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Personajes en la Toponimia: El Alguacil.

Aparte del rey y la reina que aparecen con profusión, hay otros profesionales y cataduras  como los alguaciles (81), sargentos (69), alféreces (32), capitanes (225), comandantes (20), maragatos (49), ganaderos (15), labradores (78), pastores (más de 700), peones (92), ladrones (más de 400), jueces (20), cautivos (19), criminal (2), verdugo (60), espía (6), jinete (43), bandido (5), cura (1300), obispo (335), arzobispo (55), cardenal (44), herrero (677), herrera (498), médico (145), cobardes (2), valiente (94), desterrado (3), traidor (5), corredor (96).

Una treintena de personajes que están pidiendo un análisis de algunos que llaman mucho la atención y había pensado empezar por alguacil, término con el que al menos hay dos poblaciones, Benaguasil y Genaguacil que los cronistas se empeñan en traducir como derivadas de “visir” (“al wizir”), corregidor, que los mozárabes pronunciaban “al güizir” y finalmente quedaba como “al guasil”. Imagen de portada, “El alguacil de Goya”.

No se puede negar que algún visir haya dejado su impronta donde hubiera vivido, actuado o erigido una alquería, pero la mayor parte de los nombres del ciento largo que tienen semejanzas notables con “alguacil”, son elementos remotos: Arroyos, barrancos, cerros, cordeles, collados, hoyas, lomas o morros y veredas, lugares poco adecuados para la presencia de un cargo cuya actividad se desarrollaría sobre todo en entornos urbanos, en mercados y ferias.

Entre los parecidos, hay una pedanía en Valladolid llamada Aguasal, un lugar en Mena, Cueva de Aguasal y otro en Chella, El Aguasal. Cerca de Jaca, la Riega de Aguasel en Picos de Europa, El Guasillo; Laguna de Aguasal, cerca de Medina del Campo; Los Aguasoles en La Moraña y Los Aiguassals en El Priorato.

Varios de los lugares, aún después de infinitas “normalizaciones” a que se ha sometido la toponimia en los últimos dos siglos, carecen de la “i”, que ahora es casi general, como Aguaciles en los roquedos inaccesibles de las Hoces del Cabriel, Benaguacil y Benaguaciles en el Turia Medio y Valle de Almanzora (Almería) o la Hoya Menguacil en la Sierra de Alcaraz

Haciendo un paréntesis para la parte inicial de Benaguasil, desde hace cuatro siglos se discute si el “ben” con que se inician numerosos pueblos y términos en Valencia, significa simplemente “edificio” o “hijos, descendientes” de alguien. Covarrubias se decanta por el origen hebreo, aunque la erudición actual lo hace como árabe y con el significado rotundo de “hijos, descendientes”, decisión que un análisis amplio desbarata al plantear otras posibilidades más lógicas.

Pero no es solamente “ben”, sino el fonema completado por las vocales “a, e, i, u”, que ofrece lugares con nombres interesantes con todas ellas; por ejemplo, lugares que se inician con “Bena…” los hay (unos 200) desde Galicia a Cataluña, pasando por Navarra, Castilla, Aragon y Andalucía: Benacazón, Benamaría, Benavente, Benavides, Benabrines, Benafarces, Benahadux, Benajarafe, Benalmádena, Benalúa, Benasque, Benavent…

“Bena, bna”, tanto en bereber como en árabe equivale a construir, por eso se llevan siglos los eruditos tratando de relacionarlos con asentamientos agrarios. El modelo consiste en que de entrada se asume que “bena” es un rancho y a continuación se busca referencias históricas de algún destacado árabe o bereber y sin más discurso, se plantea que aquel guerrero construyó allí una granja que se quedó con su nombre; por ejemplo, para Benacancil, lo más apropiado que han encontrado es una familia de Xátiva, los Banu Gatil; los colegas de Málaga, no le hacen ascos al método y para Benadalid, deciden que fue otra familia poderosa de recién llegados, la tribu de Banu al Jalid.

Topónimos que comienzan por “bena” los hay en toda España, especialmente en Andalucía,  así que a continuación se da un repaso a algunos de ellos.

Para Benafigos no han encontrado tribu adecuada y lo han enmendado proponiendo que tanto puede ser una Peña de Higos, como una Peña de Frontera (“fictus”). El importante Benagéber se queda igual de dubitativo, porque dan “Bina” como casas y la cola anda a la búsqueda de un tal Yabir.

Benaguasil, ya se ha dicho; “los hijos del visir”. A ver quien lo desmiente; como Benahadux, del clan yemení de los Abdus y Benahavís del notable árabe cordobés Havis.

El límite de lo absurdo se da en Benajarafe, que los ortodoxos explican como “Hijo de las alturas”. Benalauría desata una disputa entre distintos aprendices de sabio, que quieren llevar su significado desde “hijos de Lauri” a “hijos de la Guerra” o incluso “Tierra de lobos”; así anda la erudición.

Benalmádena se debate entre Hijos de la Mina o construcciones de la mina, pero los disparates siguen con otros lugares como la granadina Benalúa que quieren que sea (esta, sí), “Tierra de lobos” a partir de “Ibn al lupa”, parecido a lo que plantean para Benalup.

Al Benaocaz de Cádiz le cuelgan la supuesta familia árabe “Ocaz”, pero su aspecto (foto siguiente), susurra que “ok atz” es la referencia a la gran masa pétrea “atz” y su aparente estado sólido “ok”, fija, hincada, con lo que el “Bena” inicial, pudo ser la repetición (pena) de la peña.

Para el recoleto Benaoján de Málaga, se ofrece desde “hijos de Oján”, supuesta tribu bereber, hasta “Casa del Panadero”, de “bayt algebesi”.

Benasal en Castellón, les plantea profundas dudas sobre si será “La casa del Mielero” ó “Hijo de Alano”. mientras para Benasau no tienen opciones y para los Benavent y Benavente, se despachan con “buen viento”.

Siendo menos los topónimos que comienzan con “Bene…”, también su representación territorial es amplia: Beneiro, Benedika, Benegiles, hasta llegar a Beneixama, Benejúzar y Benetúser.

La “i”, con “Beni…” es más abundante, con representación en Canarias, Madrid y Asturias y la gran masa en Valencia: Benijos, Benia, Benialí, Beniardá, Beniarrés, Benicolet, Benicull, Benidoleig, Benidorm, Beniel, Benifairó, Benifallim, Benigembla, Benijófar, Benilloba, Benillup, Benimantell, Benicarló, Benicasím, Benissa…

Abundante, sí, pero si se revisa masivamente la configuración de los lugares que comenzando por “Beni…” se comprueba que no son ciudades, poblaciones, ni siquiera alquerías, sino simples predios: Beniasner, Beniatia, Beniatlá, Beniau, Benibas (este en Pontevedra), Benibraím, Benicalaf, Beniarrac, Benicató, Benichola, Benicoraix, Benicozac, Benienzo, Benifarraig, Benifumet, Benigno y Benigüelas (en Ciudad Real), Benigüengo, Benijo (en Tenerife), Benille, un monte en Lugo, Benimadrachs, Benimaquia y Benimina, sendos montes, Benimarco, Benimells, Benimira, Benimusa, una rambla, Beniplá, un barranco, Benipri, Beniquasi, Benisalim, unas peñas y Benisiqui, un peñón, Benissions, Benisit, Benita, una roca y Benitillo, un acantilado en Cuenca, dos Benito, uno, un otero en Cáceres y el otro, otro tal en Jaén, Benitxurri, un monte, Beniure, un morro en Lérida, Benivaire o Benizalte…

La “o” es inexistente y con “u”, apenas hay un lugar en León llamado Benuza.

Siguiendo con el estudio de hoy, Benaguasil viene doblemente a cuento, un término ribereño del Turia, con un esbelto cerro y cuya trama urbana atribuyen los historiadores a la convivencia hispano -musulmana, por lo que concluyen inmediatamente que el nombre actual deriva de “Bani al Wazir” más o menos, “los hijos del visir”.  Covarrubias ya daba voz a su amigo y asesor Diego de Urrea, quien explicaba que en arábigo se llama “vasil”, pero los moriscos de España decían “guazil” al justicia o merino; así, sin saber si hubo o no tal visir, si tuvo o no hijos, se asume colegiadamente que el topónimo significa “los hijos del visir” y todo el mundo contento.

El primer contratiempo es que hay otro pueblo en Málaga, llamado Genaguacil  (casi la misma fonología) y que los sabios traducen como “Genna Alwacir”; más o menos, “Los jardines del visir”.

Tampoco aquí nadie ha indagado sobre el supuesto visir jardinero o sobre el pico Genales o el collado Jenales por si pudiera haber parentescos…

También hay un lugar poco productivo llamado Benaguacil en el Parque Natural del Turia y aquí no ha habido visires ni hijos que exploten una alquería… y otro Benaguaciles al límite oriental de la Sierra de Filabres en Almería.

Los Collados de los Alguaciles en la Sierra de los Golondrinos, Badajoz, son uno de los ejemplos más claros en los que se designa “alguacil” a la cresta de la sierra, pero la gente acaba llamando así solos a los mogotes que sobresalen en esa línea de cabecera.

El Collado, Cerro y Cuerda del Alguacil en Sierra Nevada, suponen más de seis kilómetros de un cordal (en realidad una Cañada Real) a más de 2.000 metros de cota, que hacia el Sur abre -al menos- una docena da gargantas que bajan al río Maitena, un entorno apto solo para el pastoreo de temporada y un camino estrecho con grandes cuencas visuales. Imagen siguiente.

El Aguacil en Ayora, es una meseta entre dos barrancos cuajada de caminos.

El Aguacil en la Sierra de Aracena es un terreno mamelonado con innumerables lomas pequeñas cuyas cimas recorren caminos ahora ampliados como corredores forestales.

En un lugar remoto de Las Villuercas está la Mesa del Alguacil; una meseta, en la zona de Xátiva, el Pla del Alguacil y en La Moraña, el Prado del Alguacil.

En lo más remoto de Sierra Cabrera, Murcia, el Puerto del Alguacil.

En el interior de Castellón, Sierra de La Espina, hay un cerro que llaman Los Aguachiles, lo cual indica que la ortografía es una variable por estudiar con agudeza de la misma manera que cerca de Villacarnero hay un lugar y arroyo llamado Aguagil y en La Gomera un Barranco de Aguajilva.

Una de las acepciones de “ago, ahu” en euskera, es la de portillo o paso entre montes; además, “kil, gil” es un adjetivo que se asigna a elementos estrechos y alargados y no sería extraño que la expresión “ahu a gil” para llamar a los cordeles o corredores de cimas angostos, se hubiera asimilado al nombre de los corregidores, quedando como alguaciles en la cartografía y en la memoria de los vecinos.

Como conclusión, pocos alguaciles en las zonas con densa población y ninguna garantía de que Benaguasil y Genaguacil signifiquen la alquería ni el jardín del visir. La semana que viene nos metemos con los sargentos y similares.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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