alberche se incorpora a la corriente principal una legua aguas arriba de Talavera y lo hace (lo hacía antes de las sucesivas presas construidas en el siglo XX) lleno de aluviones arrancados en las altas tierras de Ávila, arenas, limos y gravas que depositados en una gran llanura aluvial de cinco por dos kilómetros, tenía las condiciones ideales para constituir un enorme pastizal; más bien un prado fresco, ya que la masa de materiales granulares constituía un enorme acuífero superficial que en el siguiente mapa se ha rodeado de un borde verde.

En el extremo occidental del acuífero se construyó la muralla de Talavera y extramuros se dejó la zona romera en la que –seguro- que desde hace milenios se juntaban ganaderos que bajaban o subían a las sierras, mientas sus rebaños pastaban en el extenso prado donde luego se construiría la iglesia con la advocación de la Señora del Prado. Es también probable que la tradición de feria ganadera de Talavera esté relacionada con lo adecuado de su fresco prado para acoger ganados  y ganaderos.

“Larre in a” significa claramente “El gran pastizal”, donde “larr e, larr a” es el prado, “in” es su gran dimensión y “a” el artículo determinado.

¿Y Talavera?.

En un ensayo reciente sobre las Tarazonas de España, ya se hablaba de la familiaridad “tala-tara” y cómo este lexema (originalmente con “ele”), indicaba un estado de humedad o saturación evidente de objetos, materiales o terrenos.

Por otra parte, “veá, beá, verá, berá” cuando se sitúa en la cola de una composición, es un locativo muy preciso, que se refiere a las zonas de menor cota del entorno; así, “talá berá” está describiendo con rotundidad un acuífero cercano al río o al punto deprimido más cercano.

Esto quiere decir que –no poniendo en duda que “tala” en Celta, indique vertiente- no es coherente aplicar explicaciones generalistas, como decir que un nombre de lugar significa “vertiente”, cuando todo el mundo excepto algunas planicies extremas de Mongolia, están en una vertiente.

La toponimia exige más; decir que Talavera de la Reina tiene ese nombre porque está en una vertiente y fue propiedad de una reina, es como no decir nada: Todos los lugares están en una vertiente y cientos de reinas han pasado por todas partes. La Toponimia es una disciplina con mayúscula, no un acertijo de hipercultos de gabinete.

En la Toponimia intervino una gran riqueza conceptual y para desentrañarla hay que seguir pautas semejantes y recurrir a disciplinas que muchos ni siquiera saben que existen.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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