Borrachos, borrachas y borracheras no son menos abundantes que otros personajes-también aparentemente absurdos- en la toponimia; se cuentan por cientos y la búsqueda de su esencia parece obligada, porque, si bien alguien puede dar fe de que la Venta de la Borracha se llama así porque su dueña fue una beoda, muy pocos creerán que los nombres de un remoto Arroyo de los Borrachos, de unas Encinas Borrachas, una Peñaborracha o un lugar llamado Sanaborracho vengan de que en ellos se juntaban docenas de personajes ebrios.
No todo el mundo sabe que la bota de vino también se llamaba borracha hasta hace poco, aunque el nombre no le venía como decía Covarrubias por tener poco pelo en la cara interior, sino por lo contrario, porque se buscaba una piel con “borra” para que la “pez” hiciera buen cuerpo, así que “borra” era la pelusa fina y mullida de los borregos y “txa” indicaba su abundancia o densidad.

Es casi seguro que la denominación de borracho a los beodos vendría de verlos acariciando a la borracha. Imagen de portada.
Pero los borrachos se antojan más bien como personajes urbanos de feria, taberna o venta, porque nadie sensato los imagina entre peñas, cerros, serranías, barrancos, picos, piedras, valles, sendas o vertientes, como parecen indicar los nombres de muchos lugares.
De más de un centenar de estos nombres, apenas uno ya citado arriba podría defender su relación con el vino: La Venta de la Borracha en la Hoya de Baza hoy unas ruinas al borde de la A-92 N, aunque su localización en el borde de un “malpaís” que ya llaman La Borracha, apunta a que los perdidos y escarpes de ese pedregal tienen más probabilidad de describir la tierra irregular que lo forma. Mapa siguiente.

De ese ciento largo de borrachos, borrachas y borrachinas que se encuentran en los mapas, se han analizado una docena y lo que se ha sacado en limpio tras ese cotejo, es que las voces parecen derivarse de “borro” (emparentado con borra), que suele significar en euskera achaparrado o no desarrollado y “atx” que es la forma genérica de llamar a las peñas.
Donde mayor densidad de este tipo de nombres se ha encontrado, es cerca de Alburquerque en Badajoz: Arroyo de Valdeborracho, Casas de Valdeborracho… (imagen siguiente) y no hay otra cosa destacable en los oteros del entorno, que una cierta abundancia de piedra de escasa talla.

También el Arroyo de los Borrachos de Monfragüe, tajo de unos seis kilómetros de recorrido, nace en la Sierra de la Herguijuela, donde las cotas altas son un entorno de rocas de bajo perfil. Mapa siguiente.

Borrache, “peña achaparrada” en las laderas más peraltadas del valle del Jerte, señala una forma rocosa que sobresale de la ladera y Borrachinas Altas cerca de Olivenza, es una sierrita estirada, coronada por rocas desordenadas, cadena que forma parte de la Sierra de Montelongo y que con sus casi doce kilómetros recoge en ese trayecto varios aparentes derivados de borracho.

A mil kilómetros de ahí, la Cala de los Borrachos en Alicante, muestra un trozo de costa aún no alterada por las infraestructuras y en la que destacan las rocas planas.

El Cerro Borracho en Fuentidueña de Tajo es otro ejemplo de rocas redondeadas, como lo es el Cerro Borrachón cerca de Daroca; también el Cerro de las Borracheras, cerca de Monesterio, donde a pesar de los trabajos agrarios, persiste un cerro pétreo y las Piedras del Borracho, en Alicún de Ortega, son un ejemplo claro de rocas que apenas asoman.

Para terminar, la Vertiente de los Borrachos en Fuenlabrada de los Montes, Badajoz, es la ladera oriental de la Sierra de la Umbría, que en su cumbre muestra una cresta de rocas redondeadas. Imagen final.

Como resumen, no son los pacíficos borrachos, sino rocas de cierta tipología las han dado nombre a cientos de lugares engañosos que parecen recordar a fieles seguidores de Baco.
