En los últimos años se oye mucho esta palabra que a todos. -sepamos o no latín- nos suena a latina (que los diccionarios nos recuerdan machaconamente que lo es…) y sabemos que equivale a la “voz” del castellano. El partido político que ha adoptado ese nombre breve, sonoro y contundente, seguramente quería ser escuchado y enviar con él, alguna reminiscencia de los tiempos gloriosos del imperio romano y la lengua latina.
De hecho, cuando los catalanes dicen “veu”, aseguran que su palabra para la voz procede también de la latina: “La paraula catalana veu prové del llatí vox, vocis”, cuando los franceses usan “voix”, le dan el mismo origen, “provient du latin vox, vocis, désignant le son produit par la bouche, la parole”. No tanto los italianos, que se van “más allá del latín” y plantean que la fuente es una raíz indo-europea tal que “vak”, pero incluso el inglés da por cierto que su “voice” llega desde el acusativo “vocem” del “vox” latino, aunque también hurgan en los delirios “I-E” para sugerir que la propia voz latina se origina en un “wek” que no lo han encontrado, pero debió existir.
Sin embargo, es la forma portuguesa, gallega y castellana “voz”, la que debería estudiarse, como abreviatura de la vasca previa “abo ots”, donde la cola, “ots” designa un sonido que no tiene porque ser articulado y el inicio “abo” es como se llama a la boca; resultando en resumen que “abots”, la voz, es la gama de sonidos que emite la boca; no otros.
Los aficionados a estudiar la evolución de las palabras saben de sobra que la aféresis que consiste en la pérdida de la vocal de inicio (principalmente, a y e), es una figura muy corriente que actuando sobre “abots”, dejó esta expresión en “boz” para dejar meridianamente claro que su mensaje es inteligente y elaborado y no un mero golpe de voz que nada significa. La academia se encargó de escribirla con uve para acercarla al latín.
