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Plano, llano, diano, ñano, yano,…

El componente “llano-llana”, se encuentra en docenas de miles de topónimos españoles y a nadie puede extrañar que en su mayoría se refieran a entornos con la predominancia física de llanuras; no obstante hay cientos de ellos que sugieren cosas distintas, como Los Alcores del Sevillano en Carmona, un salto brusco de cien metros entre el valle del Guadalquivir y la Campiña del río Salado, que –aún estando cerca Sevilla- no tiene sentido que se refieran a un sevillano montaraz, sino a los Llanos de Brenes y a los alcores o balcones “interrumpidos”, como corresponde a “seb i”, los intermitentes.

O en el Amillano navarro, cuyo nombre se refiere al temible acantilado (“amil an o”) de 400 metros, con seguridad una combinación de “amil”, cantil y la alteración de “ñano” (corte neto) a “llano” y en otros muchos lugares sorprendentes por lo bien definidos.

“Ñano” que también abunda en lugares con un trozo llano como Arquiñano, Barañano, Cadiñanos, Miñano, Otiñano…

También hay contradicciones como docenas de “Peña Llana, Peñallana, Peñas Llanas y Peña Chana” repartidas por toda la geografía, algunas de las cuales ni son peñas, ni llanas, pero es precisamente en estas denominciones “atípicas” donde suele encontrarse encriptada mucha información.

Hay que tener siempre presente la gran presión cultural de los agentes del arbitrio fiscal, de la enseñanza o de la Iglesia para entender porqué han sobrevivido tan pocos “yanos” enteros, como Santuyano-San Julián, en el asturiano Río Prada, donde se ve en tono crema una generosa llanura aluvial y arenosa (“sand du yano”).

Otras veces un llano minúsculo de cuatro hectáreas ha dado nombre a una aldea, como esta de Yano en el intrincado Río Ponga.

Pero, vayamos medio siglo atrás.

Yo por aquel entonces trabajaba en una empresa forestal y visitaba a menudo “parques” de acopio de apeas en Kanpazar, Urkiola y Garai, por lo que andaba por todos los caminos forestales de las cotas altas y para acabar la jornada cruzaba la llanura de Abadiano tras horas de rodar por terrenos de cabras, así que aquella terminación “diano”, me sonaba a “llano”, un paraíso fresco, una especie de “delta” alargado que comandaba el Ibaizabal desde Apatamonasterio hasta Matiena y que rellenaban sus flancos los ríos Zaldu, Urri, Arrázola, Abauntza, Atxarte y Mañaria, llanura de casi quinientas hectáreas de tierras ligeramente onduladas que, hoy, desfiguradas por infraestructuras sin inteligencia, por una política forestal abominable y por un urbanismo aldeano, nadie podría imaginar armoniosas como eran en aquel abanico de ríos.

Cincuenta años después estoy tratando de argumentar con datos, que ese “…diano” del final se refería efectivamente a la llanura, la principal característica de la superficie del suelo, en tanto que “Aba”, variante del “apa” que se repite en Apatamonasterio y en Abauntza, el mismo “apa” que decimos a los niños cuando queremos que se sienten en el suelo, señala que está en un fondo natural que no se resuelve hasta que todas las aguas que ya han captado los arroyos del Oiz, salen por el cauce único de Iurreta: “I”, aguas y “urre eta”, concentración, cauce único, condiciones todas que se dan en el plano adjunto donde se ha representado la planicie con un polígono.

Algo parecido sucedía con Otxandiano, ahora travestido a “Otxandio” (que nada significa), tan solo por que esta academia de la Lengua Vasca quería hacer un homenaje al anterior personaje que por entonces, al alimón con otro similar de estirpe de impresores y novelistas renegaban del “andiano” y aunque no encontraban colono a la medida para vestir semejante engendro con su “atorra”, echaron mano de Ochoa Aundía (lobo grande, metonimia que pareció bien a los legos de la academia) y así nos dejaron castrado al castizo Otxandiano: Otxandio.

Héteme aquí que entre los montes de pinos en los que yo metía los más modernos tractores de los años setenta (ahora les llaman procesadoras), había algunos en Barazar, Martxeta, Olaeta y Kurtzeta, ya mirando al Deba y siempre acababa mi jornada volviendo a casa por la Bi 623 tan bien trazada siguiendo el cauce arrugado del Urkila, que algunos llaman Urkiola y que se entrega al Olaeta tras bordear por el Sur el núcleo de Otxandiano e igual que me sucedía “puerto abajo”, aquí me rondaba la misma cuestión, ya que desde la curva del Olaeta hasta el Caserío Errotabarría, se extiende una hermosa llanura aluvial de más de 200 hectáreas y 4 kilómetros de larga, que aquí se conserva bastante bien, sugiriendo que el nombre del lugar y luego de la población, fue “ots an diano”, el llano del estrecho grande, seguramente para definir la zona de Kantereta, estrecho de unos 600 metros, donde camino y río Urkila corren paralelos y empieza la llanura. Ver esquema en el trozo de mapa adjunto.

Igual que hay árboles que se “tragan” el clavo que un chico travieso hunde en su madera y el chirrido en la sierra anuncia diez lustros después que el tablón lleva un tatuaje que emula al más caprichoso fósil, los estudiantes de Filología cargan en los surcos de sus cerebros las arlotadas de sus profesores y no hace mucho, un par de amigas aficionadas a la lingüística, hablando de Abadiano, me decían que no, que definitivamente el nombre no se debía a Abatius, sino a que hubo una abadía a la que se había acomodado la desinencia: Igual da, que da lo mismo, los humanistas creen ver rastros y obras de grandes hombres y mujeres por todas partes como Alonso Quijano veía huellas de villanos y malandrines.

He dedicado algo de tiempo a comprobar la frecuencia en que esos componentes del encabezamiento coinciden con llanuras célebres por alguna circunstancia, tirando en primer lugar de cientos de “indianos” y “medianos” y luego de lugares como Arcediano, Katadiano, Undiano, Vozmediano… y también de los lugares vascos que han sido desguazados por esos presuntos sabios, como hicieron con Abadiano y Otxandiano.

Todos sabemos qué es un indiano y algunos hasta hemos tenido algún tío indiano se haya hecho o no su hotelito con un par de palmeras y una verja de hierro con la plata que se trajo de América, era el “tío indiano” pero las sorpresas no tienen límite cuando se busca en listas reales y aparecen más viñas, pozos, ramblas, arroyos, vallejos , fuentes, rayas o presas, que las esperadas “casas del indiano”.

Confirmación hecha de que las hay, la sorpresa continúa, porque La Indiana, que apenas es voz oída, cargaba con una buena cuarta parte de los lugares del mismo tipo, llamando especialmente la atención la Viña Lindiana (La Indiana), predio que denominan “La Alcarruela” y que está en un oterito llano de apenas 2 x 2 kilómetros que el río Tajuña ha desgajado de la Alcarria mayor.

O el Alto del Cerro del Indiano en los montes ondulados de Ribamontán en Cantabria, donde la planicie de unas quince hectáreas es un hecho relevante en un entorno muy quebrado.

El arroyo con el rimbombante nombre de Barco de Diana, que surca-corregidos sus meandros-los Llanos de Vega Mayor al borde del Duero zamorano y otro Arroyo de Diana en Córdoba, cuyo primer trazo era tan llano que sobre él se hizo la Pista de Aterrizaje de Villalobillos…

O el perezoso arroyo de La Badiana que recorre costosamente sus cuatro kilómetros en los llanos de La Nava de Santiago, en Badajoz, o el de Río Mediano que nace en la Loma de las Llanadas en la Sierra de Ayllón…

O una docena de “Valdemedianos” como apellido de arroyos.

En las remotas sierras cordobesas, comparten entorno, el Arroyo del Indiano y la zona más llana del lugar, llamada La Indiana ¿serían pareja?.

No todo el mundo sabe que hay dos ríos Guadiana y que al que es afluente del Guadalquivir por la derecha, le llaman cariñosamente (¿?) Guadiana Menor… Pues bien, este río se caracteriza porque las tierras que bordean sus infinitos y regulares meandros, son muy llanas, encontrándose nombres como “Barchel, Llanos de Lorca, Rambla Llana, Capellán, Hermosilla (zona con una depresión), Llano del Rey, Guadiana, Conde Guadiana…” todos ellos relacionados con llanuras de distinta genealogía.

En los Altos de Barahona y en muchos otros lugares de fuerte modelado, coinciden con frecuencia “Llanos y Mediana”.

Donde “El Impetuoso Queiles” (como le llamábamos en Tarazona) esta a punto de dar su raquítico aporte al Ebro, está el límite hasta donde los estudiantes de bachiller en Tarazona, llegábamos en bici, carretera de Tudela abajo sobre aquel pavimento de adoquines que la tecnología desalmada posterior cubrió con capas decimétricas de amorfo aglomerado asfáltico: Murchante, Cascante, Ablitas… hay una impresionante llanura de entre cinco y seis kilómetros de diámetro, donde aparte del flamante “Aeródromo de Ablitas”, hay varias lagunas residuales de otra que fue mayor y numerosos topónimos que hablan de lo llano y del agua, como Los Arenales, Urzante, La Plana (varias), Salas, Los Planos y Fijo Mediano, que es el que perseguíamos, todos ellos testigos de una morfología de zona deprimida frecuentemente anegada, que canales, acequias, autopistas y ferrocarriles han desdibujado aunque no han conseguido borrar sus nombres de cada rincón.

La “Tierra Llana de Huelva” es –casi- una comarca entre Ayamonte, Villablanca y Lepe, que no es del tipo de llanura rasa que uno espera, sino un amplio terreno lleno de barrancos y arroyos, que no destacan más allá de diez o veinte metros, pero la visibilidad es escasa desde las depresiones. La única llanurita aluvial que es llana entre tanto surco, se llama “La Hoya del Indiano”.

Desde el Guadiana al Esla, allí donde el aluvión es más llano, donde el regadío más ortogonal, allí no faltan nombres como Huerga Mediana (algo así como isleta llana).

El río Bayas baja apresurado del Gorbea y comienza a serenarse en Sarría, donde participé como Perito Judicial en un asunto de alteración de límites del río, por lo que mis recuerdos son claros. Pasado Sarría bajo la autopista, el barrio de Bitoriano llama a todos la atención, no solo por las dudas cómicas de los historiadores que quieren relacionar a Bitoriano con una ciudad Visigoda como relacionan a Vitoria con una batalla ganada a los vascones pero ignorando cual sería su significado, cuando lo que hay son dos mogotes, “bi tor” y una explanada tal llana qua así la citan en los mapas: “Llana de Bitoriano”, esto es, el llano de los dos oteros que se ve en el mapa…

Arcediano es una aldeíta salmantina al borde de una cañada y que ocupa el lugar mas alto del páramo local, por lo que los arroyos surgen de su ámbito en forma radial. La sensación de planicie es mayor, porque está en un lugar “relativamente” dominante; su nombre recuerda al “ARSE” de Sagunto, cuyo nombre debió de ser “arrese diano” (de “ar”, piedra y “ese”, cierre): Cerco de piedra del Plano; quizás un descansadero de reses.

Camediano es un montecito en Daroca de Rioja (laderas de Cameros), que domina la única planicie del entorno que llaman “El Llano· y que con sus modestas cien hectáreas, es lo único llano en ese mar de colinas y barrancos.

Otro Camediano en la terraza de la orilla derecha del Cinca, ahora seccionado de Los Llanos por una cárcava reciente, y Los Planos, ya a cinco kilómetros, indicaba –sin duda- la gran terraza fluvial secundaria que ahora está entre los canales de Aragón y Arias II.

En tierras zamoranas y en el cercano León se repite mucho el calificativo de mestizaje gallego “chana-chano” con significado de llanura y es corriente que coincida con nombres como Valmediano, donde ese “diano” final, recalca lo de la planicie.

Collado Mediano, en Madrid, ahora desfigurado por el embalse de Navacerrada y por la endemoniada “edificación dispersa”, no hace fácil adivinar que tal nombre procede de que aparte de varios collados en pendiente, había uno principal, tendido y gustoso a lo largo del Arroyo de las Pozas.

La vertiente alavesa del Bayas, que comenzaba en Bitoriano, tiene varios lugares con final parecido: Katadiano, Lukiano, Sendadiano, Arriano, que desaparecen súbitamente una vez que se sale por el estrecho de Subijana, del fondo del antiguo lago entre las sierras de Arkamo y Badaia. Todos ellos tienen algo que citar sobre sus apreciadas llanuras: Que son repetidas (“kata”), alargadas (“luzi”), consolidadas (“senda”), pedregosas (“arri”)…

Y en Soria, Vozmediano, donde a unos pasos monte arriba del pueblo acomodado en un llanito con su otero en medio, surge el Queiles de un pozo y bien pudiera ser este nombre (que de broma decíamos hablando de centrales hidroeléctricas, ¡de Vozmediano a Escucha ¡ una alteración de “bae ozme diano”, llano bajo el pozo. Otro Vozmediano, en León, son apenas cuatro hectáreas llanas rodeadas de una verdadera exhibición de picos y collados que lo protegen.

La moraleja aquí es que hay veces que más información que el mero llano que una vez visto es evidente, la dan los complementos riquísimos con que los antiguos definían los lugares con gran precisión.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

7 Comments

  • Aquí en el Sagunto del Arse se ve que tuvimos un templo de Diana del que nadie sabe nada cuyo emplazamiento se situaba teóricamente en una pequeña terraza llana de la falda del cerro del castillo. No descartaría que viniera por ahí la cosa…

    • Bon día Omar. Diana, así a secas no es un topónimo frecuente (hay una decena), aunque compuestos, hay medio millar. Es posible que en Sagunto (hacia el sur, despues del anfiteatro, hubiera varias explanadas que fueron mejoradas por los nativos. Yo identifico «diana» con llana, pero a veces se refiere a cierta luminosidad del lugar, como ua Arroyo Diana, que nace en «les roques pelades» cerca de Figueras o el Mas La Diana, en Alcañiz, junto a un promontorio de rocas blancas que son como un semáforo…
      Todas las fantasías venatorias de las diosas Diana o Artemisa, tienen lugar material en puntos de acecho, lo que pasa es que hay mucho erudito que no tiene ni idea de caza (vamos, que son ignorantes macizos en casi todo menos en lo suyo) y esos lugares pudieron llamarse así por su fácil identificación y cuando llegaron los «inteligentes» invasores, aplicaron los nombres a sus histéricas costumbres.
      Por otra parte, tanto la diana musical con que que tus compañeros de viento amenizan las madrugadas, como la diana a la que tirar flechas (por algo se llama «blanco»), como el propio día y el diamante, parten de «dia», claridad.

      Abrazos hasta que nos veamos.

      Javier

  • Hola Javier,
    mi familia es de Otiñano y yo también…y siempre me he preguntado el significado de esos términos. Otiñano, llano como la palma de la mano» han dicho siempre.

    Luego buscando en algunas fuentes (Dialnet, toponimia navarra: historia y lengua) se cita muchas veces que ese sufijo «-ano» viene del latin «anus», añadido a onomásticos latinos, vascos y no vascos , que responden a la denominación de «fundi» de época romana Amillano, Arguiñano, Arellano, Avinzano, Baquedano, Barindarzo, Galdeano, Gollano, Guirguillano, Labiano, Meano, Otiñano, etc.

    Por otro lado tenemos también «ote» o árgoma, es arbusto espinoso…No sé si puede venir por ahí. (lo cita Mikel Belasco en su blog), De ahí nombres como Otegi, Oteiza..?

    Eskerrik asko Javier

  • Hola Javier,
    el post anterior ha desaparecido, lo dejo otra vez:
    Mi familia es de Otiñano, y yo, por supuesto. En Otiñano siempre se ha dicho: «Otiñano, llano como la palma de la mano».

    Siempre he tenido curiosidad por la toponimia y buscando en algunas fuentes, como «Dialnet Toponimia Navarra: historia y lengua» se cita:
    En la zona media se observan otros que acusan el sufijo latino -anus añadido probablemente a onomásticos latinos, vascos y no vascos, que responden a la denominación de «fundi» de época romana: Amillano, Arguiñano, Arellano, Avinzano, Baquedano, Barinzano, Galdeano, Gollano, Guirguillano, Labiano, Meano, Otiñano, etc.
    Otros como Arturo Campión citan «otea» (árgoma), ese arbusto espinoso, como raíz del nombre, de ahí vendría Otegi, Oteiza…(verdad?)
    Mikel Belasco lo recoge en su blog y cita también :Probablemente lugar propiedad de una persona llamada Otiñ-. De Otiñ- + -ano, siendo el primer elemento un nombre de persona no identificado y el segundo un sufijo que indica propiedad

    En algunos de estos pueblos con terminación «-ano» también acaba la carretera, que conecta con esa idea del final del llano…En Otiñano ha acabado siempre la carretera ahí, limitada por «el cogote redondo» y la sierra de costalera…Hasta que hicieron la nueva carretera que conecta con el Santuario de Codés…En Arellano también acaba la carretera, limitada por la gran ladera que crea la parte sur de Montejurra….por eso he pensado a veces que podría ser «haraño» (hasta allá) , noraino….
    son planteamientos que se me han ocurrido a veces, por ser pueblos con igual terminación y con parecida situación geográfica en cuanto a valles, al final del valle.

    Eskerrik asko

    • Eder, hay mucha gente que tiene argumentos para pensar como yo, lo que pasa es que muy pocos nos dedicamos a escribir.

      Una gran parte del «corpus cultural» en lo relacionado a historia, antropología, etimología, toponimia, etc. es un fraude que -como otros muchos- se basa en el comercialismo, comensalismo y en los más rancios hábitos gremiales para mantener su hilo de negocio y contentos a sus afines.

      El simple análisis profundo del Euskera (y de algunas de las lenguas cercanas que han guardado cosas que nosotros hemos abandonado) es suficiente para derribar toneladas de estanerías de libros en los que los aciertos son casuales (y soy benébolo). Se pueden contar con los dedos de una persona los lugares relevantes en que una hazaña haya dejado el nombre durante varias generaciones.

      Los lugares se han bautizado siempre haciendo referencia a cualidades destacadas de los mismos e incluso las ciudades han recibido el nombre del lugar donde se comenzaron a edificar.

      Ha habido toda una saga de personajes que las casualidades más que sus capacidades, han colocado en lugares de responsabilidad y durante décadas no han hecho otra cosa que mutilar nombres hermosos para halagar a los sabios del momento. Han hecho un notable perjuicio que pretenden seguir haciendo, pero muchos estamos atentos a sus manejos.

      Abrazos

      Javier

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