En la toponimia española hay una decena de lugares que se llaman “La Rabia”, amén de un par de La Rabiosa, que es difícil no relacionar con la enfermedad animal llamada rabia o hidrofobia, que antes de generalizarse su vacuna, llegaban a sufrir los perros domésticos.
Lo habitual en literatura, es asignar la etimología de la rabia a la forma latina clásica “rabies” que se suele vincular a una raíz imaginaria indoeuropea, “*rbh”, relacionada con el sánscrito “rabhas”, agredir; sin embargo, el hecho de que en vascuence al rabiar se le llame “erra biatu”, posible alteración de “orra biatu”, literalmente, volverse perro (“orra”, perro), pone en duda el origen latino y aleja la idea de que esa docena de lugares fueran propensos a propagar la enfermedad.
La revisión cartográfica de los mismos, todos ellos cercanos a veredas, cordeles, cañadas o antiguos pasadizos cercanos a praderías que (a excepción de alguna que ha resultado urbanizada) aún conservan características de los antiguos caminos y herbazales, obliga a plantear que su nombre original está casi intacto y que debiera haberse escrito según “larra bia” que basándose en que “larra” equivale a “el pastizal” y “bia” es el acceso, su significado en todos los casos, es “acceso al pastizal”.
En el Cerrato, La Rabia está a un paso de la Cañada Real Burgalesa (en la parte baja del mapa) y rodeada de lugares con reminiscencia pastoril: La Borreguera, Barco del Aprisco, Corral Blanco…

En Aracena, el embalse del Jarrama ha cubierto los pastos a los que se llegaba desde la Vereda del Camino del Madroño al Castillo de las Guardas, cerca de La Rabia.
En Getafe, La Rabia es ahora una zona urbanizada, pero en su día fue el paso desde el Oeste hacia el Cerro de Los Ángeles y las vegas del Manzanares y en Comillas, La rabia es el acceso a las vegas de trasduna de la playa de Oyambre (“oían”, bosque y “bere”, suave, equivale a “el bosque tierno”), es igualmente el paso desde el interior a los prados costeros, donde probablemente convivían hierbas halófilas muy del gusto de los rebaños, con brezos y otros arbustos que también eran ramoneados por los rumiantes y equinos.

