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Nuca y sus variantes

Aparte de nuca, aún se usan nombres como cerviz, cogote o testuz que también merecen una atención, pero las piruetas que hacen y toleran los académicos para la voz central, “nuca”, merecen que ser conocidas por la gente para que quienes sientan interés por la gestión del lenguaje se hagan una idea de qué perdidos andan los encargados de poner las balizas para guiar a los demás.

El desconcierto comienza porque la “nucha” latina de la que los primeros lingüistas del Renacimiento creían que procedía la nuca del Castellano, Portugués, del Italiano y la “nuque” del Francés, es en realidad consecuencia de un lío de trascripciones entre los estudiosos de la época, que mal interpretando una frase en lengua Árabe, algo así como “nuqrat al qfal”, creyeron que “nuqrat” era la nuca, que había sido copiada de los médicos andalusíes por el Latín medieval como “nucha”, cuando la nuca en árabe, era y es “qfal”.

O sea, que “nucha”, no es voz latina clásica como “occipitium” o “cérvix-cérvicis”, pero tampoco árabe.

No obstante el craso error, dejaron que se creyera que “nucha” se había consolidado desde el Árabe culto al Latín eclesiástico y político medieval y que de ahí pasó a los romances, tolerando esta pifia porque no tenían ni idea de su verdadera procedencia ni sabían donde buscar.

Ni saben hoy en día.

Así, las formas germánicas “nek, nakke, nacke, nacken, nakken…” que a cualquiera que juegue con lenguas le suenan familiares, tampoco les dicen nada dejando para los fanáticos “IE” su propiedad en lugar de indagar fuera de la ruta de siempre.

Por ejemplo, catalanes y gallegos, aparte de nuca, la llaman “clatell” los unos y “caluga”, los otros; voces cercanas a clave, a llave…, algo parecido a lo que sucede en Euskera con la sien, llamada “giltz” (llave), punto en el que se nos advertía a los niños, que no había que golpear…

Quizás porque la nuca fue durante milenios un punto anatómico primordial para nuestros antepasados ganaderos, punto en el que actuaban para matar instantáneamente y sin sufrimiento a los animales que había que sacrificar para consumo, tanto es así, que durante milenios, el “garrote vil” que se daba a los reos de máxima culpa, consistía en descoyuntar con un giro violento e instantáneo la base del cráneo de la primera vértebra o “axis” y solo cuando las ejecuciones escasearon, los verdugos perdieron práctica y los collares se oxidaron, esa forma de ejecución se tornó cruel porque incurrió en lentitud.

La nuca, es, en efecto en todos los animales cordados de nuestro rango, un paso “delicado” de toda la comunicación de cerebro y cerebelo con el resto del cuerpo y su fractura, causa inmediata de muerte evitando sufrimiento y hematomas en la carne de los animales sacrificados y práctica habitual en las corridas de toros que se aplica a los animales ya teoricamente “matados” a estoque, para garantizar su muerte; lo que aplica en modalidad larga o corta y se llama “verduguillo” o “puntilla”.

Sucede muy a menudo en Euskera un fenómeno difícil de entender que consiste en que se puede disponer de docenas de nombres de etimología parecida basada en parámetros accesorios en elementos importantes, pero que parádogicamente suele haberse perdido el  significante principal, aquel  en que se basaba la función capital o  la condición distintiva  de ese elemento y que, sin embargo, ha quedado neto en lenguas cercanas.

Esto sucede con la nuca, que se dice en Vasco con más de veinte formas, desde  “garaondo” a “garkol”, pasando por “gaando” ó “lepezur”, pero lo habitual y común, lo que se usa a diario es lo menos preciso: “lepo”, que se confunde con cuello y con espalda…

Teniendo eso en cuenta, se plantea que el conjunto de cerebro y cerebelo, llamado en Euskera común, “garaun” y que es la combinación de “gara”, parte superior y “un”, meollo, elemento fundamental, (partícula esta, que en voces compuestas, se metastiza fácilmente a “nu”) así de la frase “un eka”, donde “un” es el cerebro y  “eka” es el enlace, la “traída”, el nexo, significando “conexión con el cerebro”, se ha pasado imperceptiblemente a la “nueka” que se ha perdido, quedando  finalmente “nuca”, mucho más sonora y fácil de decir, y que seguramente por eso ha persistido.

Esta nuca que ha dejado su impronta en casi todas las lenguas latinas (excepto en el Latín y Rumano, donde la llaman “chafa”, que recuerda a “cefa”) y que a pesar de la evolución, se reconoce en las germánicas, donde posiblemente su afición a trocar “u” en “a”, haya dado las distintas variantes de “nacke”, que no hay quien se crea que viene desde una voz proto-indo europea que debería haber existido en la forma “knog”.

Hay que ver lo que cuesta echar un vistazo al Euskera…

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

2 Comments

  • Hola Javi,
    Extraña mezcla es esta, árabe y latín, para formar «nuca». Los de la RAE no se implican y, al igual que hiciera Coromines en su día, juegan a ver quién la dice más gorda. Un ejemplo de ello es «grosero», voz que nuestros sabios hacen derivar de «grueso» y «ero», haciéndonos creer que algo grueso equivale a ser un maleducado. En vasco «gorotz» significa «despreciable, inútil, vago», y la raíz «ero» indica «función habitual».
    De gorotzero a grosero va un paso, pero claro, si como tú bien dices, no le echas un vistazo al euskera, estás abonado a escribir disparates que luego lee todo el mundo.
    Un abrazo

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