Aunque la forma bizkaína general de llamar a la roca, es y ha sido “atx”, el hecho de que en otros euskalkis se le diga “aitz” ó “aits” y de que nuestra irreflexiva academia haya tomado por buena, genuina y representativa la forma más frecuente “aitz” y la haya aspirado a “haitz”, está colaborando –como en tantas ocasiones- a que la forma arcaica y única válida para la investigación y para el avance del propio Euskera y de otras lenguas cercanas, se vaya olvidando ante la persistencia de lo oficial en la enseñanza y en los medios. En la imagen de portada, peña e isla “Akatxe” (“aka atx e”, peña de la cabra”) en Bermeo.
En este ensayo se va a dar un repaso a ciertos ámbitos en los que aún es posible encontrar indicios que revalorizan la forma arcaica, mostrando lo inútil y pernicioso de las modas, especialmente cuando el mundo “oficial” opta por un seguidismo facilón en lugar de corregir tendencias que, no por ser más habituales y extendidas, son certeras, ni convenientes; no son un avance, sino lo contrario.
El primer paso del estudioso suelen ser los diccionarios referentes y así entre los clásicos, tanto el de Azkue, como el de López Mendizábal reflejan solo las formas no bizkaínas (ni que decir tiene, que todos los diccionarios de la época postfranquista muestran el mismo resabio) y solo el de Mújika recoge y valora la otra forma. Eso quiere decir que si tal estudioso no conociera el Euskera desde la cuna o la calle y careciera de esta última información, su investigación nacería tarada.
En este trabajo -con una metodología propia y orientativa- no se van a proponer corolarios, tan solo se exhibirán fuentes, datos y cifras, de manera que el lector obtenga sus propias conclusiones.
Las raíces y lexemas cortos son difíciles de justificar y están sometidos –como las estalactitas- a una propensión marcadísima a crecer. No solo el pueblo que habla, sino las instituciones y los profesionales de la lengua están imbuidos de una convicción asentada de que lo largo es más certero, más propio y alargan más que acortan esos elementos como lo hacen en general con las palabras enteras.
Esta convicción es consecuencia de una ignorancia profunda y vocacional sobre el verdadero “inicio” de las lenguas y el peso real de la etimología crítica y diagenética, no de lo que se llama etimología en los ambientes cultos y que consiste en buscar referencias en Latín y Griego o bien recurrir a ese invento que se llama IE, PIE y que carece de valor científico, dándolas por buenas como si procedieran del árbol de la ciencia.
El elemento “atx”, equivalente al “ach”, que usaremos con preferencia en este trabajo, está intuitivamente relacionado con el “hacha” del Castellano ( y con el “axt” alemán, el “hache” francés, el “ax” georgiano, inglés e irlandés, el “axe” islandés, incluso el “ascia” italiano, el “oks” noruego o el “yxa” sueco, distintas formas de llamar al hacha), que, sin embargo no se repite en varios de los romances (Catalán, Portugués, Gallego, Corso, Rumano ni siquiera en el Latín, donde se ha forzado la búsqueda con un diminutivo para que las teorías encajen) ni en varias de las lenguas germánicas ni en ninguna de las eslavas, bálticas, urálicas, celtas, etc.
La forma general de llamar al hacha en Bizkaia, “azkora”, se antoja estar formada por una de las dos opciones siguientes; bien “atx kor a”, donde “kor” es la raíz adjetival de la dureza, por tanto la palabra significaría “la peña dura”, descriptor muy adecuado al uso de tal herramienta como elemento manual cortante, o bien “atx korá”, donde “korá” es una forma compacta de referirse al amarre, correspondiente a la herramienta percutora, con lo que el significado sería “la peña atada”, descripción igualmente válida para esa funcionalidad “con mango” que creemos ya tenían las hachas en la antigüedad, aunque la arqueología ortodoxa no ha encontrado señales del amarre, pero en Internet se venden supuestas “cabezas” de hacha auténticas con ranuras de amarre. Ver figura.

Estas explicaciones valdrían igualmente para la forma oficial “haitzkora”, sin más variante que la cabeza.
Un repaso a los diccionarios vascos no resuelve gran cosa, porque los derivados de ambas formas principales, “atx” y “aitz” se simultanean, dando a entender que la diferenciación es antigua.
Un recurso inevitable es el de acudir a la toponimia, a la onomástica y a la tecnología del entorno cercano, para buscar indicios que puedan ayudar en algún sentido:
- Toponimia
La disponibilidad de una tabla con más de un millón de topónimos españoles dotados de sus coordenadas geográficas obliga a que esta fuente sea consultada desde cuantos puntos de vista como al investigador se le pueda ocurrir. Como ejemplo se van a realizar varias consultas en las que tratando de mantener la sonoridad del elemento consultado (“ach”, “aich”), se van a usar diferentes grafías y localizaciones de tal morfema.
Así, se sondeará el número de topónimos que contengan ese morfema en una u otra parte del mismo: Al comienzo, al final o en medio y se valorará la zona geográfica en que se hallen para poder tener material para hipótesis. Antes de continuar, es oportuno decir que, para el autor, la inmensa mayoría de esos topónimos son prehistóricos y muchos de los que pudieran parecer asignables a los romances (por ejemplo, La Reina, Oreja, Cantarrana, Caravaca…), no lo son, sino que significan otras cosas.
En una primera búsqueda se plantean las formas “ach” y “atx” como inicio, final y como parte intermedia de los distintos nombres. La constancia de que la influencia academicista del Catalán ha forzado al cambio de numerosos topónimos terminados en “ach” a la forma corregida “ac”, ha invitado también a una búsqueda con esta forma adicional.
Luego se ha ensayado con las formas “aich”, “aitz”.
Nombres de lugar que comienzan con “Ach…”, se han encontrado 32, siendo de destacar que con un número tan modesto, haya representación en todos los husos horarios que integran España; es decir, los hay en Galicia, en la amplia zona central y en Cataluña y Baleares. Ejemplos de cada uno de esos husos, son: Achán, Achacuervos y Achón.
Entre los 57 que terminan en “ach”, destacan con igual distribución: Os Batanes y Pontiach, Pico Escuach y Surrach.
La búsqueda con contenido “ach”, pero no al principio ni al final, da una cosecha mucho mayor (5906) que llevará mucho tiempo para su análisis y que tiene amplia, aunque irregular representación en todo el territorio; ejemplos pueden ser: A Penachá, Alparrache y Barranco Bachés.
La irregularidad consiste en que apartando 173 nombres canarios (husos 27 y 28), el huso 29 que abarca Galicia con una pequeña franja de Asturias, Castilla y León, Extremadura y Andalucía, contabiliza 1586, el huso 30, que es el grueso central de la península, 4114 y el 31, que se refiere a Cataluña, Baleares y una estrecha franja de Aragón y Valencia, solo aporta 122 casos, cuando una distribución normal haría esperar casi un millar.
Este tipo de irregularidades suelen ser sistemáticas y es fácil ponderarlas cuando hay alguna sospecha como es el caso de la retirada normativa de la “h” para “catalanizar” la voz. El problema detectado no es la “catalanización epigráfica”, sino que, en este caso, la retirada de la “h” final conlleva el cambio consonántico de una africada sorda a una oclusiva y a la pérdida total del significado del topónimo si este fuera prerromano.
La persecución de ese proceso mediante la recopilación de nombres terminados en “ac”, da una cantidad respetable de 458 casos, de los cuales, no hay ninguno en el huso occidental; 34 están en el huso central, (9/10 partes de ellos muy cerca del 31) y el resto, 393 en el levantino. Esta es una prueba irrefutable de manipulación reciente de las grafías por motivos ideológicos, que dificulta los análisis independientes y que consciente o inconscientemente, trata de satisfacer a una clientela.
Más adelante se verá que esta intervención no es solo catalana, sino que Euskadi y Navarra también cambian las grafías (aunque afortunadamente no suele cambiar el sonido) sin tener ni idea del alcance que eso tiene en la investigación si el investigador lo desconoce.
Si se continúa la búsqueda con “atx”, surgen otras informaciones interesantes; la primera es que lugares que comienzan con “Atx…”, aparecen 175, todos ellos en el huso 30 y en territorio vasco o navarro.
Los que terminan en “…atx”, resultan 72, ninguno en el huso occidental, una cuarta parte en el central, básicamente en Euskadi y las tres cuartas partes en el oriental.
La búsqueda de “…atx…” centrado, da una cifra alta, de 804, de los cuales sigue sin haber ninguno en el huso 29 y disminuyen a unas decenas los del 31, estando la práctica totalidad de aquéllos en el huso central y en Euskadi y Navarra.
Siguiendo la búsqueda, parece oportuno hacerlo con “aitz”, “aich”, la sonorización oficial de “peña” en Euskera.
Así, se obtiene un reparto bastante regular de los topónimos que comienzan, terminan o contienen “aitz”, con 111, 114 y 393 respectivamente.
De los primeros, una décima parte en Navarra y el resto en Euskadi. Nada en el resto de España.
De los segundos, lo mismo, una docena en Navarra y el resto en Euskadi.
Con los terceros, se repite la limitación y proporción, una cincuentena en Navarra y el resto en Euskadi.
Finalmente, se ensaya con “…aich…”, bien sea al principio, final o intermedio y el resultado es cero, cero en todos los territorios españoles.
¿Algún indicio con la toponimia?
Estimo que claro y contundente. La toponimia es un registro “nada sospechoso” en cuanto a los sonidos, aunque es general la utilización de grafías que han ido cambiando con el tiempo, las normas fonéticas y las modas. También hay cierta abundancia de “adaptaciones” aplicadas por los nativos o los académicos cuando hay nombres (un ejemplo puede ser “Orexa” transformado en “Oreja”) que con un leve toque pueden transmitir algo conocido, aunque el significado sea absurdo.
“Nada sospechoso” quiere decir que las posibles evoluciones sucedidas hasta que a finales del XVIII se registraron oficialmente los nombres de pueblos, lugares y comarcas, fueron consecuencia de procesos lentos en las lenguas, que aparte de numerosos topónimos que fueron transformados en hagiónimos por presiones de la Iglesia (cientos de Sandamarías, Samigueles o Samartines, entre otros), son irrelevantes los cambios habidos, lo cual se percibe tan pronto como se hace un análisis masivo interregional.
Esa tendencia “inocente” que ha sido secular, se altera durante el final del siglo XX, cuando entes politizados y sus academias (netamente acientíficas) inician procesos arbitrarios de alteraciones de los Nomenclátores, Cartografías y Atlas.
Aunque en este caso en que tratamos de peñas y roquedos, es necesario más estudio (revisión de cada uno de los topónimos para comprobar la fisiografía local y la posible coherencia de su nombre), ya de lo dicho se puede concluir que de la forma con “i” intercalada “aich”, no hay un solo elemento entre el millón largo de nombres manejados, cuestión que sugiere que esa modalidad de sonido no era habitual en la España prerromana.
El hecho de que figuren unos cientos con la forma “aitz” en el ámbito vasco, solo indica una de estas dos cosas, o ambas: Bien que desde que se estableció el sedentarismo, un territorio mudó de “atx” a “aitz” o que en las recientes décadas se han “oficializado” nombres que antes no contenían la vocal intermedia.
Conclusión provisional, la forma arcaica es “Atx”.
- Onomástica
El repertorio de apellidos es también inmenso, pero como los que aquí interesan, son casi todos derivados de topónimos, el análisis será de menor volumen y entidad, limitándose a los apellidos comentados por K. Michelena en su obra temática “Apellidos Vascos”, donde se han seleccionado alrededor de 250, de los aproximadamente 4300 que cita el autor.
La gramática de los apellidos manejados es anterior a la democracia, por lo que las grafías son las típicas de hace sesenta años; no obstante, igualmente válidas para el análisis, ya que aunque no aparecen las formas “Atx, aitz, aits…”, se han buscado las equivalentes:
“Ach, as, az, cha, ech, ez, hach…” para la forma “Atx”.
“Aitz, aiz, aj, ayz, haitz, haitç…” para “Aitz, aits”
Las cantidades han resultado:
16 para Ach, 40 para As, 46 para Az, 14 para Cha, 77 para Ech, 16 para Ez y 1 para Hach, totalizando 210 en el modelo “sin i”.
1 para Aitz, 23 para Aiz, 2 para Aj, 4 para Ayz, 1 para Haitz y 1 para Haitç; en total, 32 para el modelo con “i”.
La abundancia relativa, otorga una ventaja de 7 a 1 a la forma bizkaína, por lo que la conclusión provisional sigue siendo que la forma arcaica es “Ach”, “Atx”.
- Tecnología
Bajo este título se buscan herramientas con nombres que sugirieran familiaridad con “atx” ó “aitz” y la prueba se realiza solamente sobre Catalán y Castellano, sin otro ánimo que el de comparar cómo han podido evolucionar separadamente, lenguas hermanas:
| Castellano | Catalán | Euskera |
| Azada | Aixada | Atxur, aitxur |
| Azadilla | Aixadell | Jorrai |
| Azadón | Aixadó | Basatxur, basaitxur |
| Azuela (1) | Aixa | Opatxur |
| Azuela (2) | Aixol | Zeio |
| Cuña | Tascó | Takel, ziri |
| Guadaña | Dalla | Sega |
| Hacha | Destral | Azkora, haizkora |
| Hoz | Falç | Igitai |
| Machete | Matxet | Aihotz |
| Pala | Pala | Pala |
| Tajamata | Aihotzmando |
Se han sombreado las celdas que sugieren parentesco.
Aun siendo una tabla muy corta y referida solo a herramientas de huerta y monte, se percibe claramente que el Castellano tiende a evitar el diptongo al recurrir a “Az”, “Ach” y en cambio el Catalán prefiere la forma “Aix”, en tanto que en Euskera se perciben ambas formas (ciñéndose a ciertos territorios).
Cuestión a destacar es que en Catalán, la palabra que cualquiera concibe como original (hacha), toma una forma muy diferente a la de los supuestos derivados, que conservan la esencia de Euskera y Castellano.
No hay potencia estadística para establecer tendencias, pero la idea del autor es la expresada al principio, es decir, que las voces son tanto menos complejas cuanto más primitivas o menos evolucionadas; según eso, el Castellano mostraría su tendencia arcaizante, en tanto que el Catalán preferiría la evolutiva.
El Euskera se debate entre una y otra; la zona bizkaína tiende a ser conservadora y la oriental a modificar las voces.
¿Conclusiones a falta de contrastar?
Lo sugerido, que la forma nativa es “Atx”, “Az”.
Si análisis más profundos confirmaran lo que sugieren las tres posibilidades analizadas aquí, en los diccionarios debería figurar en primer lugar la opción “sin i”.
