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EHHE 1

(Euskal hiztegi historiko-etimologikoa)

Bajo este título y con numeración secuencial se van a publicar una serie de ensayos en los que se rebatirán las etimologías más notables que aparecen en el Diccionario Histórico-Etimológico Vasco, que la academia oficial Euskaltzaindía ha patrocinado y ofrece en Internet, obra inspirada en las teorías de Luis Michelena, actualizada por varios catedráticos de la Universidad del País Vasco y con los apoyos y colaboraciones que se irán delatando.

Es una obra que airea la explicación (procedencia del Latín en un 90%) de numerosas voces que componen los dialectos del Euskera, muchas de ellas del más interno corazón de la lengua y que se considera por algunos investigadores independientes como una muestra descarada del seguidismo de universidad, academias, sociedades culturales y demás gremios que dependen de estos entes o que están infectados o parasitados por ellos (editores, libreros, medios de comunicación, centros de enseñanza…) de los paradigmas tradicionales que marginan al Euskera, en lugar de abrirse a una investigación valiente, que causaría una revolución en el mundo del saber 1).

Triste síntoma de apatía, dejadez y olvido de una sociedad como la nuestra, que a los agravios intensos de siglos y décadas pasadas tratando de apagar nuestra principal seña de identidad, el Euskera, respondía enérgicamente como los remeros a la orden del patrón vigorizando cuanto ayudaba a la supervivencia para que no muriera y ante esta “inoculación subcutánea” permanece inerte como esperando a que el veneno la mate sin dolor ni convulsiones.

Esto me recuerda épocas pasadas cuando no existía el desguace y a los barcos viejos les abrían los grifos de fondo al salir remolcados del puerto a su último viaje y se les colocaba un ramito de laurel para que al llegar al borde del cantil se los tragaran las aguas para siempre suavemente.

Nuestra sociedad actual es inerte como no lo ha sido nunca.

Ya no nos turba aquella preocupación que durante el franquismo nos hacía pensar que el Euskera moriría sin remedio. Ahora tenemos un Euskara (hasta el nombre se le ha alterado sin saber lo que significa) que es una lengua administrativa reglada y uniforme de la que viven muchos, pero su sistema nervioso está muerto, –cada vez más alejada de sus raíces- ha perdido la alegría y espontaneidad de antaño y pronto no servirá mas que para la administración de un “Estado Frustrado”, siendo inútil para uno de sus principales potenciales: Ayudar a interpretar una Historia de la que solo tenemos las versiones de los pueblos e imperios triunfadores y una Prehistoria hecha de retales inconexos en la que falta el hilo que puede darle coherencia, el hilo de esta lengua que el poder nunca ha reconocido.

Que la universidad 2) ha dejado de ser el ámbito creativo y revolucionario que soñaron los pudientes ilustrados y se ha transformado en una agencia de colocación y en un crecedero de percebes es algo que lo sienten hasta sus propios elementos que siguen pedaleando en una bici con las ruedas desinfladas por el terror que les inspira la parada y un posible cambio de raíz de sus paradigmas rectores.

Desde que Bolonia formalizara la suya en el siglo XI, estos centros de administración del conocimiento han respondido al comercialismo como los mercadillos o “outlets”, transformándose cada vez más en centros de negocio descarado a la vez que la calidad de su verdadera misión, que debería ser la Investigación basada en las Ciencias y la búsqueda de la Verdad se degrada para transformarlas en nidos de parásitos que solo se preocupan de protegerse y proteger su “sistema” basado en la replicación, la publicación obsesiva aunque a nadie interesen sus “papeles”, en la copia, reproducción y defensa permanente de los paradigmas de base y en el abandono de esas dos misiones citadas: En resumen, “el abandono de la ciencia”.

Hay excepciones claras, quizás las primeras cincuenta del “ranking”, pero nuestra UPV-EHE no está siquiera entre las primeras quinientas de esa lista a pesar de que en los aspectos técnicos es buena. Esto quiere decir que en las cuestiones que se llaman “de letras”, “humanísticas”, estamos mucho más atrás; fuera de cualquier foco de interés.

Esto no puede extrañar al lector curioso ni al investigador independiente, especialmente si ha seguido las cuestiones relacionadas con la investigación y divulgación de nuestro mayor tesoro, el Euskera, conocido en el mundo como “Lengua Vasca”, un raro fósil viviente, cada una de cuyas piezas hay que estudiarla con las mejores herramientas, con el mayor cuidado, como se estudian los incunables, los palimpsestos o los hápax y no con el burdo sistema mecánico de las comparaciones contra citas puntuales en documentos antiguos de lenguas recientes 3) comparadas con el Euskera, como hacen los catedráticos “de moda”, que desde aquel nefasto Michelena miran por el microscopio sin quitar el tapón del ocular, así que lo ven “todo negro”.

Los diccionarios –y ahora la Wikipedia- son los escaparates para un vistazo rápido a cualquier cuestión de este mundo, pero en lo que respecta al Euskera, todos ellos llevan un retraso de más de cuarenta años y arrastran las creencias previas 4) que reforzó el Renacimiento, no liberándose de esos complejos castrantes ni siquiera los productos recientes como este flamante “EHHE”, soportado intelectualmente por varios cerebros de nuestra fallida “EHU” en su sección de letras.

Basta un repaso rápido por unas docenas de voces dotadas del superíndice que ofrece su etimología, para ver que la totalidad de esta obra adolece de algo que no puede fallar en el ejercicio científico: Parte de la probable instrucción dada a docenas de becarios de buscar en cualquier epigrafía disponible la mínima aparente semejanza homo fónica entre el Latín y su cortejo de romances con los Euskalkis tradicionales, para –ante la ausencia de escritos en Euskera que pudieran adelantarse y rebatir a esas fuentes-, dar por certificado que el origen no es vasco.

Una pena de recursos consumidos en la dirección contraria, cuando los elementos más inteligentes de este mundo de letras avanzan que “no venimos del Latín”.

 

La simple confirmación de tal “instrucción”, quita cualquier valor a una obra que ha debido de consumir docenas de miles de horas de jóvenes promesas que eran desviadas a realizar un trabajo vergonzoso si querían cobrar sus becas y si soñaban para el futuro, poder vivir de un trabajo bastardo como el de sus directores, aunque como los sargazos enganchados en un barco que ya citaba Rufo Avieno hace dos mil años frenaran su marcha y le podrían llevar al desastre.

Decenas de miles de horas, millones de euros públicos, la pérdida de la capacidad crítica de esos “ayudantes”, la colaboración de una academia decadente y la siembra cobarde de una nube de humo que dificulte cualquier debate y que proteja a una camarilla cada vez mayor de catedráticos, profesores y adjuntos incompetentes que el poder ha trastornado hasta el punto de que están creando una “realidad paralela”, siendo capaces de apoyar escándalos como el de Iruña Veleia, transformándose en “delincuentes pasivos” que con el apoyo de un sistema de justicia “afín” a la esencia de su “enrocamiento”, traicionan su verdadero deber como funcionarios públicos.

Todas las voces de este EHHE que he analizado son enviadas por nuestros sabios al saco de los préstamos con argumentos inconsistentes, erráticos, sin demostrar de donde salen los supuestos originales y sin usar el potencial del Euskera para explicarse. Una bazofia de la que en este primer ensayo solo explico dos o tres voces, –por atender a esa curiosidad, a la necesidad de ejemplos- que me piden los amigos y lectores.

La primera voz de este EHHE, es “Abade”, igual que la primera que aparece en los diccionarios de Castellano, “abad”, título que en los idiomas cercanos (Portugués, Gallego, Catalán, Francés, Italiano o Latín) ya no ocupa un lugar tan destacado, porque voces como “abacate (aguacate), aba (falda), ábac (ábaco), abbaiser (humillar), abbagli’ante (deslumbrante) ó abbacus (ábaco), le adelantan por los pelos.

Este EHHE, tras distraernos con docenas de citas insustanciales, llega en un alarde de inteligencia a la conclusión de que lo hemos copiado del romance de Burgos “abade” y por tanto la misma conclusión que el DRAE para este sustantivo: Viene de Siria.

Aparte del DRAE, los buenos diccionarios de Latín no pierden la oportunidad de saltar a Siria y al citar “abba-abbatis” latino, advertir que esa voz vino directa del Arameo, desanimando así sus autores a cualquiera que ose buscar en otro caladero.

El Arameo, quizás mejor, “los arameos”, son un cajón de sastre que nunca se han analizado con las herramientas que brindan las raíces del Euskera y que se usan como parte del cimiento original del Griego, Latín y del Indo Europeo en general y como coraza que defiende los paradigmas endogámicos que se referían al principio.

Con el dacio San Jerónimo se inicia la pista, cuando nos dice que en el Arameo que él usa 5), “abba” es el padre, nombre que a través de Bizancio llega al Latín con ese “abba-abbatis” y ahí se cierra la investigación, dando todo el valor del mundo a sus cartas, por encima incluso de la razón.

Las voces del tipo “abate” para designar a los curas o a los ministros de Dios son comunes en todo el occidente. En la península Ibérica, Portugués, Gallego, Castellano y Vasco le llaman “abade” y solo el Catalán le llama “abat”.

A partir de aquí, hay numerosas variantes en las cuales cambia la coda, pero no el comienzo: Los franceses dicen “abbé”, irlandeses y escoceses, “abb”, siendo los únicos que prescinden de las dentales y ya todos los demás varían desde “abt” hasta “apatti”, pasando por “ abat, abbat, abbate, abbati, abatu, abats, abatas, abade, abbas, abbed, abbot, aboti…”.

Para encontrar formas distintas hay que ir al Griego y alguna lengua eslava ( con “igoumenos” y similares) o al Rumano del Santo dacio Jerónimo, que tiene algo muy distinto y que suena “staret” con una “s” inapreciable.

La cosa es que la internacional indo europea quiere que el nombre venga del Este y para eso, todos sus miembros explican que todos hemos copiado del Arameo “aba”, padre, primero en el Griego “abba” y luego en el Francés “abbé” y en el viejo Sajón “abbo”.

Nadie da fe de donde procede la parte final de la mayor parte de las formas (“de, t”) en otros lenguajes y cierran la historia explicando que San Jerónimo el Dacio que sabía además de Latín, Hebreo, Griego y Arameo, así lo aseguraba en alguna epístola.

Aparecen dudas por todas partes, la primera, que en Rumanía precisamente, de donde venía Jerónimo, se usa la forma radicalmente distinta que se acaba de ver. La segunda, que en Griego, la forma de mencionar a sacerdotes o padres podía variar entre “igoumenos, papás ó pátera”, pero no “abba”. La tercera, que es muy raro que los más occidentales tengan formas más completas que las de los orientales de donde se supone que viene la idea…

Nadie ha consultando al Euskera, persuadidos de que es una lengua de un rinconcillo sin proyección en ninguna parte, pero deberían hacerlo porque esta lengua lo explica con nitidez sin cambiar en absoluto nada de lo que exhiben las formas ibéricas occidentales: “Ab a” 6) es la raíz principal con significado de parentesco y “de” es la idea de divinidad, así que “aba de” nos explica que la persona a quien se denomina así, es “el pariente de Dios”.

Es gracioso, pero los hijos de inmigrantes en Euskalherría hace cuarenta años, tratando de buscar un espacio intermedio entre el “papá” castellano y el “aita” vasco, llamaban “apa” a sus padres y –sin darse cuenta- posiblemente dieron con la forma vasca ancestral que prefirió ceder ante el poderoso “ai ta”, suavización del “aitx ta” (como aún se dice en la costa vasca entre Ondárroa y Bermeo), voz equivalente en su origen a “cortador de piedra, tallador de piedra”, personaje importante durante largos milenios paleolíticos (y aún mucho después) para recoger nódulos de sílex de calidad y dotar a todo el grupo de punzones, raspadores y cuchillos, tan afilados y eficientes… como frágiles.

 

Tallador y puntas de dorso rebajado de hace unos 25.000 años

“Aitx ta”, el personaje imprescindible del grupo, el que tallaba con destreza las herramientas y los útiles de sílex para los demás y al que se acercaban los aprendices para emularlo en el futuro, acabó llevándose el título de “padre” de la tribu y olvidándose el “ab a” original.

“Abere”, ganado, resulta igual de escandaloso.

Tras buscar alguna pista en cientos de citas de los últimos diez siglos, nuestros genios concluyen que el “habeo –ui –itum” latino, verbo relacionado con poseer o llevar algo, (desde una idea hasta una herencia, lucir un vestido, estar inquieto o creer en Dios) y su tiempo “habere” es lo que copiaron los tardíos pastores vascos de dos siglos antes de Cristo para llamar a sus reses a las que antes se referirían con silbidos o gestos de manos, ¡vete a saber!.

Estos rudos pastores podían haber copiado el “grex, gregis” para las ovejas y otro ganado menor o el “armentum” para el vacuno, pero, ¡qué va!, prefirieron la cursilada del “habere” y con ese préstamo se crearon infinidad de variantes que desde los enjambres de abejas (“aberaska”) a la mosca borriquera (“abeleuli”) al ganado lanar (“abelxee”), al pilón (“aberazka”), al verbo que se usa para el embrutecimiento (“aberetu”), a las bellotas (“abel ota”) y a unas sesenta opciones más hasta llegar a la voz reina, “aberatza”, rico, acaudalado, que –sin duda- ha sido la inspiración de nuestros maestros, quizás seis mil años antes de que los hablantes de una lengua parecida al Euskera se rieran de las élites pre romanas que estaban creando un idioma para consumo propio.

Un idioma que sonaba “mecánico” e impersonal al ser hablado, “lat eiñ” 7), falta de gracia en la sonoridad que desdeñaban, pero cuyos gestores acabaron vengándose con ocho siglos de terror que borró casi toda la variedad de la Europa sur occidental.

Esta propuesta de EHHE es un ejemplo más de “antirrazón” que se apoya-como todo el corpus humanístico- en una ensalada de paradigmas falsos, como que la ganadería fue un sucedáneo de la agricultura y, por tanto, del sedentarismo.

Radicalmente falso, la ganadería fue la primera actividad que aumentaba la productividad y rebajaba el esfuerzo con el cuidado científico del capital, esto es, la doma y el pastoreo inteligente del ganado, un paso de gigante respecto a la caza y la recolección. La primera ciencia, esto es, que el entendimiento de los procesos y los fenómenos naturales y su replicación y mejora por los humanos, antecedió por decenas de milenios a la agricultura , a los imperios y a Roma.

Las raíces del Euskera explican con rotundidad los detalles de este largo proceso y la toponimia de medio mundo confirma que los nombres de los lugares no son arbitrarios ni dedicados a dioses, genios, santos, militares ni catedráticos, sino que son claves para localizarlos en un mundo que ya comenzaban a dominar nuestros antepasados y que el Euskera es el único idioma capaz de explicarlas.

Pero el estado de estupidez que envuelve a las disciplinas de letras, no se detiene en los pirineos. Mediados los años 60, avanzado ya el Plan Redia de modernización de carreteras, el desfiladero de Pancorbo, cañada y antiguo lugar de paso de cientos de rebaños cada temporada, fue regalado por el ministerio de fomento con un espectacular conjunto de imágenes de cemento blanco. Fuimos en excursión a verlas y el nombre que más destacaba en el cartel de anuncio era el francés “Monument au bergier”, Monumento al pastor.

Entonces supe que “bergier” es pastor en Francés.

Una de las figuras del Monumento al Pastor de Pancorbo.

Las cátedras francesas, en lugar de humillarse “bajándose al vasco”, donde cualquier analfabeto de “los pirineos occidentales” les diría que “abere gier”, con una “a” inicial apenas perceptible por la aféresis significa “guía del ganado”, pastor, dan la vuelta al mundo para decirnos que “bergier” viene del galo imaginario “berbicem”, quizás acusativo del también imaginario “berbix”, copia de una cita en un diccionario de F. Gaffiot, “berbex”, que no es nada, alteración del “vervex” latino, una forma atípica de llamar a los corderos mucho menos frecuente que “agnus” (“añó”, mamón en Euskera, si, como las añas de leche).

¿Puede alguien independiente contrastar cual de las dos propuestas es más lógica?.

El pastor atiende a los corderos en algún momento, pero su misión es la de guiar y atender a todo el conjunto del rebaño: “Abere gier”.

No es menos escandaloso que el “agur” que es en sí mismo una raíz que dotada de una “a” epentética para evitar un sonido gutural inicial en un momento importante, significa encorvamiento que como metonimia se ha aplicado desde siempre a la reverencia de salutación de encuentro o despidida a otros humanos o divinos, haya que ir a buscarlo a la cantera de desechos del Latín, donde recurren al sacerdote o “augur” que se prepara para engañar a la plebe con sus “augurios” y sin más ni mas, sin que haya relación alguna entre un “agur” solemne del momento del encuentro o del adiós, pero que sobre todo es una reverencia, con el ejercicio descarado de pronosticar un suceso, nos dicen que “agur” se deriva de los agentes de aquel fraude que era el “augurium”.

 

No hay relación alguna entre la profundamente sentida reverencia vasca identificada con el encorvamiento ante el saludado y la actividad de los augures romanos que consultaban los pretores para saber si la campaña de latrocinio iba a ser buena o no.

“Gur” es una de las raíces que define la curvatura y está en voces como “gurpil”, rueda, creada por la combinación entre “gur”, curvamiento y “bil”, redondo, completo, como los primeros aros de mimbre para que jugaran los niños, está en los neologismos “gurdi” y “gurbil”, respectivamente, carro y barrica; en el primero por tener ruedas y en la segunda, por tener cercos, estando además en otras muchas voces derivadas, donde ha mutado la “g” por “b”.

 

No hay razón lógica alguna que enlace el “agur” con los “augures”.

Ni, seguramente para las casi 1.500 voces que llenan esta morcilla indigesta hasta llegar al disparate con que se cierra “zeru” como derivado de “caelum”.

Las contestaremos oportunamente, una por una.

[1] La primera pieza a sacar de la caja de los truenos sería el reconocimiento público de que el Latín no es la madre de los romances, axioma que trastornó toda la “cultura” desde el siglo XV.

[2] La referencia es únicamente a la parte de letras o humanística.

[3] El Euskera tiene una capacidad única en el mundo para cifrar la antigüedad de sus voces mediante el análisis etimológico desde sus propias raíces.

[4] Las posturas oficiales desoyen en lo territorial el rumor de los indicios abrumadores de una Toponimia Vasca hemisférica y siguen anclados en un debate sobre si nuestra lengua pasó o no la Sierra de la Demanda y el río Garona, mientras en lo lingüístico ignoran las 1,600 raíces rescatadas y cuando se sumergen en la Etimología, solo ven en ella préstamos de los vecinos.

[5] Hay y ha habido muchos dialectos arameos, según cual se use, padre se dice “aba, abal, athba ó atwha”.

[6] “aba” está en “alaba, neba, arreba, osaba, iseba, loba, ahaide (aba ide)…” hija, hermano, hermana, tío, tía, sobrino, pariente…

[7] La “lata” del Castellano, nombre que en la era del metal fue usurpada por las finas chapas de hierro que sonaban sin armónicos puros, lo mismo que el ladrar de esa lengua (“lat era”), fueron tomadas de “latá”, monotonía, sonido impersonal, como el de los frailes “latari” que leían versículos a sus hermanos durante la comida. No hay una vía clara que explique el nombre de Latín porque se hablara en el Latzio y cada vez somos más los que aseguramos que es una lengua sintética creada por los poderes para su comunicación.

 

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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