No está nada clara la etimología de estos cuatro elementos emparentados entre sí.
Para el vidrio, se decía alegremente que viene del latín “vitreus”, hecho de vidrio, pero ahora hasta los lingüistas dudan y creen que se debe más bien a la planta “isatis tinctoria”, “glastum” o “vitrum”, que usaban los pictos para embadurnarse de azul y que según los clásicos, también lo hacía azuleando el vidrio, pero nadie se aventura a decidir si la planta nombró al vidrio o este lo hizo a la planta. Imagen de la planta añil y de un picto.


Son muchos los minerales cristalinos que los antiguos podían encontrar y lo mismo se puede decir de los vítreos que pudieran aparecer tras algunas fogatas al fundirse silicatos en presencia de sales nítricas, por lo que es de imaginar, que tendrían nombres y que estos se relacionarían con sus propiedades. Entre los cristalinos, el cuarzo o cristal de roca y entre los peculiares, el espato de Islandia, que no era tan cristalino, pero “duplicaba” la imagen. De ahí pudo surgir el nombre “bir dio” (bir, duplicación, dio supuesto, aparente, virtual), que metastizado dio “vidrio”. Imagen de calcita o espato.

Para el cristal, se ha dicho siempre que venía del “cristallos” griego, hielo, pero no es fácil rebatir que su nombre vasco es más creíble; “kris”, fracturarse y “ahal” potencial, facilidad, dando cristal al introducir una “t” para mejorar la dicción.
Aunque la obtención artificial de cristal fuera tardía, los antiguos sabían tallar y pulir cristales naturales como el de roca. La lente de cristal de roca encontrada en Nimrud (Iraq), data de -al menos- 3.000 años y se supone que formaba parte de un catalejo.

Antes que los catalejos (combinación de lentes), es seguro que se usaron las lupas para varias utilidades, especialmente para aumentar los tamaños de objetos pequeños o para apreciar detalles. Es general que su nombre castellano se asuma como procedente del francés “loupe”, que los propios gabachos reconocen “ser incierta” y dan tumbos proponiendo cosas ridículas, como “…probablemente deriva de la raíz *lopp- (pieza informe) o del antiguo franco *luppa (pieza). A veces se relaciona con el latín *lupa (loba), por analogía con la forma, como una úlcera…”
Cualquiera que sepa algo de euskera, sabe que “lope-lopa”, es el elemento mayor de un conjunto; así, Lope de tal o de cual, era el primogénito de una familia o chalupa era una barca mayor…
Lupa, pues, es simplemente lo que aumenta el tamaño aparente, la “magnifying glass” de los ingleses que, como los italianos, no llegaron a copiar la lupa de los vascos como hicieron españoles y franceses.
Para el espejo, los etimologistas no muestran duda alguna: “Del latín vulgar speculum”, relacionado con “specere”, observar, pero la solución del vasco se hunde en los tiempos, porque no plantea un espejo en el que mirarse, sino en un mineral capaz de recoger y proyectar la luz del sol, verdadera magia que permitía enviar un haz de luz al fondo de una caverna: “iz pilu”, donde “iz” es la luz solar y “pil, bil”, recoger.
En la imagen de portada, historia que se cuenta de Arquímedes quemando la flota romana con espejos de plata.
