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Basilio y Basilisa

Basilio era un soldador especializado en el aluminio que yo admiraba en los años sesenta: Entonces, para soldar el aluminio, hacían falta dos operadores que trabajaban “enfundados” en una vestimenta aparatosa cuya careta iba sujeta en una corona, algo como lo que luego llevarían los astronautas. Uno llevaba la “masa” y el otro, la tenaza “positiva” y una larga varilla de aluminio para aportarla a la “costura”.

Se conectaban a la maquinaria con gruesas mangueras que llevaban varios tipos de corriente, gas argón y un circuito de agua para refrigeración… Era lo más del momento.

No conocí Basilia alguna, aunque sí una Basilisa que creo que era la versión castellana de Santa Basilisa, esposa virgen de San Julián.

Esto viene a cuento de que en los últimos meses he encontrado varios lugares que llevan los nombres de Basilio y Basilia y tengo la sospecha de que no se refieren al Obispo Basilio ni a la santa mencionada, sino a entornos en valles o vaguadas, donde en tiempos se acumulaban los aluviones arrastrados por arroyos, torrentes, ríos e incluso glaciares…

Tomando “basi” como morfema central que en Euskera actual significa algo así como “barrizal”, hay un generoso surtido de variantes como “vasi, baci, vaci…”, morfemas que en España producen cientos de nombres de lugar y apellidos, pero que también aparecen en países cercanos; por ejemplo, en Francia, donde parecen estar relacionados con “basin” que es una cuenca, voz que también recoge el Inglés y que suelen explicarnos como derivadas de una supuesta voz latina, “baccinum” que no está acreditada y que dicen que sería una especie de bol para amasar.

Tampoco se puede descartar que series como -la recién estudiada- “veci, vesi, ves, beci, bezi, besi y bechi” para las que se sugería la filiación respecto de “bae eze” (suelo húmedo), pudieran también derivar de “basi”, barrizal.

En cuanto a la práctica de la hipercultura de forzar a que toda voz derive del Latín, merece ser rechazada de entrada por sentido común, a menos que los razonamientos paralelos muestren una clara evidencia. En el caso concreto del “bacinum”, antes de que las civilizaciones asentadas crearan ajuares y utensilios, sus sagas que habían conocido el mundo, sus formas, procesos, montes, valles y llanuras ya debían de tener nombres para cada fenómeno, sin esperar a buscar similitudes con objetos de cocina o dormitorio que llegarían milenios después.

La coincidencia de una gran parte de topónimos de esta familia en zonas bajas de valles, en lagunas, marismas, pozos y fuentes, recomienda analizarlos para –en principio- confirmar o descartar que haya relación con los santos citados o con antropónimos recientes y –a continuación- revisar la geo e hidrología del entorno, las formas del relieve, la edafología y los usos del suelo, para identificar posibles procesos hidráulicos conocidos o incluso advertir de otros desconocidos hasta ahora.

Como ejemplo inicial, se propone un lugar en las marismas del Guadalquivir que aún se llama “Laguna de Basilio”, donde la infraestructura y las prácticas agrarias han borrado las señales de cauces, lucios y pozas, pero el mensaje es claro y entre otros hidrónimos como “gallega, pozo, pocil, caño, veta, laguna…”, “basillo”, perfectamente podría entenderse como el complemento de una pequeña laguna: “Hueco del barro” a partir de “bas”, barro y “sillo”, hondonada.

En el Norte de Murcia, cerca de Caravaca de la Cruz, hay una sierrita de la que parten varios arroyos con rumbo convergente, uniéndose antes de llevar sus aguas a otro mayor que llaman Sangrador o Rambla de la Vida; el mayor de ellos se llama Arroyo de Basilio. Justo la zona de encuentro se llama Los Tarquinales, gran plano inclinado consecuencia del solape de los conos de deyección que esos y otros arroyos, han creado con los aluviones arrastrados, imagen de portada.

 

Tarquín es una acepción muy usada en obras públicas para llamar a un producto de arrastre de las aguas que resulta más fino que las zahorras y antes de las láminas elastómeras era usado profusamente para colmatar grietas y poros en presas y canales de tierra. La oficialidad dice que su nombre viene directamente del “Árabe Hispano”, “tarquim” (amontonar), pero lo cierto es que en el Árabe oficial y en el Marroquí los productos del arrastre se llaman “dekken” ó “arram” y ese tarquín parece más cercano al arcaico “darra kin”, donde “darrá” es una variante de “garrá”, arrastre y “kin” es el producto obtenido.

El caso es que Basilio como arroyo vuelve a formar parte de un proceso de decantación.

Cerca de la confluencia entre el Órbigo y Esla, hay un lugar-en plena llanura aluvial- transformado por los regadíos que se llama Los Basilios, nombre que los antropologistas no dudarían en asignar a un padre y su hijo, o a dos amigos llamados Basilio, pero que quienes repasamos la transformación del lugar desde una especie de manglar terrestre o jaral encharcado e impenetrable al borde de un denso bosque galería hasta la huerta actual, algo nos dice que la mayor parte de los nombres llevan el mensaje de un proceso que los caracteriza muy bien y que deja señales a largo plazo.

Este nombre se repite en una de las infinitas “sigmas” del río Cabriel, donde a lo largo de las interminables curvas se alternan barras cultivadas con otras frecuentemente inundadas o “bas sillo”, algo parecido a un lugar cerca de Ledesma en el Tormes, donde permanece en seco la Fuente de los Basilios, mientras la cola del embalse ha inundado La Poza cuyo nombre se conserva, quizás la mayor de un conjunto de pozas que dio el nombre a la Fuente.

También hay resultados graciosos, donde “basilio” surge por casualidad (no relacionado con el barro) como sucede en la Peña del Tío Basilio cerca del Ayllón de Guadalajara, aunque sean ya tierras burgalesas, donde “toba sillo”, gruta tobácea, ha tomado un nombre mucho más aparente, o en Tenerife, donde Vista Cho Basilio, puede ser la alteración de “coba sillo”, el abrigo de la foto siguiente.

“Vasi” con uve es menos abundante, aunque hay casi cien situaciones en que se presenta, algunas curiosas como el Arroyo de Vasin en los montes bercianos, que en su confluencia con otro arroyo mayor, conocido como La Silvarina, debía formar un delta o laguna señalada en rojo, cuyo recuerdo se ha perpetuado en la ladera y el monte que la dominaba y cuyo fondo son ahora las únicas tierras de cultivo del entorno.

 

Con “vasi”, también hay una buena representación con varios arroyos, barrancos y balsas llamadas “El Vasito” o formas parecidas como el arroyo y charca de El Vasillo en el alto Júcar.

“Baci” presenta una frecuencia parecida, recordándonos a la bacía de Don Quijote donde los barberos untaban la brocha, mostrando la mayor densidad en el Val D’Aneu en el alto pirineo con una serie de “Bacivér” o en Panticosa con los ibones de Baciás, pero con representación en todos los husos de la península.

“Vaci” exhibe varios “vacia…”, algunos plenos de humor, como Vaciabotas, Vaciazurrones, Vaciacámaras, Vaciacorreos o Vaciacubas, con aparente sentido, entre otros absurdos como Vaciacos, Vaciagorfa, Vaciatobas ó Vaciaquillo, en mayor número que la variante “vacía”, que repite algunos de los nombres átonos, siendo difícil de entender porque los consejeros académicos han decidido tilde en algunos casos como en La Antigua Cantalavacía cerca de Medina del Campo, donde aún hoy en día hay un pozo de regadío que se surte de un acuífero puntual.

Si los “basilios” son frecuentes, no ocurre lo mismo con “basilia y basilisa”, relacionables con lugares en que el suelo pudiera ser de barro plano, “lisa”, a diferencia de “Basilio”, donde había huecos o pozos.

Ambas escasas, las primeras aparecen con igual frecuencia en singular que plural despertando la curiosidad cuando sucede en lugares como el Cortijo de las Basilisas, en la periferia del conjunto endorreico de La Lantejuela en Sevilla, rodeado de hidrónimos como La Gallega, Arroyo de La Gallega, Cerro de las Monjas, Turquilla… que nos hace pensar de nuevo en el barro.

En cambio, en singular, aparecen como “Basilisa”, por ejemplo en un barranco que está en el límite entre Castilla La Mancha y Andalucía, en otro manchego de la Sierra de Malagón, en un tercero en los Calares del Río mundo y como contraste, al borde de la Plana de Muel, Zaragoza.

Santa Basilisa, acompañando a San Julián, está en cuatro iglesias, todas ellas en el Norte de Palencia y Burgos, siendo probable que la advocación surgiera por la presencia previa de topónimos parecidos a uno o a los dos santos, que los misioneros transformaron eficazmente en referentes mártires, animando a los lugareños a construir sendas iglesias en la confianza de que el matrimonio de santos les premiara con buenas cosechas.

Con este repaso superficial, se consolida la percepción inicial de que los nombres parecidos a Basilio y Basilisa, no se originan por referencias a estos santos, aunque es indudable que en los primeros siglos de la cristianización, los misioneros aprovecharían cualquier parecido a los nombres de su reciente lista de Martirologio para confirmar sucesos maravillosos y justificar los nombres –que perdida en gran parte la lengua vernácula- ya eran inexplicables para los oriundos- como mensajes divinos que llegaron milagrosamente.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

4 Comments

  • Hola Javi,
    Resulta muy gracioso ver lo que han escrito sobre el topónimo de Rivas Vaciamadrid en la wickipedia:
    Vaciamadrid procede del árabe Faḥṣ Maŷrit, que significa «campo de Madrid».
    Muchas gracias por aclararnos cuál sería su verdadero origen etimológico.

    Saludos

    • Los disparates están a la orden del día, porque nadie ha puesto en su sitio a quienes intervienen en lo público sin el mínimo soporte y crean en la gente una especie de vacuna que les «protege» de querer saber más. Forma parte de una intoxicación cultural de la que hay datos desde Lebrija y que se multiplicó en la Ilustración, pero que seguramente ya se practicaba por las élites desde la caída del imperio romano.
      La conjunción de los ríos Manzanares y Jarama (especialmente en la parte del Jarama) a los pies del morro del Piul, era ya a mediados del XIX de cuando he conseguido planos, una zona pantanosa donde había restos de paleo cauces como la llamada Madre Vieja e infinidad de nombres que indican ese estado, como Los Charcos, varios Soto, La Poveda, Lagunas de las Madres, Lago Cotos, Casa de la Isla y hasta un nombre, Las Cuarenta, que ahí no tiene sentido y que creo que es alteración de «Lakua arrenda», algo así como «lago productivo».
      Hoy en día muy alterado por la extracción de áridos, tiene una dinámica «léntica» diferente de la anterior, pero que guarda muchos nombres antiguos.

      • Y es curioso el caso de Basilea, en Suiza, una voz cuyo origen etimológico nadie acierta a adivinar. Claro, los romanos la llamaron Augusta Raurica, por lo que no les encaja a los latinistas; ni tampoco a los germánicos.
        El primer documento escrito aparece en el año 374 con el nombre de Basilia, lo cual encaja perfectamente con lo que tú nos has explicado sobre el origen de esta voz.
        Basilea se encuentra en un recodo del río Rin, en una hondonada donde antiguamente pudo haber existido un fangal (basi + sillo-a). La actual trama urbana hace muy difícil comprobar este dato, pero nos ha quedado el nombre.

        • No solo en Suiza, porque en Italia también hay más de una Basilea, Basiliano, Basilico y la región de Basilicata. Nos cuesta hacernos a la idea, pero debió de haber una sociedad paleolítica muy movil y con una gran solidez argumental, que llamaba a los lugares según sus peculiaridades. Una suerte que el Euskera que yo llamo «liofilizado», haya podido volver en parte a la semántica de una lengua parecida que debió hablarse en todo el continente.

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