Los últimos días de agosto de 2026 La Vall d’Uixó estaba continuamente en los medios de comunicación por el incendio forestal que se cebaba en su Sierra de Espadán, catástrofe que me trajo a la memoria mi presencia en el Baix Maestrat, mediados los noventa, en un gran incendio que se originó en una línea eléctrica.
La explicación del nombre de esta ciudad (en castellano, La Vall de Uxó) se da como obvia desde el valenciano, donde “la vall” es un valle y en cuanto a “Uxó”, hasta hace unas décadas, se aseguraba que tal nombre venía del castillo andalusí de “Uixo”, apoyándose en la paradoja de que una construcción de nombre a un lugar, en vez de que el lugar de nombre a la alquería o castillo.
En este tema intervino a final de los ochenta el entrometido y pretencioso lingüista catalán Joan Coromines, que, en temas de Toponimia, “no da ni una”, para convencer a los locales de que la forma tradicional (Uxó, Uksó) era una deformación de “Uixó”, que él mismo oyó a un labrador de la zona. Punto.
No consigue el catalán dar un significado a su sentencia y va de babor a estribor buscando asideros en latín, árabe y hasta euskera (emparentándolo con “otso”, lobo…) absurdos insuperables que los pretendidos etimologistas buscan a ciegas entre documentos escritos por otros tan necios como ellos, en lugar de aplicar el único método certificable; aquel que primero busca topónimos que contengan partes esenciales del lugar analizado, luego consideren argumentos físicos que los conforman y -finalmente- se de una oportunidad a la historia, para contrastar después con el único idioma que no manejan: El euskera arcaico y sus más de mil raíces.
“Uix” en catalán es una interjección equivalente a ¡largo, fuera!. Solo hay un lugar montañoso cerca de Sta. Coloma de Farners (Girona) que se llama Uix, porque la gran mayoría de los que contienen ese diptongo, se refieren a “guix”, yeso, sonando “i”.
Laval existe en la toponimia en forma neta, pero también compuesta, como Lavalderey, Laval del Burro, Lavales de las Conchas, Lavalle, Lavalella, Lavallo, Lavallos…, pero mucho más abundante como La Val… y La Vall…, formas que con frecuencia se refieren a valles, pero que también aportan numerosas excepciones.
Laval, cerca de Letux, zona de planicies creadas por la deposición de aluviones orgánicos oscuros, concentra nombres de balsas y pozos, testigos de antiguas balsas o lavajos temporales, “lab bal”, lavajo negro y Laval del Burro, cerca de Javier, muestra las acequias de drenaje, de un cuenco que antiguamente creaba un embalsamiento natural.


El territorio comprendido entree el río Millares y el Palancia, ocupado por la Sierra de Espadán y sus alineaciones secundarias como el Monte de Carrascal, una franja que puede suponer veinticinco kilómetros, no tiene importantes drenajes permanentes, aunque sí varios barrancos que recogen las aguas de la sierra, entre los que destaca el conocido como Belcaire, que en La Vall d’Uxó recibe las aguas del manantial de San José, sendos nombres que pudieran estar conectados.
Justo donde termina la sierra y comienza la plana litoral (que no valle), aflora el Manantial de Sant Josep, señalado con una flecha en una cartografía de 1938, cuyas aguas surgen a mayor cota que el cauce del río Belcaire (línea azul) y se conducen canalizadas para riego, de manera que hoy en día, solo cuando los caudales aumentan mucho por lluvias persistentes en la sierra, los canales se desbordan y las aguas van al río. Imagen siguiente.

En ese punto se halla desde la antigüedad el acceso a la gran cueva de Sant Josep tallada por las aguas y que hace más de setenta años que es “navegable”.

Imagen de portada de la zona urbana en 1938 y en la actualidad.
Con respecto al nombre completo “La Vall d’Uxó”, incluyendo la denominación del manantial de Sant Josep, se sospecha que “La Vall” no se refiere a un valle físico, que no existe, sino a la alteración ortográfica de “Lab bal”, donde “lab” se refiere a un lavajo o acumulación temporal de aguas someras que se daría ocasionalmente en la confluencia del Belcaire con el Manantial de Sant Josep y “bal” al tono oscuro de los limos que se acumulaban.
En cuanto a “josep”, popularizado como José y complementado con el hagiónimo “San” en época cristiana, es posiblemente la alteración del nombre original “ioso pe”, donde “ioso” es la catarata o vertedero y “pe”, la parte inferior o lecho del cauce.
Queda el poco frecuente “uxó”, que tampoco se halla lejos de una explicación hídrica a partir de “u”, agua y “só”, visión, espectáculo, razonamientos -todos ellos- basados en la primitiva lengua ibérica y en la conjunción de un río o barranco que vertía aguas y arrastres en el punto en que arrancaba la llana litoral, otro río subterráneo cuyas aguas “saltaban” en forma de cascada sobre el primero, ofreciendo una doble panorámica extraordinaria, la del agua brotando y la posibilidad de asomarse a la gruta cuyas dimensiones debieron admirar a nuestros antepasados.
