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Hacinado

Amuntegat, surchargé, hiperpieris, overcrowded, souraffollato, superlotado… todos nuestros vecinos ven en este verbo una idea neta de abandono, pereza y negligencia; algo relacionado con el desorden y el amontonamiento que resulta especialmente sangrante cuando se refiere a un trato denigrante de animales, sean destinados a la producción, a servicios o a compañía, pero que también se da en otros ámbitos agrarios, industriales y de servicios.

Foto de perros hacinados en portada

Idea radicalmente odiosa, que no está exenta en entornos humanos como barriadas o suburbios, granjas, cárceles e -incluso temporalmente- durante fiestas y reuniones multitudinarias.

Estando claro que “cúmülo, aggero” son acepciones usadas por el latin con este significado de amontonamiento sin orden ni concierto, Etimologías de Chile y su guardiana Elena, tergiversan algo clave como es el orden y dictaminan que hacinar deriva de “fascis”, de las ordenadísimas varas en que los lictores insertaban su hacha, cuando el concepto es el inverso. Imagen de sendos “lictores” con sus ordenadísimas varas que sujetaban el “securis”.

Los latinistas, obsesivamente aferrados a las referencias latinas y escandalizados por cualquier “escapada” al vascuence o a otras lenguas, incluídos los romances que con frecuencia son “padres” de voces latinas, evitan mencionar a Covarrubias, que a principios del XVII, tan ignorante de lo que no fuera latín, griego o hebreo, como los que ahora “rellenan” páginas de etimología como la citada, nada menciona de que en vasco, “hazía” es el nombre de la semilla y “haza” el de la parcela sembrada, no donde se ha segado el trigo…

“Hazina” como se escribía en el castellano de hace cuatro siglos, es lo mismo: “hazi eina”, lo sembrado y “hazinar”, se lo inventa Esteban como la expresión para hacer parvas (costosamente) unos haces sobre otros. Ver facsímil.

Pero el hacinar del castellano no tiene nada que ver con haces ordenados de espigas enhiestas a través de las cuales pasa el aire secándolas, sino de lo contrario; del aire retenido por la masificación, que acaba generando fermentación y pudrición: “atsa”[1]-“eina”, “atseina”, “azina”, que la hipercultura de tipos como Elena acaba rematando como “hacinar”.

[1] “ats”, hedor, peste, asquerosidad.

About the author

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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