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Personajes en la Toponimia: Ladrón.

El origen “oficial” de esta palabra no está claro porque la fuente principal para los investigadores “documentalistas”, está en el latín y en esa lengua la apelación para el amigo de lo ajeno es contundente: “für füris”, que -como mucho- puede relacionarse con los forajidos del oeste, así que referentes del siglo XIX, como Felipe Monlau, empeñados en tirar del latín, planteaban que “latro latronis” se originaba en “latus lateris” (lado) porque así se llamaba a los mercenarios que estaban “al lado” de las mercancías para cuidarlas… Imagen de portada: Forajidos.

Si las propuestas de Felipe nos hacen sonreír a los excépticos, las de este siglo no son menos disparatadas; así para Julius Pokorny no viene del latín, sino del griego “latron” que equivale a contratar… (¿Qué tendrá que ver el contrato con el robo…?

Apenas portugués, gallego, italiano y corso comparten con el castellano un sonido parecido a ladrón, porque todas las demás lenguas europeas, andan demasiado lejos como para sugerir parentescos, así que cualquier opción que se pretenda posible, ha de ir más allá de las búsquedas documentales sobadas desde hace siglos.

Un registro apropiado puede ser la Toponimia.

Los que hurgamos en la Toponimia en busca de piezas auténticas, como quien busca recambios  de los setenta en una chatarrería, no podemos por menos que sorprendernos ante la abundancia de ladrones, ladronas, ladroneras, lladres, lladrones, baladrones, ladronares y compuestos graciosos que se distribuyen por todo el país sumando muchos cientos, casi un millar de lugares que parecen relacionarse con estos malhechores y -de los cuales- solo unos pocos parecen tener alguna lógica, como La Cueva de los Ladrones o La Cova del Lladre.

En el mapa siguiente, Cerro Ladrones en Guadalajara en una zona de ricos pastos junto a la Cañada Real Soriana.

Tras la sorpresa se impone la abstracción y la inmersión en el mundo del pasado, donde es seguro que también existían los actos de latrocinio, pero lo que no es probable, es que los ladrones se valieran del incógnito como hoy en día, cuando pueden desvalijarte una cuenta bancaria desde Singapur, sin que te des cuenta ni sospeches nada, ni que los latrocinios derivaran en una vida futura opulenta de los ladrones, sino de que sus actos solo fueran la expresión de una injusticia momentánea: Quitarte el panal de miel que acababas de alcanzar…, la pepita de oro que sacabas con tesón del arroyo o el gorro de piel que estrenabas ese día…

Esto tiene que ver con que, en euskera, “larde” es un concepto relacionado con el mandonismo y el despotismo, con el autoritarismo absoluto y “larde oi” es quien está habituado a practicar ese desprecio a los más débiles.

Sabido es que, en esta lengua, las terminaciones en “oi”, suelen mudar a “on”[1] y así se conservan en multitud de voces castellanas, por eso, de “lardoi” (abusador) pasó a “lardón” y -por comodidad- a “ladrón”, quedando fijada esta forma para la eternidad, sin que fuera fácil buscarle un origen.

Algo parecido pasa en la Toponimia, donde cientos de lugares que ahora figuran en los mapas como Ladrón, Ladrona, La Ladrona y una docena de variantes que están en lugares sin ninguna relación posible con ladrones ni con sus acciones, sean ligeras alteraciones de nombres como Lardero, Lardeira, Lardeiros, El Lardero, La Llardenosa… originalmente relacionados con “lar”, pastizal, con desinencias como “ero”, abundante, “osa”, completamente, etc. y que metastizaron a “ladre…, lladre…” por facilidad de prosodia, cuando se olvidaron sus significados.

Esta posibilidad no quita valor a la eventualidad de que voces comunes como “laderón laderona”, en referencia a unas laderas excepcionales, hayan bautizado algunos lugares, como “Los Ladrones” cerca de Alcañiz, donde una barrancada notable se llame así, no porque en ella acampen los ladrones, sino por ser una destacada y abrupta pendiente. Imagen siguiente.

Aún hay otro entorno que plantea dudas y consiste nada menos que en varias islas e islotes rocosos que se llaman respectivamente Isla Ladrona, en Piedras Blancas, Islote Ladrón e Islote Ladrona, en Barru todos ellos en la costa asturiana; a continuación, mapas y vista de la Isla Ladrona, con sus apenas cien metros, pero con una cubierta herbácea que quizás ha podido ser el carácter distintivo que ha facilitado que se conserve el nombre irónico “lar (d) on”, buen pastizal.

[1] “Botoi”, botón; “arratoi”, ratón; “abioi”, avión; “bastoi”, bastón; gidoi”, guión…

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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