Este cetáceo de gran tamaño, con potente (y bien dotada de dientes) mandíbula inferior, es conocido en varias lenguas germánicas y en algunas latinas como “ballena de esperma” y “cabeza de aceite” por el líquido viscoso que conserva en su cráneo y en algunas lenguas semitas, como “ballena del ámbar”, por los paquetes de esta sustancia gris que suele excretar o que se encuentra en su estómago cuando vara y muere.

La mayor parte de las lenguas latinas, le llaman “catxalot”, “cachalot”, “cachalote”, “casalot”, dominando la explicación etimológica, de que procede del portugués “cachola”, cabezón; palabra derivada del latín vulgar “*capitiola” que nadie ha encontrado jamás.
Es cierto que en portugués se usa “cachola” además de “cabeça” para llamar a esta parte del cuerpo, pero esa forma parece derivar del euskera “kax”, recipiente y “ola” circular, redondo.
La propensión de los etimologistas a dar por buena cualquier explicación que parezca ceñirse al latín es un vicio que se instala fácilmente cuando se renuncia a la ciencia, al sentido común y al reconocimiento de que las generaciones antiguas, eran muy precisas al denominar a los elementos y fenómenos y no era habitual caer en explicaciones basadas en las primeras sensaciones, sino que solían buscar aspectos distinguidos o únicos de los seres, objetos o procesos a nombrar…
Pero en el mar (también en tierra) hay algunas especies de catáceos como el calderón común o el pulpo, que también tienen una gran cabeza redonda y ninguno de ellos ha recibido la denominación de esa condición, por lo que puede ser interesante buscar otros orígenes para el cachalote.

Calderón

Pulpo.
En Bermeo, pueblo pescador y ballenero hasta época reciente, tanto los pescadores como en el euskera de la calle, la forma más habitual es “zeloi, zeroi”; también “kazoleta” y “tronpa”, nombres, todos ellos, que merecen un análisis, comenzando por la evidencia histórica de que los pescadores vascos fueron los primeros en cazar ballenas y en observar la forma en que cazaban u operaban todos los cetáceos.
Así, era conocido que los delfines comunes y los mulares, los toninos y las marsopas, cazan preferentemente en grupo, rodeando a los bancos de sardinas y otros engraúlidos, jureles y caballas, con unas evoluciones vigorosas y -en cambio-, los cachalotes se mostraban pacíficos, tranquilos, hasta que desaparecían de la escena y emergían minutos después con un calamar gigante apresado en su boca…

Delfín en el momento final de ataque a un banco de sardinas.
El conocimiento de esa práctica era compartido por muchos otros pescadores, antes ya de la Edad Media, pero no fue hasta comienzos del siglo XX, cuando las enciclopedias comenzaron a explicar científicamente el complejo proceso y a elaborar dibujos como el siguiente. Imagen de portada.
Ya en las últimas décadas se pudieron filmar algunas fases de esta forma de caza que consistía en una descompresión rápida que no afecta al cazador, pero que anula la capacidad de respuesta del calamar. Así, era relativamente frecuente que los pescadores vieran aparecer cazador y presa, súbitamente en la superficie. Imagen real de un cachalote a punto de emerger.

La pequeña dimensión de los ojos de este cetáceo, unido a que se sabía que cazaba en la oscuridad de fondos muy profundos y a la estancia apacible en la superficie, muy diferente de sus primos que lo hacen en la superficie, pudo ser lo que originó un nombre tal que “kask alote”, donde el primer término, “kask”, cabeza, cráneo en vasco, hace referencia al tamaño enorme de la misma, pero añadiendo otra aparente peculiaridad de su forma de actuar, la aparente indecisión sobre cuando iniciar el buceo; es decir, la ausencia de indicios que marcaran el momento de dejar el descanso y sumergirse durante largos minutos.
“Alote” equivale a duda, vacilación, indecisión… Según esto, su nombre vendría a decir “Cabeza indecisa”.
Pero esta misma riqueza de términos del euskera, lleva a otra posible explicación que se basaría en lo reducido de sus ojos y la aparente indiferencia por lo que sucedía en la superficie del mar; “kats” equivale a miope. Según esta posibilidad, sería “kats alote”, el miope indeciso.
Antiguamente no se sabía de la existencia del sentido de orientación en la oscuridad mediante ultrasonidos que pueden superar la frecuencia de 100 kilohercios, pero si sospechaban que su sentido de la vista no era el que los guiaba en varias fases de su actividad.
En cuanto a la denominación “zeloi”, bien provenga de “sel oi”, significando generalmente inquieto, de “zel oi”, habitualmente “al acecho” o incluso “trunpa”, que equivale a protuberancia (en referencia a su cabeza), no contradicen la forma que mejor describe al cachalote.
De cualquier manera, no se debe subestimar la labor combinada de la observación atenta de nuestros antepasados sobre los elementos y procesos naturales, su análisis racional impecable de la abundante información que disponían y la apelación acertada de materiales, seres y fenómenos de la naturaleza, que desde la época -mal llamada- Renacimiento, ha tratado de simplificar un mundo variado, atractivo y sensato, queriendo buscar explicaciones en la llamada civilización clásica, un entorno infinitamente menos interesante que las primeras civilizaciones.
La marginación del euskera desde entonces ha sido promovida por las academias principales, pero secundada por la vasca.
