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Villasana de Mena

Villasana de Mena

Anteayer subí a Burgos por el valle del Kadagua y los Montes de la Peña con su Peña del Fraile me impresionaron más que otras veces. Al bajar ayer hacia Bilbao, ya venía rumiando una idea.

La comarca burgalesa denominada Valle de Mena, es la única porción castellana que tributa sus aguas al Cantábrico a través de los ríos Tudela, Ordunte y Kadagua.

Ya en el siglo XII se encuentra el nombre de Andrea Díaz de Mena relacionada con las casas nobles de Ayala, Velasco, Girón, Haro… y como en esa fecha no hay citas que mencionen “Mena” en la geografía, la tendencia de los eruditos es a relacionar el nombre del valle con el de la noble, como si fuera primero la persona y luego el lugar.

Otros piensan que es al revés aunque no se encuentren referencias a lugares; esto es, la voz “ména” no es algo raro en la geografía, pues en el territorio actual español se puede encontrar hasta en 431 ocasiones, cuatro de ellas en solitario (“Mena”) y otras muchas como “Altos, Acequia, Arroyo, Barranco, Camino, Casa, Cerro, Cotarro, Cuesta, Fuente, Hoya, Hoyo, Hoz, Lama, Mina, Nava, Pastos, Piedra, Playa, Río, Solana…” o con complemento de otros topónimos en lugares tan variados como Álava, Ciudad Real, Málaga, Teruel, León, Lérida, Almería, Mallorca, Albacete, Valladolid, Cáceres, Murcia, Navarra, La Coruña, Badajoz, Ávila, Tenerife, Zamora o Córdoba…

Además esa voz –que en vasco significa “mina”, se encuentra a veces indicando una mina, como en las imágenes que se adjuntan cerca de Villafranca de los barros (Badajoz) o en Teruel (Río Mena), donde hay evidencia de minería antigua, desconociéndose si el topónimo –que en vascuence significa “Mina, zona minera”-, tuvo juego en el apellido de Andrea, “cola” que en el territorio se encuentra también como complemento de pueblos o asentamientos, no solo en el Valle de mena, sino, por ejemplo, en Babia, León; (Mena de Babia).

Pero en el caso de Villasana, no es Mena lo importante, sino la primera parte del nombre; es decir lo que parece indicar ese nombre de Villasana, que los locales interpretan como certificado de lo saludable que es la vida en ese rincón cantábrico: Villasana.

Según mis amigos Meneses, la villa se estableció en época de reconquista en una curva del río Kadagua y debió de carecer de otro nombre que el genérico “Villa”, hasta que un gestor espabilado le colgó lo de “Sana” y así se fue llenando de gente que buscaba salud…

“Sana” tampoco es una rareza en la toponimia (hay una aldea llamada Sana en Cantabria), y es relativamente abundante como complemento de “Agua, Herba, Font, Fuen…, Fuente, Hoya… ¿Hoya?; si Hoyasana y Matasana, igualito que Matachana, porque “chana” tampoco es una rareza; no solo han de ser sanas las fuentes…

También hay una “Vila-Sana” en Lérida, pero parece ser más una alteración de “chana” (por la llanura del lugar, que allí mismo ha dado también en “Seana”).

Volviendo a Villasana, merece la pena ver cómo se plasma en la cartografía 1:250.000 y en las orto fotografías de Google Earth la impresionante curvatura que traza el borde del diapiro conocido como “Montes de la Peña”, con el centro en la población menesa.

Esto es –si cabe- más impresionante visto desde la circunvalación de este pueblo, a lo largo de toda ella.

Pongamos Villasana de otra manera; ¡sea “Bil atx an a”!, que viene a decir “la gran peña circular”, ya que “bil” es una de las formas de la redondez, “atx” es la propia peña, “an” el tamaño destacado y “a” el artículo.

¿No sería que el entorno ya se llamaba “Bilatxana” y cuando los colonos pusieron su primer asentamiento le llamaron como lo que correspondía al centro de tan distinguido accidente?

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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