Toponimia

Toledo

El Tajo vuelve tras unos tramos apacibles a mostrar las querencias de su juventud y a encañonarse entre cortados de roca dura, siendo Toledo donde ensaya uno de sus últimos intentos de crear una isla de roca dejando a la ciudad en ella. Quizás en diez o doce millones de años lo consiga.

Sabemos que existía Toledo hace dos mil años, porque Tito Livio lo menciona como “Toletum”, pero este no era su nombre sino la versión latina, porque no hay en toda España ningún topónimo con esa forma.

Tampoco es muy frecuente-allende España- Toledo ni sus parientes fonológicos, porque aparte de Portugal, donde hay varios Toledo, en Francia solo existen formas parecidas como Tolieu o Toldre, en Italia, lo mismo, Tolentino, Tole, no habiendo nombres parecidos (al menos en la toponimia “mayor”) en el Norte de África.

Pero en la España peninsular son muy abundantes (mas de 300) los lugares con nombres iguales o parecidos y también lo son en Canarias, aunque existe la duda de si fueron anteriores a la dominación administrativa.

Hay Toledo  a secas (más de 10 lugares) y hay arroyos, barrancos, caminos, cantón, casa, cerros, charca, cid, coma, fuente, garganta, hoya, hoyo, loma, pared, llano, plano, puerto… de Toledo, pero también abunda mucho la forma Toledana y La Toledana, más aún que la masculina Toledano.

Pero también hay toleda, la toleda, toledán… y –como siempre hay rarezas-, hay un La Maté Toledo, un Vindoledo y hasta El Tuleu, estando en prácticamente toda la península, desde Galicia a Murcia y desde Castellón a Huelva, pasando por Huesca, Zaragoza, Gipúzkoa, Andalucía central y ambas Castillas.

Es un topónimo tan ubicuo como indefinido, porque del análisis fisiográfico solo se puede determinar que predominan las formas de modelado muy avanzadas, con cabezos recortados, cuyo mejor exponente es el de la ciudad de Toledo, pero también hay barrancos, muchos barrancos y arroyos, así como rocas aflorantes pero no muy descaradas.

Para contraste, también hay algunas llanuras; eso sí, con abundante pedregosidad y con aspecto de berrocales y lapiaces.

Lo que dice el mundo de la cultura con respecto al posible significado de Toledo, es nada, porque  la pasión les lleva a querer relacionarlo con el verbo latino “tolere”, llevar, sostener o con “tôllo”, levantar, izar, pero parece no satisfacerles y lo intentan con el Celta “telos”, deidad, lugar de decisión… y todo se queda en agua de borrajas, porque los nombres de los lugares no se asignaban así; eran previos a las intervenciones, ajetreos y delirios de los mandamases de las sociedades “avanzadas”.

Tampoco está clara su vinculación con el Euskera, si bien hay una raíz verbal, “tolé” que está relacionada con el hecho de arrancar, mecanizar, modelar, retorcer, doblar… un material (en referencia a personas se puede identificar con la tortura) o un espacio o terreno.

Desde ese punto de vista, los efectos de la erosión del agua en rocas duras por ríos de carácter torrencial y avenidas repentinas y de gran caudal, como el Tajo, dejan cortes profundos con relieves muy pronunciados por las caras que se enfrentan al río y con pendientes suaves por el lado opuesto, formas que han sido muy bien aprovechadas por las civilizaciones de los últimos milenios para edificar ciudades fortificadas, inexpugnables, pero también la multitud de barrancos y arroyos que llevan nombres asociados.

Desde el Euskera hubiera sido de esperar que fuera más abundante la terminación “eda” (extenso, generalizado), como en las “toleda” que se han mencionado. Así se podría sugerir que el nombre central habría sido “tole eda”, con el significado de “mecanizado extenso”, en referencia a las paredes machacadas por el río y que a lo largo de los milenios en que el Castellano y las otras lenguas que llaman “latinas” de la península, fueron definiendo su diversificación sexual, se modificó a “tole edo” en algunos casos en que los relieves se consideraban más “machos” y quedando “tole eda” en otros.

Si esto fuera así, explicaría el que el acusado relieve de las mesetas españolas junto con la estacionalidad de sus lluvias, haya creado tantos toledos, mientras en la llana Francia, apenas existen.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

1 Comment

  • Muy interesante como siempre, Javier.
    En el casco antiguo de Ubrique (Cádiz) existe la calle de Toledo. Siempre me había llamado la atención que la gente de allí la llama “er toleo” (el toledo). Y sabiendo que su forma es tortuosa desde la parte más antigua del pueblo bajando en una ese en cuesta hacía el río Majaceite, habría que investigar si el nombre de refiere a la ciudad castellana o si el nombre es mucho más ancestral y antaño hubo allí algún torrente (cosa probable en ese valle) que hubiera erosionado el terreno…

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