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Barcinus versus Barselona

En un ensayo reciente sobre Barcelona, se planteaba que el significado de “esta” Barcelona, podía resumirse en “El buen sel de la barra”.

“Sel” es un término manejado en selvicultura en referencia a unos extraños círculos que suelen aparecer en ámbitos forestales (ver foto adjunta) debidos a usos del suelo ancestrales, usos que algunos postulamos que primero se ejercieron en las riberas de los ríos, solo que sus huellas han desaparecido por la intensa actividad humana de milenios en estos ámbitos 1, conservándose en zonas de montaña. Así, la “barra” se referiría a las acumulaciones de áridos en los laterales de alguna de las ramblas que en tiempo prehistórico bajaban de la Sierra de Collserola hacia el mar y uno de los seles merecería el calificativo de “bueno”, dejando su nombre a la ciudad que se fue creando allí.

También se hablaba de la expresión “laietana” y de los “laieskoi” y su posible relación con los surcos de las ramblas rectilíneas que bajaban de la Sierra de Collserola.

Se concluía el ensayo exponiendo que cabían otras explicaciones, porque nombres muy parecidos a Barcelona, hay docenas 2 y habría que analizar entornos y procesos sufridos en los mismos para ofrecer opciones distintas a las que dan la epigrafía y la historia.

Dentro de unos días ofreceremos una discusión sobre este tema entre dos miembros de Lengua Ibérica, uno, gran experto en epigrafía, historia, lenguas latinas e Ibero y otro (yo mismo) que baso mis ponencias en el análisis comparado de multitud de topónimos, en las raíces del Euskera descubiertas en los últimos cincuenta años y en el análisis geográfico y de vocación de los entornos en estudio.

Para ello, mi primera oferta es otra de las posibilidades de que el Barcelona mediterráneo, un lugar en el glacis en rampa al pie de la Sierra de Collserola que se extiende entre el río Besós y el Llobregat, no heredara su nombre de la actividad agrícola (Neolítico) y de esos círculos desaparecidos, sino de la cualidad de “marjal”, de zona costera inundable que abunda en todo el occidente mediterráneo y que en algunos lugares en que la costa emerge, se han ido transformando en zonas agrícolas riquísimas.

Este marjal actual es el padre de “El Marchal” que usan en Valencia (ver la imagen del Marchal de Pego-Oliva) y que ha dado nombre no solo a la ciudad francesa de Marsella rodeada de marismas, sino a las huertas baleares de Marsella (en la foto) y Marselleta cerca de Portocolom en Palma, donde aún quedan vestigios verdes y acuosos del antiguo marjal y a otros muchos lugares, además de quedar en el Vasco como “martzel”, zona fresca y fértil.

Incluso tan al occidente como Galicia (Pontevedra y Coruña), hay sendas aldeas llamadas Marselle.

Puesto que la gran área de Barcelona es de las más modificadas del mundo, con la urbanización han desaparecido muchos de los topónimos originales, aunque entre nombres de barrios y calles se podrían rescatar algunos, así que se van a tomar dos o tres nombres “de casta” que han persistido, para analizar sus mensajes con un código distinto al que usan los hipercultos.

Sean el Monte Monjuich, el pico del Tibidabo y el gran barrio de Sant Andreu.

Los significados de estos lugares “están resueltos” por los sabios oficiales, que con pocas disputas (puesto que su piedra filosofal es muy limitada), concluyen disparates parecidos al de Barcelona y el señor Barkino.

No sabemos cómo fueron llegando los judíos a España tras su expulsión de la Tierra Prometida, pero parece ser que un monte tan singular como “Tsuiz” (“juich”), donde ya hubo poblados ibéricos y donde es evidente que su perfil destacado y su valor como atalaya harían de él un lugar destacado y conocido por todos, no tuvo nombre hasta que allá por el siglo XI se edificó un barrio judío en su pie y un cementerio en su falda. Según ellos, Montjuich significa eso, “Monte Judío”.

Estuve por primera vez allí cuando tenía trece años, me acuerdo cómo nos lo contaron y cómo al mismo tiempo nos explicaban el potencial militar de aquélla atalaya y me hice un lío porque para un niño, los judíos eran tenderos y prestamistas y no entendía su pluriempleo como militares.

En esta foto de 1860, Montjuich, “penetra” en el mar, no pudiendo cruzarse hacia el Sur por su pie; desde entonces el Puerto de Barcelona y otras infraestructuras, han creado una amplia plataforma artificial de casi un kilómetro de anchura, que hace difícil entender lo que este monte fue anteriormente.

Ahora creo que ha sido una grafía endemoniada de siglos (a la que finalmente la ortodoxia catalanista le ha quitado la hache) la que aparte de añadir la prótesis “Mont”, ha alterado tanto el nombre original, “Tsu eiz, tsuiz”, que nos ha privado de cualquier pista. Según el Euskera arcaico, su nombre sonaría algo muy parecido a la república helvética cuyos montes son parte de su emblema, “Suiz a” 3, significando “Monte precioso” a partir de “tsu”, galante, bonito, ordenado, distinguido… y “eiz”, promontorio, aunque no se pueden descartar otras explicaciones, como que tuviera que ver con otra voz perdida, “güix”, significando cavidad, refugio, cueva hermosa.

La denominación sobre cuestiones estéticas no es rara ya que en España se cuentan una veintena de Montes “bellos o hermosos”.

Con el Tibidabo pasa algo parecido; en este caso han sido los agentes eclesiásticos los que han entresacado de los Evangelios y de la oferta del propio diablo a Cristo traducida al Latín, “tibi… dabo”, algo así como “te daré”: De locos, pero que el ámbito cultural ha tragado y divulgado con gusto.

Conviene saber que aparte del Tibidabo de Collserola en Barcelona, cerca de Torelló, en la margen derecha del Ter, hay un oterito cónico que también se llama El Tibidabo; que en el extremo norte de la Sierra de Fogueres, hay un cordel de unos 600 metros que se llama igual y que cerca de San Boi, hay otro montecito con ese nombre, estando el más occidental en plena llanura leridana del Noguera y Segre. Todos ellos puntiagudos y desafiantes.

No es Tibidabo un nombre abundante, pero si que se presta a otras explicaciones desde el Euskera, concretamente el que todos los tibidabos acaben con un pico muy pendiente (como los picos llamados “Gurugú”), recuerda una sentencia de los montañeros que suena “tipi tapa” y que sugiere que se avance con pasos y ritmo comedido para hacer cima. No es abundante, pero en Marruecos hay un monte llamado Tibiane y en Bretaña, una isla, Tibidy.

También es posible que a partir de “tip, tib”, que equivale a maligno, odiado e “ida”, aspecto, pinta, rematados por la terminación “o”, de grande, hace “gran pinta de malo”, “Tib ida (b)o”, cuestión que podría tener enlace con las numerosas leyendas de nieblas y tormentas que se gestan en su cumbre, brujas, dragones y maleficios que se originan también en el pico más alto de Collserola.

Por cierto, La Serola son sendos barrancos, uno en Miranda de Arga y otro en El Pallars Jussa de Lérida.

El barrio de Sant Andreu, coincide con el último tramo de la margen derecha del Besós, zona totalmente urbanizada y de la que ya solo queda un recuerdo de los inmensos arenales que la componían: la estación de Sant Andreu Arenal y, tal vez el trocito de muestra de arenas que ha salvado el Parc de La Pegaso al rescatar el suelo que había bajo la fábrica y recrear un brazo de agua (otra vez seco).

Por supuesto que la cultura oficial recurre a San Andrés aún sabiendo que el hermano de San Pedro marchó a evangelizar las tierras orientales, cuando “Sant Andréu”, suena casi idéntico al “Santander” de Cantabria y ambos están relacionados con bancos de arena inmensos, uno muy grande y el otro, grande y hermoso y ambos se han relacionado “oficialmente” con el primer apóstol por las ansias de los hipercultos de fijar esa cultura de la que viven.

Es que “sand, sant” es uno de los tipos de arena depositada en bancos, “and” es una de las formas de grande y “u” otra variante de tamaño superlativo, así que el barrio antes fue un gran arenal como dice la estación del metropolitano.

Hay otros muchos nombres que pueden y deben ser analizados: Sants, El Carmel, Artigues, Besós, etc.; es decir, hay trabajo.

1)La popular “parcela” de labrantío que nos dicen que es préstamo del Francés “parcelle”, parece más bien formada por “barr”, ribera y “sel a”, el sel, esto es, sel de ribera.

2)Numerosos nombres compuestos en España que llevan “Barcelona” y parecidos, Barcelonne, Barcelonnette, Barcillonnette, en Francia e Italia, así como Barsillones, Marsella, Marselleta, etc.

3) Los sabios suizos andan igual de despistados que los españoles, creyendo que su país significa algo tan peregrino como “chamuscado”, cuando su significado es “Bellos montes”.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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