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La Muñeca en el Campo

Las muñecas abundan en la toponimia de España, pudiendo contarse hasta casi doscientos lugares, que con la muñeca a solas, con artículo, en plural o bien precedidas de localizadores como Alto, Arroyo, Baldío, Balsa, Barranco, Cerro, Collado, Corral, Cotarro, Fuente, Hoya, Navajo, Páramo, Pozo, Puerto, Rambla, Río, Sierra, Teso , Valle, Varga, Vega y hasta Remuñeca, ocupan sin prevalencia notable ni ausencias evidentes todas las regiones españolas.

Antes de echarse al monte es conveniente comentar algo sobre la etimología de las dos principales acepciones de “muñeca” (la anatómica y el juguete) que se usan profusamente en Castellano.

Ya para la primera, la articulación entre antebrazo y mano, los profesionales eluden cualquier pronunciamiento porque carecen de referente alguno y sin bibliografía no son nadie, no saben cómo empezar porque los vecinos tampoco aportan nada sólido: Los portugueses y gallegos la llaman “pulso”, los franceses “poignet”, los italianos y corsos, “polso”, los catalanes, “canell”, los rumanos “muena” y en latín se decía “carpus carpi”, quizás tomado del Griego “karpos”.

Los díscolos que hayan buscado en diccionarios vascos, los habrán cerrado enseguida, convencidos de que lo ofrecido, “eskutur, ukare, besamutur, esku-orpo…”, nada aporta y así anda la Etimología Nacional, perdida en un cajón de escritorio.

Parte de la culpa puede que sea del propio Euskera y sus hablantes, que disponiendo de expresiones insuperables, hemos cedido ante la la toma de sus precisos nombres por otros y han perdido ejemplos notables que los vecinos han conservado.

“Muñeka”, la muñeca de nuestros brazos es uno entre cientos.

“Mu” es la raíz del movimiento, la oposición a la quietud “eiñ, eñ” es la ejecución del verbo previamente tratado y “eka, ega” es un sufijo que indica adecuación, propensión, vocación… Así, “mu eñ eka” es una frase que describe una de las combinaciones más destacadas, uno de los éxitos de la biología animal en los cordados, que combinando huesos, articulaciones, tendones y músculos, hace de la muñeca humana un mecanismo que los constructores de robots han sudado para emular y no lo han conseguido.

La muñeca anatómica es un alarde de capacidad de movimiento que aplicado a las manos, ha sido la pieza clave para que el cerebro de los humanos haya llegado a dominar y –casi- a destruir el mundo.

La otra muñeca, la de jugar, no ofrece más luces que la primera.

Los latinos la llamaban “pupa”, parecido a los franceses, “poupee” y a los rumanos, “papusa”, pero lejos de la “boneca” de gallegos y portugueses o la “bambola” italiana. Tampoco hay mucho donde rascar en las lenguas germánicas donde “doll” de los ingleses se propone como una evolución de Dorothy (Dorotea), un nombre que se usaba en el ambiente familiar como si fuera un duendecillo…, aunque a algunos nos recuerda el “doe-doi” del Euskera, regalo.

¡Nada!.

Sin embargo, cosa rara, algunos autores (Corominas, por ejemplo) se atreven a decir que muñeca suena al “moño” o al “mun, muñ” del Euskera, sin osar ir más allá y decir qué pudiera haber de común entre una muñeca prehistórica de palo o pieles y un moño, muño, resalte o colinita…

Así como la otra muñeca hacía referencia a una funcionalidad (el movimiento articulado), se tiene la sensación de que esta muñeca nació de “moño”, el mismo moño que hay en el “demoño” (demonio, copia bastarda de lo divino) o en el moño de las damas de Baza o Elche, algo ridículo, un montaje, una emulación burda de los copetes de las aves.

Una imitación burda de un bebé.

Pero es obvio que las muñecas de los mapas no son ni la maravillosa articulación ni el juguete de las niñas prehistóricas. Algunos investigadores tampoco creemos que tantos nombres parecidos puedan ser debidos a la casualidad; tenemos argumentos para creer que están relacionados con procesos hidrográficos, con lagunas de varios tipos aún existentes o desaparecidas, pero cuya huella aún puede rastrearse.

Entre esos doscientos lugares, en solo apenas una decena está la muñeca desnuda de artículo y aún en algunos de ellos, según la cartografía usada, aparece con o sin él, como en este lugar de la Bureba, donde ni los elementos hidrográficos (aunque hay evidencia de actividad hídrica) representados ni los nombres coinciden, caso que recomienda  tomar como válido “el suma sigma” de todos, aceptando como mejor el más completo, en este caso el que muestra pozos, fuentes y arroyos y el que dice «La Muñeca».

Según este planteamiento, en muchos de ellos, la forma original debió de ser “lamuñeka”, contracción de “lam une eka”, algo así como sitio propenso a las “lamas” o lagunitas. Pero quizás no en todos, porque lugares parecidos a Muñeca hay muchos: Muñalén, Muñalva, Muñegre, Muñequillo, Muñez, Muñó… y en ellos no hay claros hidrónimos y sigue persistiendo la incógnita.

Esta condición que se repite para nombres en otros sitios obliga seriamente a plantear que lo más probable es que el nombre original fuera ese “lamuñeka” y que a lo largo del tiempo, la paciente y destructora acción de la cultura oficial, haya segregado el comienzo (dado por un supuesto artículo) con lo que quedó en “La Muñeca” y en una docena de casos amputado el artículo para quedar como “Muñeca”. Sin embargo, los topógrafos y prácticos que han recorrido el territorio desde que Aranda primero y el Marqués de Floridablanca después, consultando a los nativos, han comprobado que el pueblo usaba ambas versione y así lo han reflejado.

Es curioso que recuerde que mi primer contacto con uno de estos nombres fuera en el Puerto de las Muñecas en el límite noroccidental de Bizkaia, donde el Señorío se enlaza con Cantabria y lo fue con motivo de una carrera ciclista en 1969, cuando mi amigo Txomin estrenó su carnet de conducir llegando puntuales los cinco amigos apretados en un “600” al Puerto de Las Muñecas para ver llegar a los extenuados ciclistas.

Pasada la fugaz etapa bajamos al Gallinar y entre la densa hojarasca de mayo vimos las oscuras aguas de “La Linde Butzua”, una balsa que nos pareció enorme (como un campo de futbol), dejándome desde entonces con la incógnita del nombre del lugar (Las Muñecas) que yo creía único en el país.

Recientemente, buscando un poco pude añadir otros tres estanque naturales y aún algún entorno de mucha mayor dimensión que las pozas residuales,La Baluga (que los locales dicen que es alteración de “Boluaga”, los molinos, pero yo creo que es la contracción de “bal u aga”, el gran cenagal ), que a diferencia de los primeros que parecían consecuencia de hundimientos cársticos, este, aparte de la evidente colmatación de acción antrópica por materiales de lavado de mina, se sospecha que primero fueron una o mas “lamas” previas que acabaron desbordadas por los vertidos.

Sin embargo, la forma aparentemente masculina, Muñeco es muy esquiva, costando dar con una docena de ellas, destacando el caso que pudiera parecer un diminutivo, “Muñequillo”, que es un páramo estrechísimo (en algunos puntos no llega 50 metros), hermano del cerro que acoge las ruinas de Clunia, nombre que pudiera ser la descripción de esa estrechez, entonces, “muñe” sería en este caso el otero, “kill” el adjetivo “alargado, fino” y la “o” final, algo así como “mayor” indicando que su longitud (2,1 km.) es algo mayor que la del cerro vecino (1,7).

En España hay casi doscientos lugares a estudiar, pero los países cercanos están llenos de curiosidades; por ejemplo,

 

Curioso que en Portugal haya solo alguna muestra como Munhela, pero lo verdaderamente curioso en este país es algo similar a lo que a continuación se cuenta para Francia: Hay una sierra llamada “Serra de la Boneca” que tiene todo el aspecto de haberse llamado “de la Muñeca” (en España hay páramo, puerto, collado, cerro, alto (4), Sierra de la Muñeca) y  parece que algún portugués de pro que lo sabía, pidió que se cambiara para borrar cualquier semejanza con España.

 

 

En Francia, contra pocos “mugn” (Beaumugne), hay varios Mogne, Mognard, Mogneneins, Mogneville, Amognes, Rimogne, Samognat, Samogneux, lo contrario que en Italia, donde son más corrientes los Camugnano, Mugnai, Mugnana, Mugnano…quizás porque en  amplias tierras onduladas francesas no hay estas pequeñas sierras de Iberia, pero pasa algo parecido con Lèveque (obispo).

 

Esta coletilla (l’eveque),  es precedida tanto de cosas lógicas como absurdas, por ejemplo, algunas como Alguacil, Luce Bello, Bebida, Ciudad, Capilla, Castillo, Cementerio, Estanque, Fuentes, Bosque, Granero, La Bastide, La Ville, Los (Obispos), Pozos, Puente, Cima y otras muchas sin traducción.

 

Especial para la investigación es un lugar llamado Cour-Lèveque (Corte del Obispo) en Las Ardenas, que refuerza la probabilidad de que en ese lugar hubiera una falla y que el sitio se llamara previamente “Obi iz pu”, lo que significaría “zanja de la sima peligrosa”  («pu» aparte de dolor, puede ser peligro) y como a los franceses ilustrados les sonaba a obispo, palabra española, optaron por traducir la cola a su lengua e inventarse “Cour Lèveque”.

 

El enigma de la Muñeca merece un estudio integral aunque suponga meses de trabajo, investigación que no siempre lleva a una meta definitiva, pero nos enseña cosas como estas de cómo las naciones han querido borrar lo que se creía eran signos de antiguos dominios, cuando eran nombres inocentes, lo que supone una acción más en el proceso de modificar los nombres originales.

 

 

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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