Euskera Letras, mitos y guerra Prehistoria

Trivial

Normal, evidente, obvio, sabido, vulgar, etc. es palabra relativamente poco usada.

 

Aunque en las últimas décadas hay incluso un juego con su nombre, yo no la oí con la suficiente frecuencia como para asimilarla y poder añadirla a mi vocabulario hasta que en el primer curso de la Universidad (en Zaragoza), el empedernido fumador que era el profesor de Álgebra Lineal, la emitía en la forma corriente, ¡trivial! o como sustantivo, ¡trivio!, cada vez que una demostración de algún teorema que ocupaba medio tablero, daba el resultado esperado.

 

 

Tuve que ir al diccionario, pero desde mis 17 años la he usado cientos de veces.

 

El motivo de tratarla ahora es porque recordando lo absurdo de su explicación en el diccionario oficial, me ha parecido oportuno analizar en profundidad lo que los sabios oficiales aportan como esencia de su sabiduría.

 

Trivial: Del Latín “trívium” y su evolución a “trivialis” y con parentesco con Trivia, la diosa de las encrucijadas, plagiada de la griega Hécate.

 

Las explicaciones de los acólitos son cada vez más disparatadas, unos, argumentando que “trivia” era también el lugar de cruce de tres caminos y –por tanto- lleno siempre de vividores, golfos, putas y soldados, en resumen un lugar vulgar.

 

Otros, dicen que la idea de vulgaridad, de facilidad u obviedad, se debe a que (tardíamente) se llamaba “trivialis” a las tres artes “inferiores”, es decir, Gramática, Dialéctica y Retórica, que podía desarrollarlas cualquier mediocre, en tanto que para las otras cuatro superiores, Aritmética, Geometría, Música y Astronomía, era precisa una inteligencia más despierta.

 

Aparte del inmediato rechazo con que cualquier inteligencia mediada ha de reaccionar a este tipo de aseveraciones hipercultas que obsesivamente han de apuntalar al Latín con sopandas, puntales, tornapuntas y apeas aunque sean podridas o apolilladas, la revisión de la presencia de voces parecidas y de uso frecuente, da un resultado inmediato, ya que solo las lenguas ibéricas, Catalán, Gallego y Portugués la usan, en tanto que las demás latinas –y otras cercanas- prefieren la forma “banal”, sugiriendo que es el Latín quien con probabilidad mayor la tomó de otro yacimiento. ¿Cuál?.

 

No parece casualidad que la forma principal para llamar a la habilidad en Euskera, sea “trebe” y el sufijo “al” indique preferentemente ausencia, carencia, de manera que una evolución de la “E” latina, escrita frecuentemente “II” a la “I”, haya acabado con “tribi al”, esto es, aquello para lo que no es necesaria habilidad alguna.

 

A ver si iban a tener razón los de las “Artes Inferiores”?

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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