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Cerro, parte 2

Lo que se describe en esta segunda parte del artículo sobre la voz “cerro”, son apenas unos avances sobre el tema de la ganadería en épocas prehistóricas e incluso en otras no tan lejanas que tradicionalmente se han despachado con dos párrafos pero que merecen un estudio profundo porque se tiene la certeza de que el arte del manejo de grandes rebaños aportaría claves definitivas para entender cómo se han resuelto los problemas de la humanidad (principalmente la alimentación y el uso ordenado y respetuoso del territorio) a lo largo de milenios.

 

Aparte de la inmersión en la cultura de pueblos ganaderos recientes en áreas subdesérticas, se trata de recoger innumerables voces antiguas que perduran en Euskera y Castellano, principalmente voces que pueden referirse a lugares de concentración y pernoctación (como cerro, cerrada, ejido, castro, burgo, briga, etc.) así como nombres de prendas, aperos y material auxiliar, recurriendo tanto a referencias orales vascas, como a los interesantes Atlas Lingüísticos.

 

Es posible que de las crónicas y referencias clásicas puedan sacarse datos a los que nunca se les ha dado importancia, pero es en otros yacimientos no trabajados, donde hay infinidad de información para una aproximación: La Toponimia, los Mapas de Vegetación Potencial, los de Aprovechamientos y Cultivos, las Rutas Pecuarias o la Cartografía general  en todas sus versiones.

 

Para comenzar, valga un ejemplo de la versión topográfica de esta última clase.

 

Se ha tomado una imagen del Mapa ¡:25.000 del municipio segoviano de Ortigosa del Monte, donde en un mar de parcelas rectangulares de un promedio de 5 Has. (típicas de explotaciones agrarias), predomina una de formas redondeadas que tiene 90 Has. y que en su interior muestra otra menor, de alrededor de 30.

 

El lugar se llama El Ejido, está a 1 km. de la Cañada Real Soriana Occidental y ya antes de ir al terreno, solo con esta información, un investigador ya tiene material para comenzar a indagar el porque de su localización, de su forma, de la reducción (o ampliación estratégica) de su tamaño…, de técnica de la fábrica de sus cercas, incluso una arqueología “extensiva”, se podría concretar que ese par de círculos debió de ser uno de los infinitos descansaderos que cuajan las vías pecuarias, un punto para comenzar a calcular tamaños, composiciones, destinos… de los rebaños.

 

De paso, cada vez que se analiza cartografía, hay oportunidad de desarrollar investigación etimológica. Aquí, por ejemplo, se ve claramente que Ejido no se corresponde con la definición oficial de que procede del Latín “Exitus”, salida, sino que se adapta exactamente a la explicación desde el Euskera “esi tu”, donde “esi” es el concepto de cercado físico y “tu” es la plasmación física, viéndose claramente que no hay nada de “salida” en un cercado redondo que tiene esa forma (como los cosos), por pura economía de materiales, muro que ejecutado hace milenios con materiales locales, aún sigue en pie como se ve en la imagen tomada de Google Earth.

Ejidos, cerrados, dormideros abiertos o cercados de espino, etc., debieron ser abundantísimos a lo largo de cañadas, cordeles y veredas y si se llegara a su localización y evaluación masiva se podría tener una imagen del volumen que tuvo la ganadería.

Se está preparando un gran trabajo basado en Sistemas de Información Geográfica que partiendo de trazados de Cañadas, Veredas, Coladas y Cordeles y mediante la técnica “Buffer” y consultas sobre clima, suelos, pendientes, cota, fuentes o pozos, etc., determinará la disposición de estos elementos, sus funciones e incluso volúmenes pecuarios e infraestructuras económicas asociadas.

 

De momento –y como se verá con unos ejemplos-, hay indicios para pensar que la ganadería extensiva y migrante fue durante milenios la base principal de la economía y el avance de la agricultura no fue algo fulgurante, sino que llevó milenios de avances y retrocesos y no fue hasta la era industrial cuando hizo de la ganadería una actividad subsidiaria suya.

 

Antes de analizar someramente estas voces propuestas, conviene decir algo más sobre el cerro que quedó conservado en el Castellano, pero que se parece mucho a otra voz vasca actual, un sustantivo además de un tiempo verbal: “Zerratu” es el acto de cerrar, pero también es un cercado, una versión menor, portátil o desmontable de “esi”, cerca mayor, incluso muralla.

 

El ganado ovino, porcino y vacuno, tiene una gran aversión a saltar sobre una zanja o a bajar un escalón elevado, peculiaridad que ha sido aprovechada por los pastores para confinarlos en lugares llanos y sin vegetación o piedra, en los que se cava una zanja circular, dejándose solo una puerta de acceso y salida.

 

En muchos cerros, el resalto se da de forma natural en toda la periferia, tanto que incluso el acceso a la cumbre suele precisar ser rebajado. En otros casos, esto solo es parcial, actuando los pastores en las zonas menos abruptas, para crear un escalón y lanzando los escombros pendiente abajo y desanimar no solo al ganado, sino a posibles predadores que son fácilmente descubiertos por los perros. Esta acción ha ayudado posiblemente a que las voces “cerro” y “zerra” se confundan, dada la equivalencia de formas y función; no en balde hay en España una docena de “Alto de la Cerrada” y casi 400 cerros denominados “Cerrada”.

 

Los cerros eran aptos para confinar ganado durante periodos breves sin necesidad de edificios.

 

La historia del topónimo Castro, tampoco es baladí.

 

Lo oficial es absurdo. Lo considera una derivada del “Castrum” del Latín, un extenso campamento para todo un cuerpo de ejército, construido “ex profeso” en alguna zona llana y bien comunicada, con carácter  “semi permanente” (algunos duraron siglos) con sus accesos, murallas, traída de aguas, calles ortogonales, edificios y barracones…, lo que Covarrubias llamaba a principios del XVII “Real Lugar”, vamos una ciudad militar.

Absurdo, porque la fiebre  de los humanistas por referir todo al Imperio Romano, llevó a calificar a los infinitos castros monteros como reproducciones de los Castrum romanos y a dar un sentido bélico a numerosos lugares llamados así que mostraban ruinas cuando con la Ilustración y el Romanticismo, la excavación arqueológica se transformó en una actividad distinguida.

 

Absurdo, porque topónimos que llevan “castro” en su nombre, hay cerca de 4.000, distribuidos por toda España, con mayor densidad en las zonas de topografía de “relieve” y en las zonas septentrional y occidental, pero que llegan hasta la costa de Tarragona y de Cádiz y es impensable e imposible que se construyeran campamentos castrenses en lugares remotos y sin interés militar alguno. Muchos de ellos se encuentran muy cerca de los cañadas, veredas y cordeles que atraviesan España en el sentido de los meridianos.

 

Valga como ejemplo “El Castro”, un cerrito, casi un mojón de referencia a medio kilómetro de distancia de la Cañada Real de  Pedrosa a Hornachuelos1, en  el Norte de Sevilla, un lugar fácil de reconocer en un mar de montes, donde además de pasto y agua, hay facilidad para concentrar y mantener compacto el ganado durante periodos breves.

 

A veces complementa a castros y otras zonas prominentes el calificativo de “Cogota”, siendo especialmente interesante el Castro de la las Cogotas en Ávila, que se halla a tres kilómetros de la Cañada Real de Ganados, del que Juan Cabré que dirigió excavaciones en los años treinta dijo que sus estructuras sugerían una importante función ganadera, como lugar de concentración, mercado o similar, la misma sensación que tuve en 2018 al visitar el Castro coruñés de Elviña.

 

Castro y Castillo (Kastil), comparten el comienzo de su cuerpo, “kax, kas”, construcción, obra de fábrica, difiriendo en la parte calificativa, donde “tro” indica diseminación, extensión en el espacio y “til”, condición de verticalidad, altura, aspecto erguido, colgado.

 

Los castros no eran cuarteles militares, sino puntos generalmente elevados, de pequeña dimensión y con disponibilidad de materiales (piedra) ideales para construir edificios y recintos adecuados para estancia indefinida de personas y animales.

 

Burgo…, Burga…, Burgue…, Burgui…, son topónimos relacionados también con elevaciones (“bur” , lo alto, ha dado origen a “mur o”), aunque no tan abundantes, pasan de 600 lugares en España y con representación en Francia, Italia y Portugal, que –en general y en origen- nada tienen que ver con ciudades o grandes poblaciones, aunque es bien sabido que las zonas elevadas y con agua han sido durante mucho tiempo preferentes para el establecimiento por su seguridad, salubridad y dominio visual.

 

Finalmente, el caso de Briga es igualmente escandaloso porque siendo prácticamente inexistente en la Toponimia (solo hay un Lugar llamado La Briga en una cima remota de la Sierra de la Culebra en Zamora y otro predio  indiferenciado que se dice Lebriga, en Pontevedra), se ha tratado a partir del Romanticismo y la incursión del mundo celta, como sinónimo de cuartel a partir –principalmente- de citas en el Itinerario de Antonino2, de las que no hay certeza de que ninguna de ellas haya sido localizada, ni siquiera que hayan existido con esos nombres.

 

La mayor parte de los nombres parecidos que se han conservado en el terreno, tienen que ver con “abrigo” y con la actuación que se ha referido en los cerros, donde en la corona superior se intensificaba la pendiente, con lo cual las alimañas que pudieran atacar al ganado, los posibles cuatreros o enemigos, tenían que superar “dos cuestas” (“bir igo”), la propia del cerro y la creada artificialmente.

 

No es de extrañar que esta técnica se aplicara en el futuro al arte de la guerra y que las “brigas” europeas respondan a esa morfología.

 

Como resumen, el manejo de grandes contingentes de ganado exigía grandes conocimientos de geografía, meteorología, producción agraria, sistemas de defensa, dominio de otras mentes, etc., todo lo cual fue aprovechado cuando llegaron las épocas de dominio bélico.

 

 

 

1 Muchas vías pecuarias han sido ocupadas por carreteras, pero se reconocen porque en cartografía llevan –a tramos- unas líneas de puntos que lo advierten.

2 Amallóbriga, Arábriga, Arcóbriga, Augustobriga, Calabriga, Caesaróbriga, Celióbriga, Celtóbriga, Conímbriga, Deóbriga, Eberóbriga, Eburóbriga, Flavióbriga, Julióbriga ó Lulióbriga, Lacóbriga, Miróbriga Turdolorum, Miróbriga Celticorum, Mirobriga Vettonum, Nemetobriga, Nertobriga, Segóbriga, Talábriga, Tongóbriga

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

3 Comments

  • La verdad es que nos tenéis derrotados por qué cada uno de los toponimistas en los que confiamos nos dais cada uno una versión sobre briga. Además todas ellas son lógicas, tienen buenos agarraderos en los formantes utilizados y cuando las leemos nos convencen. Por ello decimos que estamos derrotados porque no sabemos un cuál quedarnos. Cómo además es una palabra fundamental para los sustentadores de la mentira celta, les dais un gran argumento para decir que ni tan siquiera en algo tan clave sois capaces los vasco iberistas de poneros de acuerdo.
    Sobre el resto del artículo felicitarte porque salvo en el tema de el cuando estamos totalmente de acuerdo. Tan de acuerdo qué hasta el siglo 19 con las guerras carlistas en dónde en los ejércitos de ambos bandos se cargaron con buena parte de la Cañada existente entre el Duero y el Ebro, buena parte de lo que escribes me resultaba conocido por información familiar de, los González antes de que emigran desde la alta Rioja hasta Bizcaya. Sin duda la ganadería de grandes rebaños y sus rutas de trashumancia es un gran tema y desde luego base para obtener información sobre nuestro pasado apoyados en la toponimia que a lo largo de milenios que ha ido generando. Ya sabes que somos muy amantes de el papel y no tanto de esta máquina infernal por ello no nos importaría nada qué artículos como el de Galicia el agua o este mismo estuvieran recogidos en esos pequeños libros que no tienen gran trascendencia literaria pero si nos importan mucho a los que los utilizamos. Saludos

    • El análisis toponímico está aún muy lejos de ser una ciencia, pero llegará a ello a pesar de toda la riqueza perdida.De momento es un arte, para apreciar el cual, es necesario ponerse las gafas del Euskera y además, contar con otras disciplinas científicas, pero lo primero, es desprenderse de la cultura adquirida en la Universidad, porque es capadora de los potenciales de la gente, porque nos hace creer (en vosotros mismos se trasluce) que el conocimiento viene de la concentración que facilitó la agricultura neolítica y eso es radicalmente incierto.
      La interpretación funcional del mundo vino con la observación de los fenómenos y la continua visita de lugares nuevos.
      Un ejemplo. En cualquier enciclopedia veréis que la voz «cráter», se hace derivar de la vasija de ceremonias conocida como crátera, en un ejercicio cínico de imposición subconsciente, porque transmite la idea oculta de que los antiguos no pusieron nombre a los cráteres de los volcanes a causa de sus características, sino porque se asombraron al ver una crátera preciosa en alguna ceremonia y luego, al subir al Vesubio, de aquella boca bautizaron al agujero del que brotaba fuego.
      La cosa fue -entodo caso- al revés. «Garrá atera» que significa «salida de las llamas», se compactó a «grater» y «krater».
      Tengo miles de ejemplos en los Diccionarios Etimológicos Críticos del Castellano.
      No es un drama que no se den resultados iguales a los nombres. Yo llevo desde 1965 con este tema y en ese recorrido he rescatado cientos de raíces sin las cuales no se pueden ver bien los perfiles, solo se ve borroso.
      Saludos.

  • Ayer se nos olvidó comentarte una anécdota que nos parece muy interesante referido a como llegan a aprender animales que consideramos tontos como las ovejas pero que pese a los miles de años que los tenemos civilizados continuan con un gran sentido de libertad. En uno de los viajes a Noruega vimos que lo mismo que aquí además de la zanja en el camino qué accede a la campa de las ovejas se colocan raíles de ferrocarril por qué por lo general todos los animales son incapaces de atravesarlos y sin embargo puedes acceder con el tractor a la campa. En una localidad que visitamos nos informaron que las ovejas habían aprendido a salir del aprisco rodando sobre si mismas sobre los raíles del camino de entrada es algo que no resultó verdaderamente increíble y desde entonces tenemos por las diferentes razas de ovejas que conocemos un mayor respeto. No solo porque cada una nos daba un tipo de lana para hilar y luego teñir la totalmente distinta unas de otras si no también porque además y según los pastores son muy diferentes los comportamientos de unas y otras aquí en Navarra se ha cuidado bastante el mantenimiento de las razas primitivas no solo la latxa si no unas cuantas muy interesantes por su comportamiento tremendamente agreste y huidiza de los humanos.

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